Democracia pausada
El Instituto Nacional Electoral (INE) ha resuelto “poner en pausa” la definición del ejercicio de revocación de mandato, contemplado para el 10 abril de 2022, alegando que no hay dinero (que alcance) para realizarlo. Con apenas un voto de diferencia de entre sus miembros del consejo general, el organismo electoral manda un mensaje ominoso al pueblo mexicano: la democracia no puede ser el gobierno del pueblo, sino la pretensión obcecada de unos cuantos para que sea aceitada, con cuantiosos recursos económicos, una pesada maquinaria. Si bien es cierto que se requiere de una operatividad que garantice la más amplia participación ciudadana, parece desmesurado obstaculizar el ejercicio de un derecho asumiendo algo así como el dictum: “sin dinero no hay argumento que valga”. Es inevitable recordar, entonces, aquélla metáfora narrada por Zygmunt Bauman en una de sus obras, aludiendo a la búsqueda de la democracia como si se tratara de la que hace una persona ebria, que pretende encontrar la cartera perdida a la luz de un farol de la calle, no porque allí la haya extraviado, sino porque allí hay más iluminación que le alumbre.
En el caso de la postura fijada por el INE, es de resaltar que sigue siendo una institución reacia a contar con una austeridad republicana, incapaz de buscar otras alternativas para resolver el cumplimiento de sus funciones que no sea la de ponerse bajo la luz del mejor farol que le alumbre. En suma, si no hay luz no hay democracia posible. Pero no solo el organismo electoral se duele de no tener más luz que le alumbre, también en otras instituciones (partidistas) se aprovecha el viaje. Nomás como botón de muestra, está el caso del dirigente nacional priísta, Alejandro Moreno, que un día se destapa como “demócrata” que aspira (ventajosamente, entre sus correligionarios de partido, por el cargo que ostenta) a la Presidencia de México y, otro, reniega de un ejercicio como el de la revocación de mandato, objetando que pueda resultar útil, dizque porque no es una prioridad. Viejos polvos de aquéllos lodos, pues, cuando la democracia no era, en efecto, urgencia que atender. De otras organizaciones derechistas ya ni hablamos, reconocen que su desgaste mayor será en 2024, cuando pretendan capitalizar en las urnas la polarización que hoy alientan.
Pausar la democracia no es la mejor apuesta, sobre todo si se plantea como una medida de presión para obtener dinero (y mucho) adicional a lo ya presupuestado por la Cámara de Diputados federal, así como refutar lo ya resuelto por la Suprema Corte de Justicia de la Nación en el sentido de que se debe ajustar a ese presupuesto y porque aún no hay una afectación patrimonial concreta al organismo electoral; por lo demás, una mayoría de gobernadores comprometidos con la Cuarta Transformación también rechaza esa actuación del INE. La importancia de seguir adelante con el ejercicio de la consulta de revocación de mandato está en que, como lo ha planteado el presidente Obrador, se pueda sentar un precedente para que el pueblo mexicano ejerza su soberanía plena y efectivamente, “en todo tiempo”, quitando y poniendo a sus gobernantes de manera libre, en correspondencia con las expectativas generadas y, sobre todo, cumplimentadas. Pausar la democracia es tanto como pretender tener al pueblo como simple “potentia” y no como “potestas”, como depositario de una mera posibilidad de actuar y no como viabilidad efectiva de ejercitar sus derechos. También cabe recordar aquéllas escenas de la célebre película “Calzonzin Inspector”, donde la democracia estaba siempre en pausa en “San Garabato” y, solamente, cuando se advierte la llegada de un inspector del gobierno federal, las “fuerzas vivas” se activan para simular que hacen algo, lo que no obsta para que don Calzonzin advierta: “qué buena organización tienen, si siguen así… pronto van a retirar al pueblo a la vida privada”.



