De alcantarillas y destapacaños
Increíble resulta el cómo la tragedia se utiliza, por un lado, como instrumento político y, por el otro, como atenuante del mal desempeño del encargo público. No es nada nuevo pero resulta curioso que quienes lo hacen son quienes aseguraron que eran diferentes.
El triste, y condenable, fallecimiento de una criatura a principios de semana ha tenido más repercusión, no por el hecho, sino por lo que ocasionó el terrible desenlace: una tapa de alcantarilla que no estaba donde debía estar.
Al día siguiente el primero en salir a escena fue el gobernador, para hacer lo que mejor le sale, decir barbaridades y arremeter contra alguien; en este caso fue Interapas, organismo al que acusó de insensible e inhumano, cosa que dista mucho de ser cierto y con que los etiquetara como flojos y buenos para nada bastaba. Después, porque había que proseguir con el golpeteo aunque de una forma matizada y hasta encomiable, dijo que en situaciones como ésta lo conducente es acudir al alcalde quien “…es un poquito más humano…”
No hay mucho qué decir ni qué explicar, porque de acuerdo al orden lógico de las cosas, el parámetro de la poquita humanidad del alcalde es la inhumanidad del organismo, así que de cualquier forma hay que preocuparse. Pero quien de plano sí debería acogerse a aquello de “no me ayude, compadre”, es el maestro Galindo, quien prefirió guardar silencio y apenas salir a hacer comentarios sobre ese asunto hasta el día de ayer.
Mientras, otro que también salió a hacer lo que se le da con una naturalidad sorprendente, después de hacerse guaje (todavía no me atrevo a escribir adjetivos ofensivos aunque sean ciertos) y que es gimotear, fue el director de Interapas, quien culpó de lo ocurrido (y ganas no le faltaban de aprovecharlo para lo que está por ocurrir) a la administración anterior, la de Xavier Nava, por supuesto, a quien –falto de imaginación al fin y corista del gallardismo– acusó de haber dejado una “herencia maldita”, razón por la cual el organismo que dirige no funciona como debiera.
Culpar a Xavier Nava es ya el más común de los lugares, han transcurrido los meses y no se pueden seguir excusando en las burradas cometidas por éste, más cuando (ahí sí al igual que él) no han logrado que se finquen responsabilidades sobre los funcionarios de la administración xavierista. Aunque tampoco se puede pedir inteligencia y eficiencia a quien no se le conoce por otra cosa más que aparecer en sus redes sociales, un día sí y al otro también, anunciando una nueva falla de la red hidráulica del Realito.
No es que le tenga mala voluntad pero de verdad es bruto, eso de decir que el consumo de agua que se hace en la zona industrial, para nada afecta a la que se consume en la ciudad, es de verdad de dar risa. Seguro es de los que piensan que si el dólar sube sólo afecta a los que viven en Estados Unidos o a quienes compran fayuca en Laredo.
Pero, la cereza del pastel en este aparador de repostería la aportan los dichos del fiscal del estado, José Luis Ruiz Contreras, quien culpa directamente a Interapas, del lamentable suceso. Si tiene seguridad y pruebas, que actúe, si no, es cómplice. Así de sencillo.
La responsabilidad del suceso es compartida, no es responsabilidad exclusiva del Interapas, pero es evidente y no se necesitan más pruebas, que por alguna circunstancia que todavía no se logra descifrar, Ricardo Gallardo detesta al sistema de agua potable, casi desde el inicio de su administración el golpeteo originado desde palacio ha estado presente; otro de sus arietes más persistentes ha sido doña Leonor Noyola, alcaldesa de Soledad, quien cada que se siente incómoda o abochornada, arremete contra el organismo.
En estos ataques de dichos, poco o nada ayudan los de Enrique Galindo, quien apenas ayer se apareció para decir que “es desesperante que tapamos tres alcantarillas metálicas y se roban tres”, como si con eso se pudiera amortizar la responsabilidad social, cara a la ciudad y sus habitantes y las responsabilidades moral y económica, cara a la familia de la víctima. No se darán cuenta que más desesperante resulta a la ciudadanía escuchar este tipo de respuestas y tener este tipo de autoridades.
Aunque, hay que reconocer que en el ámbito municipal no todo es malo (al menos en esta semana), y es motivo de aplauso –esperando que en realidad sea cierto– el cierre de un conocido antro en el que continuamente se suscitan hechos delictivos y violentos. Ojalá, iniciando con éste siguieran con algunos otros: tres o cuatro de Himalaya y uno en el cruce de Pedro Moreno y Fausto Nieto.
Acá no pasa nada, todo se percibe normal, la ciudadanía exagera, mientras que sigan develando letritas en la SÍudad.



