“En un modelo ideal de democracia, todo lo que afecte a una comunidad debe ser sometido a un debate” Jurgen Habermas
Ha llegado el término de la gestión del Presidente Peña Nieto, con su último informe de gobierno, sobrevienen, como es costumbre año con año, los spots publicitarios ordenados por la oficina presidencial, cargados de triunfalismos y cifras alegres, ante las cuales las ciudadanas y los ciudadanos parecen siempre preguntarse ¿de qué país está hablando este funcionario?
El pueblo se convierte, una vez más, en un simple espectador que mira con extrañeza como, lo que debiera ser un ejercicio democrático de rendición de cuentas, se parece más bien a una fiesta, un convite de celebración, pero, exactamente ¿Qué es lo que celebramos? ¿El grave déficit al respeto a los derechos humanos ante un clima generalizado de violaciones graves? ¿La inoperancia del Estado para hacer frente al crimen organizado y a la delincuencia común, que han teñido de sangre el territorio mexicano? Pues, francamente no lo sabemos.
En gran parte, el pobre modelo en el ejercicio de justificar las decisiones gubernamentales tomadas durante la gestión, se debe precisamente, al formato que ha prevalecido por sexenios, y en el cual nuestros funcionarios parecen sentirse muy cómodamente, pero claro ¿cómo no va a ser? Si lo que supone debiera ser un ejercicio deliberativo, se traduce en un monologo del que sólo participa quien se supone debe dar explicaciones y responder a cuestionamientos.
Los titulares de los poderes ejecutivos de nuestro país, en general, no se sienten obligados a debatir, sobre sus acciones y decisiones de gobierno, con los miembros de las legislaturas, aunque, también hay que ser enfáticos, a nuestras diputadas y diputados no les molesta en absoluto esta ausencia de rendición de cuentas que ha existido desde siempre en México.
Si a lo anterior le sumamos, que estos diputados y diputadas inmediatamente al asumir sus encargos rompen toda comunicación con sus electores, es decir, las ciudadanas y los ciudadanos que, precisamente, les confiaron esa encomienda; en absoluto, a partir de entonces se moverán en sus funciones, sin preguntarle a quienes ahí los llevaron, si están o no de acuerdo con la forma en que desarrollan esa honrosa representación que les dimos.
Así que, las y los representantes legislativos tenderán a volverse en aplaudidores del ejecutivo, ante la ausencia total de cuestionamientos de los problemas públicos, sólo se limitarán en tomarse la selfie para el Facebook.
La cultura política mexicana ha hecho creernos que el titular del ejecutivo no está obligado a someter su gestión de gobierno al escrutinio ciudadano o al parlamentario, en México sólo los secretarios de Estado comparecerán a responder cuestionamientos, –no muy espontáneos, por cierto, sino bastantes telegrafiados y filtrados con anterioridad-, pero jamás veremos a un jefe de gobierno dignar su purísima envestidura a un ejercicio de rendición de cuentas, pero ¿cómo va a ser eso, en qué cabeza cabe? Si ellos/ellas están por encima de la ley.
El pasado 2 de julio, las mexicanas y los mexicanos decidimos demostrar nuestra voluntad democrática, dimos un mensaje muy claro que, este valor social está en nuestro ADN nacional, ojalá nuestras y nuestros representantes estén a la altura de las expectativas de millones de mexicanas y mexicanos, y aprovechen esta nueva oportunidad histórica para fortalecer el Estado de Derecho, y, lograr que los titulares de los poderes ejecutivos se sometan al imperio de la ley, exigirles que rindan cuentas, que acudan a las legislaturas a ser cuestionados por su gestión.
Ojalá no se desperdicie este momento histórico como en 2000, que salimos de la gestión del gobierno de Vicente Fox, con un déficit de rendición de cuentas similar al que privaba antes de la alternancia. Por lo pronto, una vez más, tendremos que conformarnos con el show de un monologo de cifras alegres.
Las y los espero con el gusto de siempre el próximo viernes.
carloshernandezyabogados@hotmail.com

