‘Fake’

Pues igual y no me lo van a creer ustedes —o a la mejor, sí— pero hay quienes aseguran que don Andrés no se parece nada a don Donald. La semana pasada traté de mostrar que nuestro viejo conocido, AMLO, se asemeja en algunas cosas al espantoso Trump que nos han confirmado en libros, reportes o noticias de deveras o de mentiras.
Y, bueno, quizás es al revés: dado que identificamos tan bien a nuestro compatriota desde hace mucho más tiempo, vendría a ser Trump el que se parece a López Obrador. Con todo, no sería cuestión de bromas o apariencias, sino de rasgos de personalidad o temperamento en sus respectivas circunstancias.
Destacaba yo que son muy diferentes en su tez y cabello original, en su perfil gringo o tabasqueño, y en su patrimonio enorme o modesto. También lo son en cuanto al idioma en que pueden expresarse (el de allá no habla español, y el de acá nada de inglés). Por su parte, las coincidencias se observan en sus reflejos instintivos y conductas reiteradas, así como en sus populismos, mesianismos o autoritarismos y, claro, en sus tendencias a mentir con el mayor desparpajo. Ambos, eso sí, son astutos.
Todos los políticos mienten, por supuesto y hasta por necesidad, ya sea como estrategia o como hábito o patología (mitómanos o mentirosos compulsivos). Hay verdades a medias, mentiras piadosas, mentiras bien intencionadas y mentiras malditas o perversas,… Algunos incluyen en esta lista las estadísticas, pero en general eso no es cierto.
Tampoco olvidemos las mentiras de EPN y los antipeñistas, al igual que las de todos los (pre)candidatos a la presidencia. Ninguno de ellos es responsable de nada malo, y ¡cada uno de “los otros” resulta un loco, inepto y delincuente! ¿Así a quién escoger?
Por varias razones, oigan, vean la película ‘Las horas más oscuras’, que ha sido nominada al Oscar y narra un pasaje crucial en la vida de Churchill e Inglaterra al desbordarse la Segunda Guerra Mundial, entre decisiones difíciles e incluso la necesidad de mentirle al pueblo. Igual sirve para entender que el liderazgo político no es cosa fácil, pero a fin de cuentas lo mejor es escuchar a la gente.
Seguido, algunos políticos sueltan hoy mentiras conscientes y defensivas (de las cuales tratan de convencerse a sí mismos), o se escudan en “me dijeron”, “leí por ahí”, “esa encuesta la tomé de internet” (responsabilizan, pues, a otros de lo que saben bien que es una mentira o imprecisión). Veamos.
De las primeras, resalta la respuesta de Trump a los calificativos ya usuales de idiota y desequilibrado: “Soy un genio muy equilibrado”. ¡Órale! ¿Es acaso una reacción puntual, directa, confiable y desinteresada a esos dos cuestionamientos?
Entre las segundas, está el caso de AMLO con su habitual difusión de encuestas imaginarias o alteradas (no checadas), y de manera especial con el rumor que él sembró de que Meade era tan mal candidato que lo iban a sustituir (“me informan que no levanta”). Y, como citan sus propagandistas, una mentira repetida mil veces se puede volver verdad… e incluso realidad.
En entrevistas, desde el destape, nuestro eterno candidato insistía en que Meade era un hombre “muy limitado”. Tal vez le asustaban la honestidad y capacidad personal del aspirante no priista del PRI, al grado de intentar mermarlo con la siembra de insidias.
Una experta me comenta que los recursos con que se construyen los engaños son tan extensos como la inteligencia humana, y resulta perturbador que a mucha gente le gusta que la engañen, lo cual se cumple una y otra vez. Hay quienes juegan con las nociones sicológicas de distracción y confusión… Saben que tenemos la necesidad de creer en gestos nobles y aceptarlos como genuinos.
De hecho, el instinto del ser humano es creer en las apariencias, ya que nuestro cerebro tiende a tomar atajos al enfrentar una decisión o evaluación sobre algo que nos dicen. También, en el proceso de formación de la opinión pública, las personas cuelan la información para adaptarla a sus juicios previos. Suelen ser más reticentes a aceptar lo que contradice sus creencias, que lo que coincide con ellas.
O sea, el caso es que tienden a creer lo que quieren creer. De un lado o de otro, entre los fans de Trump o los feligreses de AMLO, destacan los prejuicios y las suspicacias ante sus respectivos adversarios… en tanto que la inversa predomina a partir de la confianza de sus fieles seguidores.
Bueno, sabemos que eso de fake (pronunciado féik) significa falso en español y se asocia a posibilidades de engaño, simulación, mentira, adulteración, distorsión o falsificación. La expresión ‘fake news’ ha sido popularizada por el mismo Trump al tratar de defenderse de las noticias que no le gustan o considera “injustas”… y grita ¡al ladrón, al ladrón! cuando lo acusan o persiguen por sus fechorías.
En fin, a diferencia del de allá que ya ganó (a la primera), el de acá quiere ganar y no ha podido con tantos adversarios que lo censuran o rechazan. Es así que busca cambiar para hacerse más elegible a la tercera (es la vencida, claro). Lo intentó en 2012 con su “república amorosa”, pues le aconsejaron que mostrara simpatía por sus poderosos enemigos y no se anduviera peleando con todo mundo. Pero no convenció… tal vez se percibía raro y socarrón.
Ahora, fíjense, muestra cierta apertura y tolerancia, lo que también haría más difícil que luego quisieran escamotearle un resultado favorable. Muchos critican este pragmatismo pero puede ser un cambio positivo e inteligente. Aunque no se altere su carácter en lo profundo, los golpes de la experiencia llevan a modificar actitudes y se le ve dispuesto a pactar. ¿Deja de lado dogmatismos y fundamentalismos para “mancharse” un poco con las mafias y la Presidencia en mente?
Famoso por restar y dividir, miren ustedes, parece inclinarse ahora por sumar y multiplicar. Y si bien esto implica costos y dudas, el saldo debería ser favorable para su proyecto. Y para el país, si gana.
Se habla también de “una extraña mezcla de rabia y comprensión,… de prehistoria y de futuro”. Muchas cosas van a suceder aún, y creo que los adversarios de AMLO tendrán que tomar nota y mejorar sus campañas. Ya veremos.
Pero, un momento, ¿no serán noticias falsas? Se trata de un tipo ladino y oportunista que sabe simular, y nosotros queremos creer en algo tras tantas decepciones. Si va a ser presidente, digamos, estaría bien que no resulte tan equívoco y tan negativo, que no quiera reinventar a México a partir de cero y con sangre.
Igual y todo depende del cristal con que se mira, pero nuestro país ya necesita buenas noticias. A la mejor gana él y, oigan, se ve forzado
a cumplirlas.

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