De podas y jodas

Fue don Francisco de Mora y Luna, conde de Santa María de Guadalupe del Peñasco, quien escandalizado por la licenciosidad con que se vivía por el mujerío mundano en San Luis Potosí y en toda su provincia (rescata Montejano, y abunda), decidió establecer un recogimiento para las señoras de conducta dudosa y de otras que ni duda cabe como los que ya había en otras ciudades de la Nueva España. Luego de las gestiones vinieron las licencias de la corte virreinal y de la diócesis Vallisoletana, de la que dependía San Luis en lo eclesiástico, y ésta solicitó y expuso al Ilustre Cabildo de esta ciudad la importancia y necesidad de la fundación.
El Cabildo autorizó la construcción y en noviembre de 1774 designó a Felipe Cleere y Nieva como director de la obra; es conveniente señalar que este personaje había diseñado la fisonomía de la Real Caja –casi como la conocemos en la actualidad– y en ese momento dirigía la construcción del santuario de Guadalupe.
Pocos años después dirigiría la construcción de la Alhóndiga potosina.
La finalidad práctica de ésta casa, llamada de recogimiento, era precisamente ésa, retirar a las mujeres de la actividad escandalosa que pudiera perturbar la tranquilidad y las buenas costumbres de la ciudad. Allí, en prisión sancionadora y regenerativa, se les obligaba a realizar trabajos físicos como desgrane y molienda de maíz, además de asistir a misa que oficiaba en la capilla del recogimiento, un capellán asignado. Al parecer no llegó a albergar a más de 25 o 30 presas.
La capilla de una sola nave paralela a la calle que llevaba al barrio de San Miguelito, se encontraba remetida, sobre una plazoleta ubicada entre las plazas del conjunto franciscano y la de San Miguelito. La fachada, sobre el costado de la nave, miraba a la plazoleta.
Durante el siglo XIX el inmueble, al margen de su vocación establecida, tuvo diversos usos, entre los que sobresalen fábrica de tabaco, cárcel –en toda la extensión del concepto– de mujeres, conocida como La Martinica, quizá derivado de que este uso lo impusieron los franceses; sede de la Junta lancasteriana de Educación, y escuela elemental.
En algunos momentos la manutención del inmueble y las mujeres, corría a cargo de la sucesión del fundador, en tanto que en otras era subsanada por el Ayuntamiento; finalmente en 1912 los herederos de Mora y Luna –los Espinosa y Cuevas– decidieron poner fin a su uso inicial. A petición de algunos vecinos, la capilla siguió destinada al culto público, pero a mediados de 1913 el gobierno revolucionario la clausuró y confiscó.
A decir de don José Francisco Pedraza, en la década del 1920, fueron establecidas allí, en fincas contiguas al cascarón de la capilla, unas escuelas de instrucción primaria: la Benito Juárez, ubicada al norte y destinada para niños, y la Filomeno Mata, en el lado opuesto, ocupada por niñas. A fines de esa década, el gobierno del Estado, de extracción cedillista, destinó el inmueble para Junta Central de Caminos, y convirtió sus seculares patios en depósito de material y patios de maniobras de maquinaria.
Luego de la caída de Cedillo, el inmueble acabó en el abandono, ninguna administración estatal se hizo cargo de él; la íntima plazoleta e pueblo le llamaba –como desde antaño– de las Arrecogidas.
En 1971 el gobernador Antonio Rocha encomendó a los arquitectos Algara y Cossío, el rescate y remodelación del inmueble que sería destinado para sede del Poder Judicial del Estado, el cual fue inaugurado con el nombre de Palacio de Justicia Presidente Juárez, el 9 de junio de 1972. Luego, en 2006, el edificio fue destinado a sede alterna y oficinas del Congreso del Estado.

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Son la ignorancia y la apatía, la dupla que ha permitido que pocas veces se de atención y mantenimiento a esta plazoleta; la mayoría de los diputados y funcionarios del Congreso que por ese espacio han transitado, se hallan más engolosinados en cocinar negocios a la sombra del encargo, o a protagonizar indecorosos sainetes, que en atender un espacio que otorga dignidad al acceso de sus oficinas. Es mucho pedir, si no les importa la ciudadanía, menos una plazoleta.
Todo esto viene a resultas del infame trato que le fue propinado hace unos días a la plazoleta y a los árboles y arbustos en ella ubicados. Ignoro si fue por disposición de su Oficialía Mayor o de algún empleado económico, pero hicieron un aserradero del sitio. Más aún, y como si el espacio no hubiera sido ya profanado y falseado lo suficiente se colocó sobre las jardineras, una insultante alfombra verde, a manera de césped. Ya no pueden ni con esa responsabilidad.
Lo uno es reflejo de lo otro, y todo viene a resumen de la imbecilidad excelsa de los legisladores; acaso al que mayor interés y conocimiento pudiera tener, por haberse perpetuado como fósil, sólo le importan su negocios personales; la otra, se encuentra más preocupada en desayunos de socialité que bien aprendió como legisladora federal; otra, que hace no mucho fuera flamante oficial mayor, se encuentra como ausente; el resto inexpertos y limitaditos, apenas conjugan tres verbos en presente simple.
Así como ordenan podar árboles, deberían cortar sus prebendas y jugosas dietas; la alfombra confirma la falsedad de sus intenciones de volver la dignidad a la institución.

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Quién queda cada día como esos árboles, sin sombra alguna, es el alcalde Xavier Nava, hoy resulta que su suplente en la diputación federal participó en una reyerta pandilleril que dejó como resultado tres muertos y cinco heridos. No queda duda que nada tuvo que ver en la asignación de su suplente, pero conviene que recuerde con quiénes cultivó trato para alcanzar la curul. Ojalá le sirva la experiencia, y también cuide más a sus actuales colaboradores; no olvidemos que hace unos días, alguien buscó manchar la reputación de su secretario particular.
Hay desde luego aspectos positivos, como la campaña de bacheo, y atención a problemas materiales de la ciudad; sin embargo, la batalla contra el ambulantaje, a pesar que es muy pronto para señalar, hasta el momento la lleva perdida. El centro histórico sigue en la anarquía, como con Gallardo. Si no, conviene que dé una vuelta por el rumbo del mercado Moctezuma, mejor conocido como los huaracheros; cualquier zona de barracas tailandesas le queda corta.
Debería abundar en más temas, como el alza a los camiones en medio de los problemas que ha generado a sus usuarios la guerra de tarjetas de prepago. No se ve justificada por ningún lado, y no se puede apelar a la ley, porque ésta no señala que el incremento sea inherente al año, sino más bien condiciona a los permisionarios; ¿a poco no conocen la Ley Estatal de Transporte?, revisen su artículo 94. Es casi fin de año, los dejo descansar.
Dicen los que saben, y los que no, repiten, que hoy es sábado social, disfrútenlo, pero no se excedan, ya el lunes es Noche Vieja. Hasta el 2019.