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Con bombo y platillo

Por Marco Iván Vargas Cuéllar

Agosto 18, 2022 03:00 a.m.

A

¿Cómo se aprende a gobernar bien?. Esta pregunta constituye uno de los fundamentos del objeto de estudio y de la disciplina de las ciencias de la administración pública. Sí, la administración pública como una disciplina diferenciada de otras ciencias sociales y administrativas que tiene como propósito fundamental entender lo que es y lo que hace un gobierno a través de la acción administrativa del estado.

En las escuelas de la ciencia política y la administración pública suele enseñarse la diferencia que existe entre gobierno, política, administración pública y políticas públicas. La comprensión de estos fundamentos permite a personas estudiosas y practicantes -sobre todo a estas últimas- tener una perspectiva inicial clara sobre la estructura, funcionamiento y desarrollo del sector público. 

Desde el lado de la ciudadanía, prevalece una concepción del sector público poco diferenciada. Este fenómeno no constituye por sí mismo un problema porque en realidad no debería de ser necesario tener un conocimiento amplio sobre el sector público para poder ejercer derechos políticos como participar o votar, por ejemplo. Pero sí me llama la atención que en el discurso político se construya una imagen tergiversada y sobresimplificada que confunde a las personas y deteriora la calidad de la comprensión pública sobre lo que es y lo que hace un gobierno.

De esta manera se construyen campañas proselitistas -en tiempo electoral- o campañas de propaganda gubernamental que parecen reflejar un sistema de prioridades en el sector público donde se privilegia la proclamación de los fines por encima de la claridad de los medios. Permítame desarrollar esta idea con mayor detenimiento. En el ámbito del discurso político y la propaganda siempre resulta más atractivo hablar de los fines nobles y de las deudas históricas el estado tiene para con su población: salud, vivienda, educación, empleo, justicia, seguridad. Realmente es difícil encontrar a una persona que no esté de acuerdo sobre la pertinencia o la necesidad de desarrollar y políticas que atiendan a estos temas. 

Sin embargo, un buen gobierno no depende o se define por sus estrategias de comunicación, sino por las acciones sustantivas a partir de los cuales convierte los medios institucionales en fines públicos. Un buen gobierno se define por su capacidad de construir valor público frente la ciudadanía. No es lo que dicen los gobernantes, sino lo que hacen y lo que tienen la capacidad de demostrar de manera sustantiva con los recursos que le son encomendados. 

Caminar es una cosa, llegar es otra. El esfuerzo es importante, pero el logro lo es más. Sobre estas diferencias radica la comprensión de la noción de la eficacia; de lo que se desprende -y sigo hablando sobre la noción de un buen gobierno desde la disciplina de la administración y las políticas públicas- que quienes participamos en el sector público debemos favorecer un giro argumentativo que permita que la ciudadanía comprenda de mejor manera qué es lo que hacen y que deberían lograr las instituciones que le representan y que trabajan en su beneficio.

La calidad de la comprensión pública del desempeño gubernamental es un asunto importante,  porque de ello depende la valoración que el electorado tiene sobre el desempeño de las personas a las que les ha otorgado el voto y sobre las expectativas que se tiene sobre una eventual nueva oferta política que buscará su apoyo en las urnas. 

Hay que saludar el esfuerzo de algunas instituciones y organizaciones que tratan de colocar a la exigencia como un valor fundamental de la ciudadanía. Esa que conecta a la transparencia y a la rendición de cuentas con las expectativas del electorado. Aunque resulte incómodo o aunque moleste a las personas servidoras públicas; aunque demande otra calidad de mensajes que supera al discurso controlado de la propaganda gubernamental. Estoy convencido que como sociedad podemos dejar atrás la estridencia del bombo y el platillo para favorecer una mejor comprensión pública del desempeño gubernamental. La calidad de nuestra democracia también depende de ello.

Twitter. @marcoivanvargas