El puñal de la intolerancia
El pasado viernes el escritos británico Salman Rushdie fue apuñalado en un acto público en el que impartiría una conferencia en la ciudad de Nueva York, El responsable, un joven de 24 años que se decidió a cumplir una sentencia de muerte dictada por el Ayatola Ruollah Khomeini en mil novecientos ochenta y nueve, varios años antes de que naciera.
Esta fatwa se emitió en base a lo que se considera una obra blasfema para el islam del escritor, Los Versos Satánicos, en la cual se hace referencia a un conjunto de versos en el Corán (que a la fecha no existen y se niega por los musulmanes que hayan existido) en los cuales se infiere que Mahoma pudo dudar de la existencia de un solo dios, contrariando el principio esencial monoteísta de esa religión.
A partir de que Radio Teherán emitió el mandato de Khomeini, Rushdie vivió protegido por la policía, hasta años recientes en que se relajó su seguridad, dado que, al parecer, el efecto de la fatwa había concluido, en base a la búsqueda ad e restablecer las relaciones de Irán con los Estados Unidos.
Sin embargo, me viene a la mente aquella frase escrita por William Shakespeare en su obra Julio César, que dice “Grita ‘¡Devastación!’ y suelta a los perros de la guerra”. ¿Qué tanto se puede frenar en la mente de los fanáticos la orden dada, pese a que quien la dio haya muerto, tal vez ni siquiera tiene interés, con el tiempo, de que se ejecute o, quizá, incluso la olvidó?
El fanatismo es la irracionalidad de la mente débil puesta al servicio de la intolerancia; se trata de una forma de servidumbre, aún bajo el falso espejismo de creer que se actúa con libertad en favor de un supuesto ideal.
Al respecto, Voltaire dijo que, “cuando el fanatismo ha gangrenado el cerebro la enfermedad es casi incurable”, lo cual ha quedado demostrado a lo largo de la historia, con muchos ejemplos de cómo, a la voz del amo, del guía, del líder, se deja la razón, se pisotean las leyes y se destruyen los valores esenciales que rigen la convivencia humana, sin siquiera tener consciencia de lo que se hace, pues los ojos no miran más allá de la fe y ésta, es ciega.
En el ataque a Rushdie campea la intolerancia a la libertad de pensamiento y de palabra, como una de las más claras expresiones del miedo que provoca la discusión de las ideas y el escuchar aquello que no se quiere oír.
Hay en este hecho dos cuestiones que llaman poderosamente la atención: una es, sin duda, la reacción de quienes, al igual que el atacante, son fanáticos ciegos; es el caso de un fundamentalista pakistaní que, en Twitter respondió a las palabras de J. K. Rowling (autora de Harry Potter) en apoyo a Rushdie, diciéndole que ella era la siguiente. Vemos como el odio y la intolerancia descontrolada divide y distancia a la humanidad, cada vez más insensible y cerrada al intercambio de puntos de vista, acallado por el grito y el insulto.
La otra cuestión son los silencios, las voces calladas que no condenan que se quieran silenciar las voces disidentes y discordantes con el Poder, en cualquiera de sus formas y manifestaciones. Salman Rushdie es un símbolo sin duda y su cobarde ataque una muestra de nuestros tiempos, ¿por qué calla Francisco, en el Vaticano? ¿por qué lo hacen muchos otros líderes del mundo? ¿por qué la complicidad del silencio? Vale la pena recordar aquellas palabras del poeta John Donne que en el siglo XVII escribió “Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta, porque me encuentro unido a toda la humanidad; por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti”.
Por supuesto que no esperaba que López saliera a decir media palabra al respecto, el ayatola de palacio nacional ni siquiera ha de tener idea de lo ocurrido ni de quien sea Rushdie pues, para él, las voces disidentes merecen, a lo menos, el escarnio y la persecución de sus fanáticos. Tal vez, supongo, hasta cierta simpatía ha de sentir por quien acalla voces subversivas.
Cierro con una cita de Salman Rushdie, que debe ser una verdadera recomendación para nuestro México de hoy: “Conservas las libertades por las que luchas; pierdes las libertades que descuidas. La libertad es algo que alguien siempre te está intentando quitar. Y, si no la defiendes, la pierdes.”
@jchessal



