Don Pablo
Don Pablo González Casanova cumplió 100 años de vida la semana pasada de este 2022. Sociólogo extraordinario, ha marcado numerosas generaciones interesadas en el análisis crítico sobre la sociedad, la política, la economía y la cultura mexicanas. Ha sido Rector de la UNAM y promotor de los estudios interdisciplinarios. Dentro de su muy amplia producción bibliográfica destaca, de manera emblemática, “La Democracia en México”, un texto que, en 1965, inauguró el abordaje sistemático de temas sociales desde el acopio de datos duros como experienciales y que, hasta ese momento, realizaban más los intelectuales extranjeros; en el caso de la obra señalada, se trataba del análisis de la democracia mexicana no sólo como un fenómeno político y de élites, sino como un tema relacionado con el acceso a la tierra, el pan y demás satisfactores para la mayoría de la población, sobre todo explotada y oprimida. Una suerte de orientación preferencial por los pobres y excluidos lo ha llevado a ser constantemente solidario con distintas expresiones de legitima inconformidad social, como en el caso del movimiento del EZLN, desde que surgió en enero de 1994, siempre apostando a la no violencia, a la cultura de un desarrollo con paz y prosperidad para los más.
En otro texto, titulado “La nueva metafísica y el socialismo” (Ed. Siglo XXI, México, 1982), don Pablo se dolía del simplismo con el que, no pocas veces, fue acometida la lucha ideológica, sobre todo por opciones presuntamente portadoras de un ideal de cambio social y democrático, pero que, en realidad, han servido a los designios de la derecha conservadora. En la región latinoamericana, parte de estos procesos forman parte de lo que don Pablo caracterizó como “colonialismo interno”. Pero el cuestionamiento a una metafísica que desdeñaba la relación esencial del capitalismo dominante, en términos de la explotación del trabajo por el capital, exigía la necesaria emergencia de una “nueva dialéctica” que, si bien no descansaría exclusivamente en esa relación esencial, tampoco la perdería de vista en el conjunto de otras relaciones sociales, e incluso políticas, para entender las circunstancias específicas de la lucha concreta por la liberación de los pueblos en distintas partes del mundo. De alguna manera, advertía el riesgo de colapso del “socialismo real”, precisamente por ignorar otro tipo de relaciones sociales que se fueron imponiendo a la lógica del economicismo y el burocratismo asfixiantes. Economía y política son mutuamente determinadas, no sólo base y superestructura de viejos manuales.
En suma, bajo una peculiar “dialéctica del triunfo” (capitalista), don Pablo ha insistido, en la teoría y la práctica, en la necesidad de postular una “dialéctica de la imaginación” para confrontar esa tendencia del imperialismo dominante por tener como “anómalo” y peligroso cualquier advenimiento de un régimen distinto a las necesidades del sistema de acumulación imperante, identificado al punto de un lugar que se volvió común… como neoliberalismo “triunfante”. Pero esa nueva dialéctica enseña que no se puede sostener siempre un modelo que hace abstracción de la realidad concreta de una mayoría, por añadidura, víctima de la opresión de pocos (no siempre por poco tiempo) y que, junto con la explotación agudiza la crisis de exclusión productiva de amplias capas de la población, pretendiendo descansar, en primera instancia, la dominación política en mera represión. Frente a eso: imaginar siempre que hay salida posible. Larga vida, pues, al gran pensador crítico don Pablo.




