Familia y escuela Capítulo 103: Lecciones anticipadas
Tal parece que la formación y educación que como maestros y padres de familia hemos brindado y recibido, ha sido mediante un esquema “lineal”; es decir, como si fuera una receta infalible que, al poner todos sus ingredientes en el orden y proporción indicada, tendrá siempre y en todo momento el mismo resultado.
Desde las familias se ha enfatizado en ir creciendo y paulatinamente adquirir las reglas de comportamiento social y cultural; la forma correcta de actuar, hablar y hasta contestar; el cómo vestirse y las diferentes reglas de etiqueta, así como el trato hacia los demás; la reproducción de las diferentes costumbres, que en ese grupo se han ido practicando por generaciones y mil cosas más que en este ambiente de familia se aprenden.
Desde luego que resulta obvio el entender que todo ello se hace para fomentar y formar individuos sanos en el sentido integral de la palabra, con las mayores y mejores posibilidades de éxito en su desarrollo futuro; sin embargo, también tendríamos que entender que en muchos de los casos esta formación se fomenta sobre terrenos ideales y planificados como una serie de pasos a seguir para “ser alguien en la vida”.
“…si sigues las reglas y acatas lo que se te indica, llegarás a ser alguien de provecho” “…deberás cumplir con las labores que de acuerdo a tu edad te pidan en la casa y la escuela” “todavía no es tiempo de pensar en el amor y en tener pareja, primero estudia, trabaja y luego que tengas con que defenderte y mantener a una familia, entonces si te puedes casar” “…es muy simple: naces, creces, te reproduces y mueres”.
Este formulario que se ofrece, sin duda que es necesario, por ser parte de las bases y funciones socio educativas que competen a toda familia, pero ya no es suficiente, sobre todo porque la vida real afuera del hogar, no sigue necesariamente esos pasos, ni en el orden que se muestran.
Para el caso escolar, queda claro que sus avances están conformados de forma lógica, de acuerdo con las capacidades, sobre todo cognitivas de los alumnos; cronologías que te llevan a ubicar que a determinada edad debes estar cursando un nivel y un grado, el cual está ya preestablecido para todos en general; el primer grado, está necesariamente antes que el segundo y así sucesivamente.
Esta fórmula provoca que cuando se rompe o trasgrede, causa gran asombro, por ejemplo: en los casos en donde alguien de menor edad y, por consiguiente, con “menores” (yo diría “diferentes”) capacidades y habilidades intelectuales, logra después de muchos esfuerzos demostrar que no obstante ser inferior, puede cursar con éxito grados de estudios superiores.
Hay de aquellos que, habiendo transcurrido la edad marcada, no logran superar o acreditar los niveles de estudio establecidos; por muchos son etiquetados como “fracaso o retraso escolar”, en otros casos son conducidos hacia la educación especial; todo ello, con el estigma y angustia de sus padres.
En ambos casos, tanto en el familiar como en el escolar, se aplica por lo general una educación que llamo: “lineal”, que tiene como principal marco de acción el llevar paso a paso una fórmula, como si la realidad nos estuviera esperando y se adaptara a nosotros; como si todo lo aprendido se fuera a aplicar en el tiempo y momento preciso.
Tenemos que reconocer y darle su lugar a los aprendizajes formales que se dan en hogares y escuelas, pero también reconocer aquellos que se dan anticipadamente fuera de ahí; es decir, fomentar en nosotros, en hijos y alumnos, la capacidad para sacar el mejor provecho de las experiencias y situaciones vividas, las que, por supuesto no están sujetas a un calendario o planeación.
Mucho antes que en la escuela se aprendan las operaciones básicas y herramientas tan útiles para cálculos de fracciones, proporciones y medidas, ya los pequeños que asumen su lugar vendiendo productos en la calle, en algún espectáculo público o ateniendo el negocio familiar, lo aprendieron perfectamente.
Ya para cuando en alguna escuela o familia, se practica la preparación y cocción de alimentos, ya los adolescentes y hasta muchos niños que se quedan solos en su casa por el tipo de trabajo de sus padres o por orfandad, aprenden a hacerlo.
Antes de cursar una carrera para desempeñar alguna labor productiva, ya desde niños aprendieron los pormenores técnicos y empíricos de la profesión, oficio o actividad económica de sus padres, veamos solo algunos ejemplos: ellos ya saben cuándo y cómo preparar la tierra, el sembrar y cosechar; conocen el movimiento de las mareas y el tiempo propicio para pescar, así como la preparación y uso de redes y atarrayas; cómo usar las plantillas para el corte y posterior unión de las partes de piel para crear zapatos, bolsos, carteras, etc.; cómo tejer, cortar y unir las piezas de prendas para vestir.
Mucho antes de la primera clase de educación sexual en la familia o la escuela, ya ellos obtuvieron variada información en todas las series, películas y hasta documentales que circulan a diario en la programación televisiva, plataformas y redes sociales.
Con demasiado tiempo de anticipación a que en la familia o escuela se les advierta sobre lo nocivo del consumo de sustancias o drogas legales o no, ellos ya vieron a quienes las consumen, a veces en su propio hogar, en la calle, televisión y todos los medios de información y comunicación al alcance de su mano; incluso, en ocasiones, ya tuvieron contacto físico con ellas.
Ya otros, dejaron seguir el curso de la naturaleza y al convertirse en padres, dado que ya podían eyacular y ovular siendo todavía adolescentes, tuvieron que aprender prematuramente a asumir el rol y la responsabilidad de la paternidad y maternidad y con ello, el dormir diferente y en ocasiones el no dormir ante la presencia y cuidado del bebé; el tener que obtener el sustento, el cambiar pañales y preparar biberones, entre otras múltiples acciones.
Otros más ya aprendieron a migrar a otra población o país e improvisar desde el transporte, la alimentación y la vivienda, así como a sortear los peligros de ir en tránsito por lugares desconocidos.
En fin, no toda la educación está sujeta a una planificación y un calendario, debemos ser conscientes de ello y, en consecuencia, no descartarla y al mismo tiempo fomentar el buen uso de las lecciones aprendidas anticipadamente.
Comentarios: gibarra@uaslp.mx
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