El centro necesario
Hemos sido testigos los habitantes de este continente, que, en la última década han llegado a la titularidad de los poderes ejecutivos de distintas naciones americanas, personalidades controversiales -por decir lo menos-, que guardan entre sí similitudes dignas de ser comentadas, pero sobre todo que invitan a plantear una profunda reflexión acerca de lo que acontece en los pueblos electores, pues todos emergieron a partir de procesos democráticos.
Pero ¿que rasgos de coincidencia pudieran tener: Donald Trump, Jair Bolsonaro, Andrés Manuel, Nayib Bukele, Pedro Castillo, Evo Morales y ahora el electo Javier Milei.? Me parece que una primer patrón de cierta semejanza es que todos sin excepción, provienen de procesos electorales altamente polarizados, donde jugaron dos posturas antagónicas, más allá del discurso ideológico, un planteamiento efectivo, de dividir al votante entre cambio y continuismo, el viejo esquema de los buenos contra los malos.
Esa estrategia en política funciona, cuando un pueblo esta enojado por resentir crisis económicas, de seguridad o de evidente corrupción, pues resulta sencillo al opositor venderse como un resolutor y ofrecer al electorado un viraje radical en la conducción del país, prometiendo que aquello jamás volverá a pasar.
Entonces, el candidato que pasa a ser gobernante, en su triunfo electoral se asume en el salvador de su patria, considera que todo lo pasado estuvo mal y coloca una narrativa transformadora bajo una sóla visión: la suya, que le impedirá reconocer los aciertos pre existentes de otros gobiernos, tan sólo por no ser los suyos.
Otro de los rasgos característicos y que absolutamente nadie podría colocar en tela de juicio, es su personalidad avasalladora, puede ser por una peculiar forma de expresarse, no en pocas ocasiones escandaloza o estridente, pero nunca desapercibida, siempre muy dirigida hacia lo que sus simpatizantes quieren escuchar, no importa si el discurso es de izquierda o de derecha, ambas posturas en los extremos seducen y agradan a millones.
Y es ahí, justo en esas tendencias a radicalizar la narrativa, en donde comienza a perderse la posibilidad de construir propuestas neutrales que permitan a los electorados tener otras opciones en la geometría política, que ante esos liderazgos se impone la disyuntiva el estas conmigo o estás conra mi. Ese me parece, es el daño más grande que resultará siempre de cualquier polarización política, pues inhibe la posibilidad de generar opciones distintas en ese espectro de radicalización.
Quedan entonces en la orfandad las posturas neutras, prudentes, sensatas, que por no ser extremistas, las hacen parecer poco atractivas para el electorado, dicho de otra manera, los liderazgos polarizantes colocan a quienes no piensan como ellos en el mismo saco, prevaleciendo la idea de que sólo hay dos opciones y no más.
Esa es la más falsa de todas las premisas, pues en democracia siempre habrá más de dos opciones, de modo que, izquierdas y derechas deben tener matices, total y absolutamente necesarios, pues el disenso es valioso ya que sin este, los concensos no existirían ni serían posibles. Me parece entonces que la asignatura pendiente y de la que no debemos claudicar, sobre todo en naciones polarizadas, -entre ellas México-, es en construir terceras, cuartas y hasta quintas vías, rutas que se aproximen más a posiciones de centro y se alejen del radicalismo (left-right), pues en democracia, todas las visiones deberían ser valiosas y bienvenidas.
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