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Cuando perder el empleo también significa perder identidad

Por Luis Manuel Gil Ojeda

Enero 24, 2026 03:00 a.m.

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Hablar de desempleo suele concentrarse en datos: tasas, porcentajes, comparativos. Pero detrás de cada número hay una historia mucho más compleja. Perder el trabajo no solo implica dejar de recibir un ingreso; para muchas personas significa perder una parte esencial de su vida.

Hay diversos estudios que de prestigiadas instituciones internacionales que coinciden en que alrededor de siete de cada diez personas consideran que su empleo es parte central de su identidad.

Los primeros meses sin empleo suelen estar marcados por una mezcla contradictoria de miedo y esperanza. La incertidumbre financiera convive con la expectativa de que "algo saldrá pronto". Sin embargo, conforme pasa el tiempo, esa esperanza se desgasta. Entre el tercer y sexto mes comienzan a aparecer emociones más duras: frustración, invisibilidad profesional y una sensación creciente de no pertenecer a ningún lugar.

Después de medio año, el desempleo deja de ser una etapa transitoria para convertirse en una carga emocional profunda. El aislamiento se hace frecuente y muchos evitan hablar del tema, no por falta de capacidad, sino por vergüenza lo que provoca la auto desvalorización.

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Este fenómeno tiene implicaciones que van más allá del individuo. La experiencia no desaparece cuando alguien deja una empresa; sigue ahí, esperando una oportunidad para volver a aportar valor. Por eso, hoy más que nunca, el liderazgo ligado al capitalismo consciente requiere una mirada más humana: reconocer que el talento no se mide solo por la posición actual, sino por la trayectoria, la resiliencia y la capacidad de adaptación.

Desde una perspectiva de marketing y del capital humano, esto abre una reflexión importante. Las marcas empleadoras no se construyen únicamente con buenos salarios o prestaciones atractivas, sino con una cultura que entiende a las personas más allá de su rol inmediato. Una compañía (sin importar su tamaño) que acompaña, conecta y abre puertas incluso en momentos difíciles, construye reputación, credibilidad y lealtad a largo plazo.

También hay un mensaje poderoso para quienes atraviesan por una etapa de desempleo. Recuperar el sentido de propósito es clave: involucrarse en mentorías, proyectos temporales, voluntariados o procesos de actualización profesional no solo mantiene viva la empleabilidad, también ayuda a reconstruir la identidad que parece haberse perdido.

El desempleo no debería ser visto como una mancha en el currículum, sino como una etapa —difícil, sí—, pero también formativa. Detrás de cada persona en búsqueda no hay solo un perfil profesional: hay una historia, una vocación y una enorme reserva de talento que la sociedad y las organizaciones no pueden darse el lujo de ignorar.

Porque al final, perder un empleo puede ser un golpe duro. Pero perder la confianza en uno mismo... ese sí es el verdadero riesgo que debemos evitar.

¿Qué tiene que ver todo esto con el marketing?

Este tema del desempleo y la pérdida de identidad no es ajeno al marketing; al contrario, lo relaciona directamente. Durante años hemos hablado de marcas centradas en el cliente, pero hoy el verdadero reto es construir marcas centradas en las personas, incluso cuando esas personas ya no están dentro de la organización.

El marketing no solo comunica productos: comunica valores, posturas y humanidad. Cada vez que una empresa acompaña a sus colaboradores en procesos difíciles —como una desvinculación, una transición laboral o una pausa profesional— está enviando un mensaje poderoso al mercado: aquí las personas no son desechables, son parte de una historia compartida.

En un entorno donde el talento observa, compara y decide con quién quiere trabajar, el trato que una organización da a quienes están en transición se convierte en una forma silenciosa de marketing reputacional. La empatía también construye marca. La coherencia también posiciona. Y la dignidad con la que se gestionan los momentos difíciles también genera preferencia.

Hoy más que nunca, el marketing tiene una responsabilidad que va más allá de vender: HUMANIZAR LA RELACIÓN ENTRE EMPRESAS Y PERSONAS. Porque al final, las marcas que perduran no son las que prometen más, sino las que acompañan mejor —incluso cuando el contrato laboral ya terminó.

Mail: l.gil@demcomkt.com 

Twitter: @LuisGilOjeda