Dejarse ayudar

Con el inicio de año comienza el cuarto mes de gobierno de los 58 ayuntamientos que conforman el Estado de San Luis Potosí. Ya sea que la mayoría de los integrantes del ayuntamiento formen parte del mismo partido que gobernaba en la administración anterior, o bien que se haya presentado alternancia partidista, o sea el caso de Ciudad Valles en donde gobierna una planilla que proviene de una candidatura independiente, todos los ayuntamientos tienen el plazo fatal de este mes para elaborar, aprobar y publicar el Plan Municipal de Desarrollo, documento a través del cual los ayuntamientos planean sus actividades y cuya vigencia no debe exceder el periodo constitucional que les corresponde.
Hablando clarito. El Plan Municipal de Desarrollo debería ser el documento de gestión más importante para el gobierno municipal, ya que establece los diagnósticos, prioridades, estrategias y programas que están orientados a concretar todo aquello a lo que se comprometieron quienes gobiernan cuando eran candidatos(as), o bien, deberían reflejar la estrategia puntual que se irá a implementar para que (ahora sí) exista desarrollo integral para nuestros municipios (lo que sea que “desarrollo integral” signifique).
La importancia de este documento puede observarse desde distintos ángulos. Para algunos funcionarios públicos, éste documento representa una herramienta fundamental para justificar presupuestalmente las acciones a emprender. La lógica opera así: si una actividad (o programa, que no son lo mismo) está contemplada en el Plan, entonces se le puede asignar presupuesto. Lo contrario sería gastar en algo que no se tiene planeado. Desde luego esto es lo que se pretende evitar: la improvisación y el desvío de los (valiosos, escasos y cada vez más disputados) recursos públicos.
Para algunos científicos, expertos, ciudadanos y personas de buen corazón, un Plan bien hecho y correctamente ejecutado, representa la posibilidad de transformar la realidad de un municipio (respetuosa nota mental: el verbo “transformar” no es patrimonio exclusivo de nadie, por lo que pido no adscribir esta expresión a ningún gobierno, partido, corriente o grupo). Por lo anterior, resulta crucial la calidad de su elaboración así como el compromiso de su implementación.
¿Qué sería lo contrario? No soy mucho de futbol soccer pero se me ocurre la hipotética situación (nunca vista en México) de la contratación de un director técnico que lleva a cuestas las esperanzas e ilusiones de victoria. De nada sirve esa gran contratación si no tiene un plan de juego, o bien si ese plan es pobremente ejecutado por sus jugadores a nivel de cancha. A diferencia del fut en donde todavía se pueden ganar juegos con pinceladas de talento o con tres minutos de esfuerzo y riñones, la realidad social no se resuelve así de fácil. De ahí la importancia de que todos se tomen en serio este proceso.
Déjeme ser más claro en una insinuación. La formulación de un Plan de Desarrollo no es monopolio de tecnócratas o de sabios y profetas. Tampoco debería reducirse a la contratación de un despacho que cobra buen dinero por entregar un documento bonito (y que sin duda suena sofisticado) para cumplir con esta obligación normativa. Yo sinceramente espero que en la formulación de estos 58 Planes de Desarrollo estén presentes las visiones, voces y propuestas de la ciudadanía, expertos, personas de buen corazón, organizaciones de la sociedad civil, comunidades indígenas, urbanistas, academia, responsables de la implementación, grupos promotores de derechos humanos, colegios profesionales, ciudadanos no organizados y un largo largo etcétera. En una de esas, en un ejercicio de humildad nuestros responsables de planeación descubrirán que la población conoce bien sus problemas, necesidades y demandas, así como la mejor manera de atender esta realidad.
Gobernar a veces también es dejarse ayudar.