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Del caos a la fragilidad: Navegando en un nuevo mundo

Por María Fernanda Hernández López

Abril 27, 2025 03:00 a.m.

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En un mundo cada vez más dinámico, las organizaciones, líderes y tomadores de decisiones se enfrentan a entornos inciertos y complejos que desafían las herramientas tradicionales de análisis y planificación. Durante mucho tiempo, la metodología VUCA fue esencial para describir la naturaleza del entorno empresarial, social y político. Sin embargo, las dinámicas globales recientes han demostrado que VUCA ya no es suficiente para capturar y analizar la profundidad de los desafíos actuales, especialmente tras la pandemia del COVID-19.

En respuesta a estas nuevas necesidades, surge el modelo BANI, una nueva forma de interpretar la realidad y desarrollar estrategias más ajustadas a los tiempos que vivimos. Este artículo explora la transición de VUCA a BANI, destacando cómo las metodologías para comprender el entorno han evolucionado para adaptarse a un mundo más frágil y emocional.

El concepto de VUCA fue acuñado por el ejército de EE. UU. en los años noventa para describir un panorama global de rápidos cambios e imprevisibilidad tras el fin de la Guerra Fría. El modelo ganó popularidad en el ámbito empresarial por ofrecer un marco útil para interpretar el caos global. VUCA representa Volatilidad, Incertidumbre, Complejidad y Ambigüedad: cambios rápidos, imprevisibilidad, múltiples factores interconectados y falta de claridad, respectivamente.

Sin embargo, la realidad actual ha superado este enfoque. Las crisis recientes, como la pandemia, el cambio climático, la polarización social y las disrupciones tecnológicas, han creado un entorno más frágil, ansioso y caótico que el descrito por VUCA. Aquí es donde BANI entra en escena.

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Propuesto por Jamais Cascio, BANI ofrece un marco más adecuado para analizar la complejidad del mundo actual. Se basa en Fragilidad, Ansiedad, No linealidad e Incomprensibilidad. Estructuras que parecen estables colapsan fácilmente, generando inseguridad y estrés; pequeñas causas pueden tener efectos enormes; la sobrecarga de información dificulta la interpretación y predicción de eventos, intensificando la sensación de descontrol.

Este cambio de paradigma redefine no solo cómo analizamos el entorno, sino también cómo actuamos. Adaptarse a BANI implica adoptar enfoques ágiles, colaborativos y flexibles. En este contexto, resulta fundamental entender cómo interactúan los elementos de un sistema, anticipando efectos no lineales y evitando soluciones que solo aborden síntomas.

Diseñar escenarios futuros ayuda a prepararse para diversas posibilidades, reduciendo la ansiedad ante lo desconocido. Esto no implica predecir el futuro, sino explorar alternativas que permitan tomar decisiones más resilientes. La capacidad de adaptación rápida se vuelve esencial; para ello, las organizaciones deben contar con estructuras que permitan decisiones ágiles, basadas en datos actualizados y equipos multidisciplinarios capaces de responder ante nuevas necesidades.

Frente a la incomprensibilidad, es crucial contar con herramientas avanzadas de análisis de datos e inteligencia artificial, así como desarrollar la habilidad para discriminar entre la información útil y la irrelevante. Esto permite tomar decisiones más informadas y diseñar estrategias coherentes con el entorno.

La resiliencia se enfoca en recuperar estabilidad tras una crisis, pero en BANI también se valora la antifragilidad, es decir, la capacidad de fortalecerse y evolucionar ante la incertidumbre. Diseñar sistemas que no solo resistan el cambio, sino que se beneficien de él, es fundamental para sobrevivir y prosperar.

Adoptar esta metodología implica también un cambio cultural. Es necesario fomentar una mentalidad que valore la flexibilidad, colaboración, aprendizaje continuo e innovación. Los líderes deben reconocer la fragilidad de sus sistemas y trabajar con estrategias preventivas.

La transición de VUCA a BANI no solo representa un cambio en cómo entendemos el entorno, sino también en cómo lo enfrentamos. Aunque VUCA fue útil durante décadas, el presente exige una visión más profunda, capaz de abordar desafíos únicos. BANI no es solo una descripción de nuestra era: es un llamado a desarrollar habilidades que nos permitan navegar la fragilidad, ansiedad, no linealidad e incomprensibilidad. La clave no está en buscar certezas, sino en adaptarnos, aprender y prosperar en un mundo que nunca dejará de cambiar.

(María Fernanda Hernández López. Estudiante de 2do semestre de la Escuela de Negocios en el Tecnológico de Monterrey Campus San Luis Potosí)