Construir futuro
Aquí hemos comentado que la Cuarta Transformación no es una simple denominación para distinguir un proyecto de cambio político, como pretenden los adversarios del gobierno encabezado por el presidente AMLO. Transformar instituciones es mucho más que eso y conlleva, además de cambiar viejas y nocivas prácticas en el ejercicio del poder público, orientar acciones a la configuración de una relación diferente entre el Estado y la sociedad de nuestro país. Una relación distinta de mediación que no se agota en la mera administración de la cosa pública con fines perversos, clientelares, asistenciales o electoreros, sino de construir opciones de superación de condiciones adversas en sectores particularmente vulnerables, garantizando que sean opciones duraderas y, sobre todo, dignas. En aras de tal propósito, el gobierno mexicano ha llegado al punto de lograr que en nuestra Constitución Federal queden plasmados programas sociales de indudable impacto positivo y, así, evitar que sean flor de un sexenio como antes era común observar.
Pero allí tienen que (haciendo un paréntesis respecto del punto que interesa destacar) los representantes de los partidos políticos de oposición, alineados en la coalición “Va x México” (se entiende que la x es por Claudio X. González), han resuelto aplicar “una moratoria constitucional”, pretendiendo que se entienda por ese galimatías una suerte de parálisis legislativa para impedir cualquier adición, modificación o reforma a nuestra Carta Magna, sobre todo si proviene del poder ejecutivo federal. Ahora sí que se trata de un “soberano despropósito”, toda vez que, abdicando de su responsabilidad, los legisladores de esos partidos suponen que no hay nada más que revisar a una Constitución que, antes, cuando estaban en el poder, y siguiendo una de las máximas de Gonzalo N. Santos, le dieron exacerbado “tormento” para adecuarla a los intereses privatizadores de personeros del modelo económico neoliberal de fuera y dentro del país. El desplante de esos legisladores, asumiendo que, en ese ámbito, “nomás sus chicharrones truenan”, implica un desafío que, en el fondo, va en contra del pueblo mexicano.
Pero volvamos al punto que interesa destacar: el extraordinario esfuerzo que ha realizado el actual gobierno mexicano para implementar programas sociales que representan una alternativa viable a sectores sociales que, precisamente, fueron los damnificados de la política neoliberal aplicada por gobiernos anteriores. Entre esos programas está el denominado “Jóvenes Construyendo el Futuro”, orientado a lograr la incorporación productiva de jóvenes de entre 18 y 29 años de edad, sin oportunidades de estudio ni de trabajo y que, por eso mismo, pueden verse orillados a emplearse de manera informal e insegura en ambientes que pueden terminar erosionando su dignidad. Hay que recordar, como plantea el maestro Enrique Dussel, que el trabajo no tiene “valor”, sino que tiene “dignidad”, toda vez que lo que se “valoriza” es el poder del capital a través de un proceso en el que confluyen de manera no equilibrada, peo aparentemente igualitaria, el posesor de su fuerza de trabajo y el posesor del poder dinerario, para poner en marcha sucesivas fases en las que la reproducción del poder económico va por encima de la reproducción de la vida y, por tanto, se requiere la mano de la política representada por el Estado y no la “invisible” del mercado, para volver a equilibrar las cosas.
Por tanto, un programa social como el señalado, ofrece esa posibilidad de que muchos jóvenes, a lo largo y ancho de nuestro país, no vean frustradas sus aspiraciones de alcanzar un futuro de vida digno, toda vez que son apoyados por el gobierno mexicano con una beca decorosa que les permite capacitarse para un empleo formal y, así, ampliar su horizonte de vida desde el presente. Sin duda, una política de Estado encomiable que, a pesar de los agoreros del desastre que no faltan, está dando resultados.
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