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El poder del caudillo

Por Catón

Febrero 21, 2026 03:00 a.m.

A

He aquí 10 cosas que un hombre no debe decirle a una mujer en el momento del amor. 1-. Pensándolo bien, ahora que te veo vamos a apagar la luz. 2-. Grita, para que la nueva vecina piense que soy un tigre en la cama. 3-. Y para colmo tampoco sabes cocinar. 4-. ¿No has pensado en una liposucción? 5-. Te ves más joven de lo que te sientes. 6-. ¿Me permites que te ponga esta bolsa en la cabeza? 7-. ¿Tienes alguna amiga? 8-. Espero que también te veas bien cuando esté sobrio. 9-. Con ropa te ves mejor. 10-. Procuraré terminar pronto. Al mal paso darle prisa. Y he aquí  10 cosas que una mujer no debe decirle a un hombre en el momento del amor. 1-. ¿De veras ya estás ahí? 2-. ¿Y para esto me despertaste? 3-. Por favor pásame el control de la tele. 4-. Zzzzzzz. 5-. No se te olvide ir mañana a que te pongan una inyección de penicilina. 6-. ¿Cuándo es cuando voy a sentir bonito? 7-. Se supone que si dejaste de fumar aguantarías más. 8-. Creo que el techo necesita pintura. 9-. Para limarme las uñas cualquier momento es bueno. 10-. ¿Te conté lo de mi operación de cambio de sexo?... Merecerá la P en la frente quien piense que la tan traída y llevada reforma electoral es idea de la Presidenta Sheinbaum. La iniciativa se debe a López Obrador, que desde su no tan retirado retiro sigue maniobrando para consolidar su poder y perpetuarlo. Los cambios que la 4T pretende hacer tienden a aumentar y preservar el poder del caudillo, quien sigue y seguirá mandando al modo de Plutarco Elías Calles, pero sin un Lázaro Cárdenas cerca. En medio de este sombrío panorama la única esperanza es que el régimen entre en descomposición desde adentro, posibilidad que se avizora al observar las pugnas al interior del gobierno y del partido en el poder. Criticábamos la hegemonía del PRI y sus numerosos vicios, pero nos sucedió lo que a la sardina que cayó de la sartén al fuego. Viendo las grandes corrupciones y palmarias ineptitudes de los turiferarios de AMLO crece cada día más el número de quienes dicen que estábamos mejor cuando estábamos peor. Y es cierto. Ahora estamos en lo pésimo. Y a propósito, ¿qué chingaos es eso de "turiferarios?". En sentido recto el turiferario es el encargado de llevar el incensario en los oficios religiosos. En sentido figurado es el adulador. Ignacio Ramírez, "El nigromante", fue muy criticado porque en la primera página del álbum de Rosario, la de Acuña, puso un sonoro dístico: "Ara es este álbum. Esparcid, cantores, / a los pies de la diosa incienso y flores". Le dijeron que el incienso no se esparce: se quema. Más afortunado anduvo Manuel José Othón. En el soneto final de su "Idilio salvaje", embozado relato de un amor senil, escribió el bardo potosino: "En tus aras quemé mí último incienso / y deshojé mis postrimeras rosas.". De memoria cité esos versos, igual que ahora mismo podría recitar de memoria los ocho sonetos de que consta esa espléndida obra, incluido el que al principio sirve para disimular lo autobiográfico del poema y proteger al autor ante el riesgo de las eventuales iras de su esposa. Una pícara copla mexicana dice así: "El que enamora casadas / tres cosas debe tener: / su machete, su pistola / y patas para correr". Otra cosa necesita, añadiría yo: ingenio... Un marido tarambana estuvo en casa de su amiguita. Al salir frotó concienzudamente sus tenis en el pasto del jardín.  Al llegar al domicilio conyugal su esposa le preguntó, atufada: "¿Dónde estuviste?". Contestó el cínico sujeto: "En casa de una amiguita". La señora vio los tenis de su marido y rebufó iracunda: "¡Mientes! ¡Te la has de haber pasado todo el día jugando al golf!"... FIN.