De hacendarios y otros
Estos años el desempeño económico del país no ha sido nada bueno, en parte porque las principales estrategias y decisiones han estado básicamente a cargo de un líder populista que desconoce el tema e incluso siempre lo ha menospreciado. Nunca se ha entendido con los técnicos o especialistas en la materia, si bien a veces se han soportado por conveniencia mutua.
En su sexenio, el importante cargo de secretario de Hacienda recayó al principio en Carlos Urzúa, un economista serio y capaz, pero sólo 8 meses se vio obligado a renunciar porque el presidente no le hacía caso en temas esenciales como el control presupuestal, el Plan Nacional de Desarrollo o la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de México. Recordemos lo que precisó entonces: “Se han tomado decisiones de política pública sin el suficiente sustento. Estoy convencido de que toda política económica debe realizarse con base en evidencia, cuidando los diversos efectos que ésta pueda tener y libre de todo extremismo, sea de derecha o izquierda. Sin embargo, durante mi gestión las convicciones anteriores no encontraron eco. Aunado a ello, me resultó inaceptable la imposición de funcionarios que no tienen conocimiento de la Hacienda Pública”.
Lo sustituyó un subsecretario de menor nivel e indudable sumisión, Arturo Herrera, con lo que la conducción económica quedó bajo control del presidente por dos años, hasta cerca de la mitad del sexenio. Esto trajo el inicio de tendencias muy desfavorables en el déficit fiscal, la deuda pública, la inversión bruta fija, el crecimiento productivo, la tasa inflacionaria y el equilibrio económico.
En agosto de 2021 llegó al relevo Rogelio Ramírez de la O, un prestigiado doctor en Economía de la Universidad de Cambridge, que a lo largo de la segunda mitad del sexenio no tuvo el apoyo necesario para detener esas tendencias y acaso logró aplazar riesgos catastróficos que se hacían evidentes.
Bueno, como ve esto el periodista Raymundo Riva Palacio (‘El secretario sacrificado’, Eje Central, diciembre 2, 2024), ante los requerimientos de AMLO en el último año “tuvo que abrir la llave presupuestal, romper el equilibrio macroeconómico y darle dinero para comprar votos y ganar la elección presidencial, dejando la economía detenida con saliva”. López Obrador no parecía entender que dejaba una enorme bomba a su sucesora, agrega, pero presionó para que el secretario continuara por un período transexenal.
Y afirma que no le han cumplido las condiciones que planteó para atenuar el desastre que viene. A todo le dijeron que sí, aunque nada ha sido tal como lo requería: ni siquiera una reducción del déficit presupuestal hasta 3% (la meta es 3.9%) o un control efectivo de Pemex para rescatarlo y modernizarlo. Supuestamente CSP no lo entiende ni lo valora, tampoco le tendría confianza… y su salida no augura nada bueno.
Resulta espantosa la comparación de los sexenios de Peña y López en 5 datos cruciales (PIB anual, cae de 1.9 a 8%; PIB Per cápita, de 1.2 a -0.4%; Inflación acumulada, se dispara de 27 a 33%; Deuda, de 10.6 a 16.7 billones; Costo de la deuda, de 2.5 a 3.8% del PIB). ¡Y esa debacle continúa hoy!
* HAN LLAMADO LA ATENCIÓN ciertas expresiones de la presidenta de la República y algunos de sus compañeros de viaje. No sólo generan burlas, sino también inquietudes al considerarse muy desafortunadas y hasta peligrosas.
Tales son los casos de que, si no se puede evitar una invasión de Estados Unidos, “tenemos nuestro Himno Nacional”, o que la colapsada salud ya no es una mercancía o un privilegio, sino algo como un derecho honesto y honrado. Es similar lo que dice para la deplorable educación pública, en la que el señor de los libros de texto asegura que “el pobre es bueno y el rico es malo”, o que “¡algún día caerán todxs los caciques del mundo!”. ¿Incluiría a López Obrador y su delegada en el poder?
Un sucio senador, a su vez, muestra candor al decir que “si la oposición regresa al poder nos haría pedazos, mínimo meten a la cárcel a AMLO y Sheinbaum”. Es así que buscan mantenerse por cualquier vía para garantizar su impunidad y, aunque tarden en irse, los mexicanos tenemos que aprovechar las instancias de la comunidad internacional (incluido Estados Unidos) para que esos criminales reciban su merecido más pronto que tarde.
Al parecer, oigan, no tienen remedio. Ya son tantos y tan graves sus deslices, fiascos y engaños que el pronóstico horroriza a cualquiera.
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