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En serio ¿sólo hay dos opciones?

Por Jorge Andrés López Espinosa

Julio 27, 2020 03:00 a.m.

A

Cuenta la historia oficial, esa que puede leerse en los libros de texto gratuitos que en muchos hogares suelen ser los únicos que hay, que en el incipiente México de la primera mitad del siglo XIX, luego de la consumación de la independencia se reconocieron dos facciones que transitaron del virreinato a la independencia, dos bandos que se enfrentaron primero en las ideas y luego con las armas, aquellos denominados insurgentes que imaginaron una nación soberana, frente a ellos los realistas que defendieron la adherencia a la corona española de ultramar, al concluir en 1821 la insurrección iniciada por Hidalgo en 1810, las posturas antagónicas continuaron entre dos facciones, centrando la discusión en la forma de gobierno que adoptaría el naciente país, así colisionaron los republicanos versus los monarquistas, es decir quienes veían a México como una Monarquía Constitucional y quienes pensaron que sería mejor tener un modelo Republicano más cercano al del vecino país del norte, finalmente ganaría éste último bando no sin antes experimentar de modo muy breve la coronación de Agustín I (Agustín de Iturbide) condenado a la denostación por la historia oficial. 

Avanzado el siglo XIX otros dos grupos políticos se disputarían el poder y el modelo político a implantar, aquellos que pretendieron mantener -aún en el modelo republicano- fueros y privilegios difíciles de ceder por considerarlos un derecho derivado del abolengo e incluso de una especie de malentendido ius sanguinis, fueron llamados conservadores, frente a ellos otro grupo, uno de hombres notables formados en su mayoría en las logias masónicas que creyeron que en esta patria se debía separar en definitiva el Estado de la Iglesia, los llamados liberales, finalmente lo consigieron -al menos en el papel- pero no en cualquier papel, lo plasmaron en una Constitución, desde luego todo esto no sin antes librarse una guerra fraticida, con un monarca invitado que despachó algunos meses en Chapultepec y que resultó ser más liberal de lo esperado. Culminaba así el convulso siglo XIX con la muerte de Juárez, se queda en el poder un militar liberal que en cada renovación de su mandato se volvio más conservador, el gobierno envejeció al igual que los “científicos” que le rodeaban, frente a ellos una nueva clase política emergió y reclamó el poder primero con ideas y luego nuevamente con las armas, así otra vez la historia enfrentaría a dos bandos, esta vez porfiristas versus revolucionarios y aunque en esta ocasión la historia  no señala una fecha exacta de una revolución consumada, todo, prácticamente todo el siglo XX al menos desde 1929, para la historia oficial gobernó la revolución con tres nombres distintos, hasta que en el año 2000 se dio la primera alternancia en el Poder Ejecutivo con un candidato surgido del partido no revolucionario fundado en 1939 por un ex Rector de la UNAM. 

De ahí en adelante estimado lector, me parece que la historia ya le es más familiar, dos alternancias más desde el inicio de este siglo XXI, veinte años han pasado y hoy la pregunta obligada que le da nombre a la columna de hoy, en serio ¿sólo hay dos opciones?, me resisto a creer que esto sea así, en el arcoíris teórico político hay otras vías una tercera, cuarta y hasta una quinta, es hora de despertar, la revolución terminó, se acabó también la guerra de reforma, los liberales y conservadores del siglo XIX murieron luchando por sus ideas, pero ya están muertos. 

Hoy tenemos un anacrónico sistema de partidos que agoniza, que resulta necesario modernizar, refundar, reconsiderar incluso hasta sus nombres; pero como todo enfermo, el sistema político mexicano con sus partidos incluidos, para curarse debe reconocer que está enfermo, que seguir jugando en el viejo tablero de la política donde sólo hay derechas e izquierdas nos llevará siempre a más de lo mismo, porque en geometría como en política también hay círculos, triángulos o rombos, el mundo cambió y no me cansaré de afirmarlo, ¿no me cree? qué respuestas tienen los viejos partidos a los grandes temas del siglo XXI, no todo es hacer negocios, quienes soñamos con un México como potencia mundial, queremos ver en las agendas de los partidos mexicanos el cambio climático, las energías limpias, objetivos 2030, comercio sustentable, inteligencia artificial, mundo cuántico, clonación, vida digital, salubridad igualitaria, diversidad sexual, exploración espacial, derechos humanos, democracia participativa, erradicación del hambre, desarme nuclear, etc… Definitivamente no puede haber sólo dos opciones, nos toca construir unas cuantas más, lo dijo Eleanor Roosvelt: el futuro nos pertenece…sigamos creyendo. 

jorgeandres.manoizquierda@gmail.com