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El peligroso cambio climático visto “desde México”

Por Ana Cristina García Nales

Noviembre 04, 2021 03:00 a.m.

“Así que es el momento de abandonar la religión del ecologismo 

y volver a la ciencia del ecologismo, 

y basar firmemente en ella nuestras decisiones de política pública.”

Michael Crichton

En política “la forma es fondo”. Y cuando se trata de política internacional esta frase se muestra aún más evidente. Los encuentros internacionales como las cumbres, conferencias, foros y reuniones de alto nivel tienen el objetivo de que los países asistentes expongan y fijen posturas respecto a los temas y asuntos comunes a tratarse en esos espacios para finalmente tomar establecer compromisos y suscribir acuerdos globales, que, en el mejor de los casos, se traduzcan políticas públicas nacionales y subnacionales.

En cuanto a las políticas públicas, es decir, a la actuación del gobierno para solucionar problemas públicos específicos a través de una serie de decisiones, cabe referir el clásico concepto de Tomas Dye que expone que la política pública “es todo aquello que los gobiernos deciden hacer o no hacer”.

La forma es fondo, y el dejar de hacer también es una decisión

En recientes días, comenzó la Cumbre del Cambio Climático en Glasgow, Escocia denominada “COP26 -Conferencia de las Partes-”, misma que se ha considerado la negociación más importante sobre cambio climático desde el Acuerdo de París (2015) y el Protocolo de Kyoto (1997) y que arrancó con un mensaje unánime de los líderes mundiales: “NUESTRO MUNDO ESTÁ EN PELIGRO”.

En la apertura de la cumbre, António Guterres, Secretario General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), envió un duro mensaje al mundo: “ESTAMOS CAVANDO NUESTRA PROPIA TUMBA”, en referencia a la adicción a los combustibles fósiles que amenazan con llevar a la humanidad y al planeta hacia un precipicio, debido al calentamiento global insostenible.

La importancia de la cumbre

Las siglas COP -en inglés- se refieren a la Conferencia de las Partes. Es decir, una reunión -generalmente anual- de los casi 200 países que forman parte de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. La convención se adoptó en 1992 y establecía que los gases de efecto invernadero que emite el ser humano en su actividad cotidiana estarían contribuyendo al cambio climático. Además, se determinó que los firmantes deberían reducir esos gases. Para dar cumplimiento a ese tratado se acordó celebrar las COP, en las que participarían los delegados y ministros de los casi 200 países del mundo. La primera COP se llevó a cabo en Berlín en 1995 y la número 26 se debería haber celebrado en Glasgow hace un año, sin embargo, la pandemia obligó a aplazarla 12 meses. La última COP, fue en Madrid en 2019.

El Acuerdo de París obligó a todos los países que se sumaron al pacto a implementar medidas para recortar sus emisiones de gases. De esta forma, la suma de todas esas reducciones debería ser suficiente para que se cumpliera el principal objetivo: que el aumento de la temperatura media del planeta no supere los dos grados centígrados respecto a los niveles preindustriales y que en la medida de lo posible no rebase los 1,5. Este límite establecido a través de proyecciones científicas pretende alertar sobre los efectos más catastróficos de una situación que en estos momentos está claro que no se puede revertir. El planeta está ya en un calentamiento de 1,1 grados.

Los estudios liderados por el grupo de científicos expertos que asesoran a la ONU y los diferentes organismos internacionales vinculados a ella han advertido que los países no están caminando en la línea para alcanzar el cumplimiento de las metas establecidas en París. De hecho, las proyecciones con los planes y acciones actuales llevarían a un incremento de la temperatura de alrededor de 2,7 grados debido a que los recortes de los gases de efecto invernadero están siendo insuficientes. 

La concentración de estos gases en la atmósfera no ha dejado de aumentar pese a los diferentes tratados y se tiene evidencia de que, en 2020, a pesar de las medidas restrictivas durante la pandemia, volvieron a marcar otro récord. El informe de expertos (IPCC) menciona que esto ha causado daños que ya son “irreversibles” y lo serán durante “siglos o milenios” y estamos transitando a un incremento de la intensidad y la frecuencia de los fenómenos meteorológicos extremos.

El panorama se vislumbra desolador. El último análisis realizado por la ONU muestra que los recortes previstos para 2030 deberán ser ahora un 7% mayores a los establecidos con los planes anteriores. Y con todo, se está todavía lejos de lo que se necesita: en el mejor de los escenarios, los países tendrían que reducir sus emisiones un 22% más de lo prometido hasta ahora para poder cumplir con la meta de los dos grados y en un 50% si se quiere conseguir que el calentamiento solo llegue a los 1,5 grados.

¿Qué se está acordando en Glasgow para buscar soluciones?

Se están discutiendo nuevos criterios y buscando soluciones. 120 de los casi 200 países que suscribieron el Acuerdo de París revisaron sus planes de recorte de emisiones hasta el arranque de la cumbre. Y el resto puede hacerlo en cualquier momento durante la cumbre. De hecho, se espera que de la cumbre de Glasgow se pueda invocar algún llamado urgente instando a que todos los países actualicen lo antes posible, de nuevo, sus programas de reducción. Aunque de momento, la situación parece no cambiar mucho porque las grandes potencias han puesto ya sobre la mesa sus compromisos.

Y México no tiene mucho 

qué decir al respecto

Mientras tanto, México llega sin presidente y sin claros compromisos respecto a la reducción de emisiones. Llega con los objetivos que presentó el año pasado suspendidos por un tribunal. Andrés Manuel López Obrador, no habituado a mirar lo global ni las relaciones internacionales, decidió no viajar a Glasgow para la COP26 y delegó en la secretaria de Medio Ambiente, María Luisa Albores González la atención a la cumbre. “Esta participación de segundo nivel en una reunión clave para contener el calentamiento global coincide, además, con el impulso a una reforma constitucional que amenaza el crecimiento de las energías renovables en el país”.

Desde México se está 

mandando un mensaje 

La ausencia del presidente de México en la Cumbre de Cambio Climático (COP26) ha permitido comprobar a la mayoría de los líderes del mundo que sí asistieron y se encuentran debatiendo y “buscando soluciones” comunes, y principalmente a nuestros socios comerciales del norte, que quien maneja la política y las políticas de este país no parece tener gran interés en estos asuntos públicos globales que hoy por hoy son de vital importancia para la humanidad.

La forma es fondo, y el dejar de hacer también es una decisión. La ausencia es también una forma de expresión.

Maestra en Asuntos Políticos y Políticas Públicas

anacristinales@gmail.com