Consejos electorales
Ahora que han iniciado las campañas electorales para la renovación de los Poderes ejecutivo y legislativo federales y un buen número de cargos en las entidades federativas vale la pena tener presente los consejos que en una carta que ha pasado a la posteridad bajo el título de “Breviario de campaña electoral” (según la traducción de Alejandra Riquer en la edición de Acantilado), escrita por Quinto Tulio Cicerón, hermano de Marco Tulio, el famoso y reconocido político y filósofo.
Quinto envía a su hermano una serie de consejos que considera deben ser tomados en cuenta para ganar la elección al consulado, la magistratura más importante en la república romana.
No se trata de una obra idealista y abstracta, sino que es en realidad un compendio de consejos prácticos muy claros y directos. A continuación retomamos algunos de ellos.
Dice Quinto a su hermano: “Por mucha fuerza que tengan por sí mismas las cualidades naturales del hombre, creo que, en un asunto de tan pocos meses, las apariencias pueden superar incluso esas cualidades. […] Después, haz ostentación tanto de la gran cantidad de amigos que tienes como de la alta condición social de los mismos, porque ¿cuentas con lo mismo con lo que han contado otros candidatos?:todos los publicanos, casi la totalidad del orden ecuestre, muchos municipios que te son incondicionales, muchos ciudadanos de cualquier estamento social a los que has defendido, algunos colegas, por no hablar de un buen número de jovencitos unidos a ti en el estudio de la elocuencia, y el apoyo diario y constante de tus numerosos amigos.”
Los publicanos eran recaudadores en favor del Estado, como son hoy en día los concesionarios y contratistas gubernamentales; el orden ecuestre estaba integrado por militares.
El consejo pareciera ser seguido hoy en día de la mejor manera por los candidatos. Los vemos en actos públicos y privados que se “filtran” a la prensa en compañía siempre de personas que les son afines, demostrando una aparente popularidad y afecto de sus semejantes, quienes disputan ser reconocidos como los más cercanos, de mayor proximidad y, por supuesto, los de mayor confianza.
Para lograr la cohesión en torno a su candidatura, sugiere Quinto Cicerón: “Procura conservar todo esto a base de advertencias, de ruegos y de toda clase de medios, para que aquellos que te deben algo y aquellos que desean debértelo se den cuenta de que no van a tener más oportunidad que ésta, los unos, de demostrarte su agradecimiento y, los otros, de convertirse en deudores tuyos.”
Y así transita la política en nuestro país: favores de ida y vuelta que se cobran y pagan en el ejercicio del cargo. Nada nuevo bajo el sol.
Pero ¿y los electores? “Éste desea (el pueblo) que el candidato lo halague, mantenga un trato asiduo con él, sea generoso, suscite la opinión popular y ofrezca una buena imagen de su actividad pública. / Para empezar, haz que salten a la vista tus esfuerzos por conocer a los ciudadanos y exagéralos a fin de mejorar día a día estas relaciones no hay nada que haga a un candidato tan popular y tan grato. Después, convéncete de que es necesario simular aquellas cualidades que no posees por naturaleza de tal manera que parezca que actúas con toda espontaneidad.
En esta misma línea de sugerir la lisonja, el elogio y la simulación con los votantes, Quinto Cicerón dice: “…lo que tengas que hacer, muéstrate dispuesto a hacerlo con interés y de buen grado…aquello que no seas capaz, niégate a hacerlo amablemente o no te niegues; lo primero es propio de un hombre bueno, pero lo segundo de un buen candidato.”
Los candidatos se convierten en amigos de todos, a quienes prometen en todo y complacen en la medida de su mayor posibilidad…mientras son aspirantes.
“Las promesas quedan en el aire, no tienen un plazo determinado de tiempo y afectan a un número limitado de gente; …las negativas te granjean, indudable e inmediatamente, muchas enemistades.”
Y así estos nuestros días, vistos desde Roma.
@jchessal



