(Segunda parte)
Esta semana seguiré con los comentarios sobre los graves daños que causan los apóstoles de la evaluación legislativa, pero prescindiré de referencias a ingestas político-electorales matutinas (desayunos con candidatos) pues hay quienes, aun hoy, no digieren las reacciones que provoca en la gente la incongruencia manifiesta.
Dicho esto, volvamos al tema. Como decíamos la semana pasada, el espejito brillante con el que se pretende engañar al ciudadano, llamado evaluación legislativa, parte de meros datos estadísticos que en nada vertebran una verdad respecto del Poder Legislativo pues, como ya dijimos, se basan en elementos que no trascienden a la calidad, pertinencia, eficacia y eficiencia de las leyes.
Cuando un periodista se refiere a tal o cual Diputado y le cuestiona sobre el numero de iniciativas que ha presentado, percibimos la huella perniciosa de los índices de evaluación estadística, numeralia banal, con la que se califica a cada legislador. Pareciera que para ser buen Diputado hay que estar haciendo nuevas leyes, mientras más, mejor, asi como estar cambiando las existentes, dejando de lado aquello de la seguridad jurídica y la economía normativa. Se privilegia la cantidad dpor encima de la calidad.
Resulta ser que, en aquellos paises que reconocemos como más evolucionados, la alternativa legislativa es la de uso más restringido, por cuanto se considera que, mientras más regulaciones, menor certeza del ciudadano. Y ni que de ir de la alta tasa de reformabilidad, que hace que las leyes sean, parafraseando al Duque de Mantua , en Rigoletto, móviles, como pluma al viento, cambiando de acento y de pensamiento.
En Alemania, por ejemplo, existe el Blauen Prüffragen, el cuestionario azul (así llamado por el papel en que solía imprimirse), donde, a partir de diez preguntas y si desarrollo, se toma la decisión o no para legislar. Estas preguntas básicas son: ¿Es realmente necesario hacer algo? ¿Qué alternativas hay? ¿Debe actuar la Federación? ¿Es necesario realizar una ley? ¿Hay que actuar ahora? ¿El alcance de la regulación es adecuado? ¿Se puede limitar su vigencia? ¿La regulación es clara y está orientada al ciudadano? ¿La regulación es practicable? ¿Existe una relación adecuada entre costos y beneficios?
Exigir a Diputados la presentación de iniciativas, con el fin de asignar una calificación numérica, solo estadística, conlleva que el legislador, deseoso de no ser criticado, atiborre a las comisiones de dictamen en los Congresos con propuestas inútiles, absurdas e innecesarias, pero que pintan en la calificación. Ya nos viéramos en el caso de tener una reflexión profunda y seria, como la que propone el documento alemán, antes de que se lanzaran iniciativas de nuevas normas o reformas, para satisfacer el falaz apetito de las evaluaciones legislativas.
¿Y qué decir del resto de indicadores, como la asistencia o el uso
de la tribuna? ¿Realmente son importantes para evaluar a un Poder
Legislativo?
Soy conforme que, Diputado incumplido, debe ser sancionado; no porque baje por sí mismo la calidad del Congreso, sino por sinvergüenza. Hay todo un régimen sancionatorio previsto en las leyes, que es a donde debería dirigirse la atención de la población y los medios de comunicación, a partir de los números de los evaluadores; sin embargo, no hay un nexo causal racional entre este aspecto y la calidad, eficiencia, eficacia y pertinencia normativa.
No es a partir de inferencias y suposiciones como se aporta al mejoramiento del orden jurídico; no es a partir de generar falsas visiones en la población y en los medios de comunicación como se avanza; más bien, se retrocede.
Una última reflexión. Se acerca la fecha de la elección. Tomando en cuenta que elegiremos legisladores, le pido dos cosas; la primera es que vote; hágalo por quien quiera, por quien le convenza o, simplemente, le caiga bien, pero vote, no deje de hacerlo. La segunda cuestión: si se decide a hacerme caso y va a votar, hágalo por quien represente una opción seria, responsable; la LXI Legislatura de San Luis Potosí nos ha llevado al convencimiento de que peor, imposible… pero mejor no corramos riesgos. Vote y trate de hacerlo responsablemente, en la medida de lo posible.
@jchessal
Esta semana seguiré con los comentarios sobre los graves daños que causan los apóstoles de la evaluación legislativa, pero prescindiré de referencias a ingestas político-electorales matutinas (desayunos con candidatos) pues hay quienes, aun hoy, no digieren las reacciones que provoca en la gente la incongruencia manifiesta.
Dicho esto, volvamos al tema. Como decíamos la semana pasada, el espejito brillante con el que se pretende engañar al ciudadano, llamado evaluación legislativa, parte de meros datos estadísticos que en nada vertebran una verdad respecto del Poder Legislativo pues, como ya dijimos, se basan en elementos que no trascienden a la calidad, pertinencia, eficacia y eficiencia de las leyes.
Cuando un periodista se refiere a tal o cual Diputado y le cuestiona sobre el numero de iniciativas que ha presentado, percibimos la huella perniciosa de los índices de evaluación estadística, numeralia banal, con la que se califica a cada legislador. Pareciera que para ser buen Diputado hay que estar haciendo nuevas leyes, mientras más, mejor, asi como estar cambiando las existentes, dejando de lado aquello de la seguridad jurídica y la economía normativa. Se privilegia la cantidad dpor encima de la calidad.
Resulta ser que, en aquellos paises que reconocemos como más evolucionados, la alternativa legislativa es la de uso más restringido, por cuanto se considera que, mientras más regulaciones, menor certeza del ciudadano. Y ni que de ir de la alta tasa de reformabilidad, que hace que las leyes sean, parafraseando al Duque de Mantua , en Rigoletto, móviles, como pluma al viento, cambiando de acento y de pensamiento.
En Alemania, por ejemplo, existe el Blauen Prüffragen, el cuestionario azul (así llamado por el papel en que solía imprimirse), donde, a partir de diez preguntas y si desarrollo, se toma la decisión o no para legislar. Estas preguntas básicas son: ¿Es realmente necesario hacer algo? ¿Qué alternativas hay? ¿Debe actuar la Federación? ¿Es necesario realizar una ley? ¿Hay que actuar ahora? ¿El alcance de la regulación es adecuado? ¿Se puede limitar su vigencia? ¿La regulación es clara y está orientada al ciudadano? ¿La regulación es practicable? ¿Existe una relación adecuada entre costos y beneficios?
Exigir a Diputados la presentación de iniciativas, con el fin de asignar una calificación numérica, solo estadística, conlleva que el legislador, deseoso de no ser criticado, atiborre a las comisiones de dictamen en los Congresos con propuestas inútiles, absurdas e innecesarias, pero que pintan en la calificación. Ya nos viéramos en el caso de tener una reflexión profunda y seria, como la que propone el documento alemán, antes de que se lanzaran iniciativas de nuevas normas o reformas, para satisfacer el falaz apetito de las evaluaciones legislativas.
¿Y qué decir del resto de indicadores, como la asistencia o el uso
de la tribuna? ¿Realmente son importantes para evaluar a un Poder
Legislativo?
Soy conforme que, Diputado incumplido, debe ser sancionado; no porque baje por sí mismo la calidad del Congreso, sino por sinvergüenza. Hay todo un régimen sancionatorio previsto en las leyes, que es a donde debería dirigirse la atención de la población y los medios de comunicación, a partir de los números de los evaluadores; sin embargo, no hay un nexo causal racional entre este aspecto y la calidad, eficiencia, eficacia y pertinencia normativa.
No es a partir de inferencias y suposiciones como se aporta al mejoramiento del orden jurídico; no es a partir de generar falsas visiones en la población y en los medios de comunicación como se avanza; más bien, se retrocede.
Una última reflexión. Se acerca la fecha de la elección. Tomando en cuenta que elegiremos legisladores, le pido dos cosas; la primera es que vote; hágalo por quien quiera, por quien le convenza o, simplemente, le caiga bien, pero vote, no deje de hacerlo. La segunda cuestión: si se decide a hacerme caso y va a votar, hágalo por quien represente una opción seria, responsable; la LXI Legislatura de San Luis Potosí nos ha llevado al convencimiento de que peor, imposible… pero mejor no corramos riesgos. Vote y trate de hacerlo responsablemente, en la medida de lo posible.
@jchessal

