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El orgullo de su nepotismo

Por Miguel Ángel Hernández Calvillo

Diciembre 12, 2023 03:00 a.m.

A

José López Portillo, ex presidente de México en el sexenio 1976-82, fue más famoso por sus dichos que por hechos de los que quisiera uno acordarse como benéficos para el pueblo mexicano; por el contrario, nada más basta con recordar la terrible crisis de la deuda pública que se derivó de un manejo irresponsable y frívolo de la riqueza como patrimonio nacional, señaladamente de nuestro petróleo, a extremos demenciales que le hicieron espetar que habría que “prepararse para administrar la abundancia”. 

Pero todo se fue al carajo y terminamos con la soga al cuello, con un país quebrado y un presidente que apenas atinaba a balbucear que nos habían saqueado a más no poder, que defendería el peso “como un perro” y otras muchas frases que lo dibujaron de cuerpo entero como epítome del ejercicio corrupto del poder público, atreviéndose a decir, incluso, que había sido “el último presidente de la Revolución Mexicana”, luego de que su sucesor, Miguel de la Madrid Hurtado, diera el giro definitivo al modelo de acumulación económico que conocemos como neoliberal, y que tanto daño provocó a la mayoría de los sectores productivos del país.

De entre las frases huecas, pero emblemáticas de un tipo de gobierno irresponsable y corrupto, destaca aquélla de López Portillo referida al papel que jugaba, abiertamente, su hijo José Ramón, quien incluso formaba parte del gabinete ampliado y, obviamente, disponía de su influencia para hacer y deshacer con la venia de su padre. El entonces presidente lo llamó “el orgullo de mi nepotismo”, con cinismo y desparpajo. Más aún, permitió que con su hermana Margarita se hiciera lo mismo en la dirección de RTC (Radio, Televisión y Cinematografía), en suma, una exhibición plena de impunidad.

Lo anterior viene a cuento porque, recientemente, nada más que 40 años después, la candidata presidencial opositora de la Alianza “Va x México”, Xóchitl Gálvez, manifestó que en el equipo de colaboradores de su campaña estarán sus dos hijos, evidentemente con el peso e influencia que implica asumirse como representantes personalísimos de quien se ufana de no regresar a tiempos idos. Puede ser que la señora Gálvez no pueda confiar ni tantito en los mandones de los partidos que la acompañan en su cruzada político-electoral -y basta con mencionar el desliz declarativo en el que abominó del dirigente nacional priísta, el inefable (m)Alito Moreno-, así fuera que, más rápido que el rayo, se desdijera y planteara a (m)Alito como un personaje respetable y probo; pero el caso es que la ominosa sombra de volver a prácticas de compadrazgo, amiguismo y… nepotismo, puedan regresar por sus fueros. Sin embargo, las posibilidades de un triunfo de la coalición opositora se ven cada vez más lejanas porque no hay rumbo definido en un proyecto de nación que se (a)precie como de auténtica y fiable alternativa. Una vez conocidos los equipos que acompañarán el diseño de los proyectos de las coaliciones Juntos Haremos Historia y de Va x México, es más que clara la diferencia de proyectos e intereses, pero de esto seguiremos comentando en la próxima.