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Estados Unidos ya vive en el 2024

Por Arturo Sarukhán

Febrero 15, 2023 03:00 a.m.

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El arranque de año en Washington, enmarcado como ocurre invariablemente con el discurso presidencial en turno sobre el estado de la Unión —pronunciado en esta ocasión el 7 de febrero por Joe Biden— nos ha insertado de lleno en la campaña estadounidense de 2024. Su discurso fue quizá uno de los más astutamente redactados políticamente desde que llegó a la Casa Blanca. Tenía como propósito manifiesto, en momentos en que Biden claramente está contemplando si buscará o no la reelección, que los Demócratas se sintieran más cómodos con la idea de que pudiese ser nuevamente su abanderado en 2024. Y es que la mayoría de las encuestas muestran que en su partido preferirían que alguien más se postulara en 2024, principalmente debido a su edad. Pero aun así demostró con su alocución, tanto en fondo y forma, que no solo puede ser un candidato solvente, articulando valores y posturas Demócratas que logren reaglutinar a la coalición de votantes que derrotó a Trump en 2020, sino que además tiene la agudeza y sagacidad para hacer jiu-jitsu con la extrema derecha del GOP.

En momentos clave de su discurso, legisladores Republicanos de la ultraderecha interrumpieron a Biden con diatribas, interpelaciones constantes y gritos de “mentiroso” y, en un pasaje del discurso cuando el mandatario se refirió a las muertes por fentanilo en el país, con un “es tu culpa”. Si el objetivo era ponerlo nervioso o demostrar su fragilidad, tuvo el efecto contrario. En la noche con la audiencia televisiva más grande que tendrá este año, Biden rebatió a los Republicanos con réplicas agudas e incluso con sentido de humor, regresando a una narrativa que le dio réditos políticos y electorales a su partido en los comicios intermedios de noviembre: pintando al GOP como un partido dominado por Trump y la extrema derecha.

Pero este 2023 no solo queda enmarcado por el discurso de Biden. Arranca también con un exmandatario que buscó detonar un golpe de Estado a plena luz del día y a vista de todo el mundo. Trump sigue siendo hoy el líder indiscutido del GOP, con la posibilidad de no solo hacerse con la nominación presidencial sino incluso de llegar nuevamente a la Casa Blanca, a pesar de haber sido enjuiciado dos veces por la Cámara de Representantes y de que pudiese incluso enfrentar cargos por su papel en el asalto sedicioso al Congreso en 2021 o por el manejo de su empresa y sus declaraciones fiscales. ¿Es probable que sea el candidato Republicano y además gane en 2024? No, pero sí es posible. Y el que sea una posibilidad es profundamente perturbador. Trump ha hecho que los estadounidenses —o por lo menos algunos— se den cuenta de lo vulnerable que en realidad es su tan cacareado sistema de gobierno, con todo y los contrapesos y contrafuertes que ayudaron a que el daño democrático del exmandatario no haya sido mayor. Hoy un líder que trató de manera ilícita mantenerse en el cargo está en posición de volver a contender por una nominación presidencial y potencialmente ganar. La historia ofrece ejemplos notables de dictadores que llegaron al poder mediante elecciones, pero es difícil pensar en ejemplos de uno que intentó y fracasó en mantenerse en el poder mediante un golpe de Estado y a quien su sistema político y la ciudadanía, prácticamente encogiéndose de hombros, le ofrecieron la oportunidad de volverlo a intentar. Ese es el gran dilema que junto con la polarización ideológica, enfrenta la democracia de EU este año camino al inicio de los procesos primarios de los partidos hacia fines de 2023.

(Consultor internacional)