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Evocación de Revueltas

Por Miguel Ángel Hernández Calvillo

Octubre 10, 2023 03:00 a.m.

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El pasado 2 de octubre se cumplieron 55 años de la ominosa represión al movimiento estudiantil universitario en la Plaza de las Tres Culturas de la Unidad Tlatelolco en la Ciudad de México. Mucho se ha escrito y se seguirá escribiendo sobre dicho acontecimiento y sus implicaciones en el desenvolvimiento posterior de la historia sociopolítica mexicana. En esta ocasión, solamente quiero evocar la grandeza de uno de los escritores e intelectuales más libres y honestos que participaron orientando la batalla de las ideas, como medio y modo de transformación concreta de una realidad opresiva para los más débiles y expoliados por una modernidad económica que, en nuestro país, empezaba encontrar límites en sus contradicciones estructurales, como fue el caso del llamado milagro mexicano.

El nombre de José Revueltas evoca, de inmediato, el espíritu crítico de un hombre de ideas que, en medio del típico sectarismo que caracterizó mucho tiempo a la izquierda partidaria mexicana, planteaba la superación de ese tipo de contradicciones que ahogaban las posibilidades de un mejor desenvolvimiento político en coyunturas específicas, pero también de largo plazo como en el caso del advenimiento de la “democracia bárbara” mexicana que no atinaba a dar cauce a la doble negación, o “negación de la negación”, que conllevó la superación del modelo porfirista de administración de la cosa pública por parte del movimiento armado revolucionario y, posteriormente, de éste por un nuevo tipo de acuerdo institucional prohijado por una nueva burocracia gobernante. 

La sola figura de Revueltas evoca uno de los valores más escasos en el actuar de la vida política práctica, sobre todo de la que se ventila en las instituciones partidarias, esto es, la honestidad política, entendida como principio de congruencia entre lo que se piensa (con sentido de amplia y, a la vez, estricta razonabilidad) y lo que se hace. Además, la humildad que lo caracterizaba, al extremo de solidarizarse, literalmente en cuerpo y alma, con los estudiantes universitarios en el movimiento de 1968, nos dice mucho de la comunión posible entre una suerte de la “ética de la convicción y la ética de la responsabilidad”, que un sociólogo con orientación un tanto diferente, como Max Weber, advirtiera como generalmente separadas en el político y el científico, pero deseablemente complementarias.

Olivia Revueltas, hija de José Revueltas, extraordinaria pianista y promotora del jazz, en ocasión del 55 aniversario del 2 de octubre de 1968, recuerda la deuda pendiente que se tiene con su padre, en términos de la exoneración de los injustos cargos que se le formularon para encarcelarlo en el viejo Palacio de Lecumberri. Sedición, daño en propiedad ajena, ataque a las vías de comunicación, entre otros delitos que, como el de despojo, dice Olivia, mueven más a preguntar: “¿despojo de qué? (…) papá mucha veces no tenía para comer, siempre vivió rentando departamentos, excepto cuando estaba en la cárcel” (Revista Proceso, octubre de 2023). Agrega Olivia: “cuando José Revueltas Sánchez echa sobre sí mismo la culpa total de todos estos cargos, es porque quiso evitar que no siguieran cayendo los demás compañeros, tal era la calidad moral de ese hombre pulcro (…) En una ocasión Octavio Paz le dijo a Elena Poniatowska: José Revueltas es el hombre más puro que conozco” (Ibid.). No de balde, la portada de uno de los discos de Olivia contiene la imagen de “El ángel de las tijeras”, de Rafael Cauduro, y la letra del poema con mismo título de Kamau Daaoo, que inicia: “En el país de los corazones, la compasión es un lenguaje común, en ese lugar hablamos siempre con sentimiento”.