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Epicuro, frente a traidores e insidiosos

Por Jorge Andrés López Espinosa / PULSO

Abril 11, 2022 03:00 a.m.

Agradecido por las múltiples muestras de afecto y cariño que he recibido de mis gentiles lectores, luego de que desde esta columna por primera vez se escribiera sobre la filosofía de la auténtica fraternidad, la de puertas abiertas y jardines preciosos,  esa que encabezara hace siglos el gran Maestro Epicuro en la Grecia Clásica, y en atención a quienes han solicitado conocer un poco más de esa sabiduría aplicada a la vida cotidiana, les comparto esta postura epicúrea, de cómo, desde la filosofía se puede hacer frente a ese tipo de personas, esas que todos conocemos alguna vez en la vida a las que alguna vez también de buena fe les brindamos nuestra confianza y amistad, pero cuya hoja de ruta es la traición y la insidia. 

Decía Dante Alighieri en su Divina Comedia que en el último circulo del infierno, -incluso por debajo de los tibios e indecisos-, están aquellos quienes traicionan, por eso la reserva de ese lugar inhóspito, sitio al que con sus actos ellos mismos se condenan. 

La traición para el Maestro Epicuro fue, -como lo debe ser para nosotros en este tiempo- una enseñanza más de la vida terrenal, contrario a los sofistas que pregonaban su verdad encerrados en la oscuridad de muros impenetrables, en el sencillo Jardín del Maestro no había debates, ni elocuencia en el decir, pero no por ello las verdades del conocimiento dejaban de fluir, ahí no había tampoco rituales ni jerarquías, pues donde reina la fraternidad resultan innecesarias las mascaradas teatrales que pretenden infundir temor y con ello gobernar a quienes tildan y conviene mantenerles ignorantes. 

Epicuro consideraba la mayor traición al género humano ocultar la luz de la verdad y el conocimiento, pues en su Jardín -como en el mundo- cabían y convivían todos, no importaba si eran esclavos, mujeres, extranjeros, jóvenes o ancianos, el único requisito para departir el queso y el vino en ese jardín era simplemente ser humano. 

Ese pensamiento libre, igualitario y fraterno de Epicuro molesta(ba) hasta la médula a quienes se ostentaban erga omnes como sabios, como eruditos, pero que guardaban cicuta en el fondo de su alma, envenenados por el rencor hacia un hombre sencillo que estudioso observador de la naturaleza les vencía con el argumento más simple, pues a diferencia de ellos, no le generaba ningún temor la conducta de los Dioses, a los que consideraba demasiado ocupados -en el caso que existieran- para implicarse de los asuntos humanos, Epicuro tampoco temía al dolor ni a la muerte, porque el primero si era leve en algún momento cesaría y si no seguramente le provocaría la muerte, lo que de ser así,  terminaría con su existencia porque la muerte en la vida no es, no existe. 

De modo que, Epicuro no se consideraba a si mismo filósofo, aunque en algún tiempo de su juventud perteneció a esas ortodoxas enseñanzas,  se dio cuenta a tiempo de que la verdadera fraternidad se encontraba fuera de las escuelas filosóficas, que las paredes ocultan verdades y que nada que se ocultara podría ser bueno, esa es la razón por la que Epicuro no perteneció más a las escuelas tradicionales y por el contrario abrió de par en par el conocimiento en su Jardín, para que todo aquel ser humano que quisiera vivir en armonía con la naturaleza del maravilloso planeta que habitamos, -sin ridículas reverencias-, pudiera ingresar a ese edén de libertad, sin grados ni diplomas. 

Por eso, la condena a Epicuro fue que sus enseñanzas quedaran en el olvido y aunque temporalmente triunfó el enclaustre del conocimiento, como la buena semilla, su pensamiento humanista trascendió siglos después de su muerte, así, con otras connotaciones pero con la misma esencia, reaparecieron sus enseñanzas en Roma, Galilea, India, Francia y en muchas otras partes del mundo, y pareciera contra todo pronóstico que esta generación humana, epicúrea por disruptiva, contestataria e irreverente, sí tiene (tenemos) una causa común, que la igualdad se transforme en equidad, que la libertad se viva más que de lo que se piense y que en honor a la fraternidad, esa de la verdadera, se extirpe para siempre la traición y la insidia, lastres que tanto daño le han hecho a la humanidad a lo largo de su historia. Es cuanto. 

jorgeandres7826@hotmail.com