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En las mesas y en las cocinas

Por Yolanda Camacho Zapata

Diciembre 30, 2025 03:00 a.m.

A

Hay dos cosas que en el 2025 me preocuparon frecuentemente y como mi pecho no es bodega (ALMO dixit), voy a compartírselas con el afán de poner los temas ahí como que no quiere la cosa, en la lista de pendientes por hacer del año que entra, es decir de finales de esta semana. 

La primera de ellas es el cada vez más reducido espacio que tenemos para hablar de cualquier cosa. Es notorio en reuniones de lo más variadas, que ya no se haga conversación sobre variedad de temas de los cuales antes se hablaba sin cortapisas. Por supuesto, ha habido desde siempre temas que en ciertos lugares y con ciertas personas no era conveniente discutir; sin embargo, para eso estaban otros espacios donde el debate era justamente el núcleo, la razón de existir. Pienso, por supuesto, en las aulas universitarias en que he vivido casi dos décadas. Ahí, con respeto siempre, claro, pero también con madurez, se podía hablar de todo lo que afuera no se podía. Los salones estaban para, sin resentimientos, sin tomarlo muy a pecho, hablar de religión, política, posturas ideológicas, costumbres ancestrales, vaya, de lo que fuera. Ahora veo que es cada vez más frecuente que compañeros docentes y estudiantes prefieran no hablar de nada que pueda incomodar a nadie. A mí me han puesto a parir chayotes, si soy honesta, porque dos de mis materias centran sus temas de estudio en las ideas encontradas, sus defensas y sus contraargumentos, porque justamente doy Ciencias Políticas y Argumentación. ¿Cómo creen que puedo yo enseñar cualquier cosa sin hablar sobre aquello que  es diametralmente opuesto?  Sin embargo, la corrección política ahora impone silencios que, estoy segura, a la larga nos causarán más problemas que soluciones. Estamos todos volviéndonos mudos, pero políticamente correctos. Úchale.

El segundo tema que me arrancó algunas horas de sueño es el hecho de encontrarnos en una sociedad hiperpolitizada que ha causado divisiones que rara vez tienen que ver con ideologías centradas en algo, sino que se han usado como pretexto para mostrar desprecio sin filtro por ciertos grupos o personas. Hace todavía algunos pocos años parecía que habíamos superado la etapa de intolerancia y racismo y creíamos erradicados ciertos temas. Sin embargo, ahora podemos comprobar que no superamos nada. Era, simplemente, que dado que líderes políticos, sociales, religiosos, guardaban formas y por lo menos en discurso evitaban expresiones o ataques a quienes no se veían o pensaban como ellos, todos los demás nos absteníamos de hacer lo mismo.  Ahora, tristemente, ciertos líderes lanzan abiertamente expresiones xenófobas, racistas, homofóbicas, intolerantes que son muchas veces agresivas e incitan a la violencia sin pena alguna; al contrario, hasta se jactan de mostrarse tal cual son. Así, pareciera que han dado permiso a las masas de hacer lo mismo. Estamos divididos, atacándonos y despreciándonos abierta y agresivamente. No va a acabar bien.

Como historiadora resultaría absolutamente falso afirmar que esto no tiene precedentes. Al contrario, hay y un montón. Spoiler: nunca acaba bien. Esta vez veo muy, muy difícil que ocurra lo mismo y el resultado sea diferente. 

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Estas son mis dos preocupaciones de finales de año y como no veo que se solucionen de aquí al miércoles, seguro iniciaré el 2026 con ambas. Sin embargo, aviso: el semestre pasado, en mis salones anuncié que se hablaría de todo tema siempre y cuando fueran tratados con el grado de madurez que requiere ser universitario y todos aprenderíamos de nuevo a identificar, tratar y discutir ideas con madurez. Lo logramos. He decidido seguir haciendo lo mismo y que pase lo que tenga que pasar.

Creo que no todo está perdido y espero de corazón, lectora, lector querido, que recordemos que hubo un tiempo donde comenzábamos a aprender a entendernos a través del diálogo y que casi, casi lo habíamos logrado. Tenemos tiempo. Que así sea.

Le deseo a usted y su familia que el 2026 esté lleno de ideas para hablar en la mesa y en las cocinas. Y por aquí lo veo el año que entra.