Familia y escuela Capítulo 55: El tiempo (XIV)
A medida que uno va creciendo, aumentando años, haciéndose más viejo o maduro, como queramos interpretarlo; sucede que, de manera directamente proporcional, se van incrementando los miedos y en muchos de los casos hasta las inseguridades; riesgos que durante la adolescencia y juventud ni siquiera los pensábamos, ahora los tenemos presentes.
Es entonces que el futuro atemoriza, nos hace parecer inseguros ante la incertidumbre y los cambios. Nos volvemos previsores, nos ocupan y preocupan elementos económicos, de salud y enfermedad; comenzamos a ver cosas del contexto social que siempre habían estado ahí, pero hasta ahora las advertimos; incluso, en algunos casos, nos volvemos más místicos y religiosos.
Además, aparecen elementos de valores morales y sociales, haciéndonos parecer jueces capaces de criticar todas las acciones que ocurren cotidianamente en la sociedad, con nuestros hijos o con nuestros alumnos; como si, en su momento, nosotros nunca hubiéramos cometido algún error; pero ahora, por motivo de la “madurez”, se limpian todas nuestras faltas y se nos otorga la calidad moral y la facultad de decir, aconsejar, juzgar, imponer castigos y otorgar miradas y ademanes de reproche a quienes están pasando por el mismo camino que transitamos en su momento.
Para muchos jóvenes y adultos, ante el embate de sus incertidumbres, es más que necesario el “escape del futuro”, para vivir con el “motor” de la nostalgia. Desde luego que no tiene nada de malo el evadir, al menos mentalmente, al porvenir; mientras que esta forma evasiva de vida otorgue una seguridad personal y un transitar práctico y adecuado por la cotidianidad.
Estos “escapes del futuro”, evadiendo su inseguridad, quedan plasmados en múltiples vivencias y obras, como es el caso de “el coronel no tiene quien le escriba” de Gabriel García Márquez (1955), llevado al cine por Arturo Ripstein (1999), en donde recordamos al personaje principal sobreviviendo, aferrado a la esperanza del pasado, su pensión de militar.
En otro caso, Pablo Latapí (1992), menciona: “Tuvimos éxito. Hoy la apertura comercial ha logrado hacer de nosotros un país moderno. Hoy somos eficientes, Pero nos han quedado, a algunos al menos, ciertas nostalgias de un pasado que perdimos en la transición. ¿Qué perdimos? Perdimos la misericordia. La piedad hacia los ciegos y hacia los ancianos. La familia extensa en que los nietos escuchaban las historias increíbles de los abuelos. Tantas cosas que no eran eficientes.
La poesía, por ejemplo, que en algún tiempo expresó los sueños imposibles de los jóvenes o captó el encanto de la provincia o inventó lenguajes inéditos, ya casi desapareció. ¿Qué aporta un poeta al PNB? Tuvimos éxito, lo cual significa que somos competitivos. Tuvimos éxito y hoy somos más racionales; no nos percatamos de que hacernos racionales, tan racionales, era perder un gran pedazo de nuestra alma: las fantasías, las ilusiones, las utopías...”
De igual forma, Eduardo Galeano, exponiendo lo difícil de sobrellevar los tiempos “desechables” por venir, se declara “amarrado” a su pasado, en su nota: “Me caí del mundo y no sé por dónde se entra”: “…Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco …ya no hay zapatero que remiende un zapato, …ni afiladores por la calle para los cuchillos. En el afán de guardar (porque éramos de hacer caso a las tradiciones) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes, el primer cabello que le cortaron en la peluquería…”.
Evadir la realidad del futuro, para muchas personas, no necesariamente ancianas, resulta muy útil y justificable, pues se extraña la comodidad y seguridad que otorgaba el vivir en esas condiciones, las cuales, al dejar de existir, nos arrojan a enfrentar al mundo ya sin ese acompañamiento y es por eso que tiene sentido el vivir del y con el recuerdo de alguien querido que ya ha partido: pareja, amigo, padre, madre o abuela.
Para motivos de las personas que directamente están formando a hijos y alumnos, resulta casi inevitable el comparativo generacional:
Padre de familia y maestro de educación primaria, 52 años: “…los tiempos pasados eran mejor. …los cantantes, compositores y músicos antiguos, esos sí que eran cantantes, no requerían enseñar el cuerpo para ser “buenos artistas”, no que ahora puros “covers” o bien hacen “play back” y los coros son los que hacen las voces principales …en la escuela, los alumnos y maestros anteriores en verdad que hacían su papel de manera ética y con vocación”
¿Quieres escapar del futuro? Creo que es válido, si resulta una fórmula práctica para afrontar con mayor seguridad el porvenir; sin embargo, si eres padre de familia o profesor de cualquier nivel educativo, recuerda que tus hijos o alumnos, tienen que transitar por senderos que, definitivamente por más que se parezcan a los que tú transitaste, jamás serán las mismas condiciones ni circunstancias; por lo tanto, se vuelve indispensable el enseñar a adaptarse a las condiciones que se presenten; y, sobre todo, hacia el uso de las mejores herramientas para afrontar el futuro.
Comentarios: gibarra@uaslp.mx
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