Discurso militarizado

Esta semana el Presidente Trump anunció en pleno acto protocolario por la recepción a los Jefes de Estado de las repúblicas bálticas (Estonia, Lituania y Letonia), el envío de tropas militares a la frontera con nuestro país, hasta en tanto no esté construido un muro divisional, la noticia no sólo fue sorpresa en los dignatarios invitados, sino desde luego en México.
Para nadie es extraño las referencias del presidente estadunidense hacia nuestro clima de violencia, así como, de sus propuestas de solución (difundidas generalmente a través de su red social favorita “twitter”), nos ha hecho saber su opinión al respecto, comparando la situación por la que estamos pasando con la de Siria (país envuelto en guerra civil donde están participando muchas potencias), tal vez, hablando propiamente de los registros de vidas humanas perdidas, las cifras son muy similares, la verdad.
Aunque la medida sugerida por el mandatario vecino cayó como patada de mula, no es la primera vez que sucede, de hecho George Bush en 2006 y el propio Obama en 2010 ya habían sentado precedentes al enviar reservistas y a la guardia nacional, que tampoco es propiamente el ejército, pues debemos recordar que, la ley en EUA lo prohíbe, a diferencia de lo que sucede con nuestro país que si lo permite, cuando menos, desde que el Presidente Peña Nieto promulgó la Ley de Seguridad Interior (hoy en análisis en la Suprema Corte de Justicia de la Nación).
Ciertamente, movilizar tropas a la frontera de un país vecino es un acto de hostilidad para el Derecho Internacional, sin embargo, no es algo tan raro en Latinoamérica como se creyera estos escenarios, por ejemplo, el Brasil y la Guyana, este mismo año, han tomado similares medidas entre sus linderos con Venezuela, bajo el argumento de controlar el flujo inusitado de refugiados que solicitan asilo, también, lo ha hecho Bolivia frente a Chile por los diferendos limítrofes en 2017, o incluso, Ecuador con Colombia por las constantes incursiones de algunos miembros reticentes de las FARC a su territorio, los cuales esta misma semana secuestraron a un grupo de periodistas ecuatorianos.
El día de ayer, nuestro Presidente Enrique Peña Nieto lanzó un mensaje a la nación condenando cualquier tipo de actitud amenazante, lo hizo un día después de que el Senado hubiera hecho una condena previa, y también posterior al pronunciamiento de los cuatro candidatos /a presidenciales, a los que incluso reconoce y parafrasea.
Además, le aclara a su similar norteamericano la histórica sociedad que se posee, no sólo en el combate al crimen trasnacional, sino, también en el TLCAN, es decir, aprovecha la ocasión para hablar no sólo de los muros de concreto, también, de los muros arancelarios que son vitales para un país con enorme dependencia a la economía estadunidense, si, esto es o no resultado del descuido a la industria nacional, eso no se discute ahora, por lo pronto.
Sin embargo, de todo este clima de militarización externa e interna, hay algo que me resulta de mucha preocupación, amiga lectora amigo lector, y son las víctimas inocentes del conflicto. Hace diez años, con pésimo tino, se inició una política criminal mal llamada “guerra contra el narcotráfico”, la cual arrojó más de 300 mil personas asesinadas, bañó a México de sangre, es decir, realmente se trató de una guerra interna pero sin la protección de un derecho internacional humanitario en tiempos de beligerancia.
Las mexicanas y los mexicanos durante 10 años vivimos lo peor de un clima de violencia generalizada sin tener las mínimas protecciones del derecho internacional humanitario, verdaderos crímenes de lesa humanidad se cometieron en nuestro país.
La militarización como respuesta al narcotráfico nunca será la solución ni afuera ni adentro, hace falta en este momento no caer en un nacionalismo irreflexivo y carente de autocrítica, pues a final de cuentas ambos gobiernos brindan una propuesta similar, los estadunidenses militarizando la frontera, y el gobierno mexicano militarizando el interior del país.
Como dijo nuestro Presidente, si es una cuestión de política interna que nuestro país vecino haga lo conducente dentro de sus canales institucionales, pero, también nuestro gobierno, que le gusta militarizar pero no que lo militaricen, debe canalizar sus “propias frustraciones” de una realidad bañada con la sangre de mexicanas y mexicanos, ante los propios canales legales. Seré enfático, hoy la última respuesta a la militarización la tiene la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
Hace más de 2 mil años existía una república en Roma, cuando se empezaban a acuñar los cimientos de la ciudadanía y sus derechos, había una ley suprema para garantizar la libertad de los ciudadanos de ese Estado, y era, la total prohibición a que los ejércitos o legiones armadas pisarán su ciudad, quien rompió esa máxima fue el cónsul Julio Cesar, al ungirse como primer emperador divino terminó para siempre con la república, pronunciando una frase histórica “Alea jacta est”.
En verdad, Suprema Corte de Justicia de la Nación ¿la suerte de los mexicanos/as está echada? …Las y los espero con el gusto de siempre el próximo viernes.
carloshernandezyabogados@hotmail.com