Familia y escuela Capítulo 68: Movilidad social

"...Ese día, tocó a la puerta un señor de aspecto serio, alto, con sombrero de fieltro propio de los años cuarenta; de traje y zapatos oscuros, gastados por el uso y con un portafolio en iguales condiciones; cuando lo saludé y le pregunté ¿qué se le ofrece?, me respondió de manera muy incierta y con indecisión: vendo poemas..."

En efecto, nos encontramos en una sociedad que privilegia los productos objetivos, de uso cotidiano, "de utilidad práctica", "de novedad y moda", "que proporcionen estatus", que embellezcan el cuerpo o por lo menos "sepan sabrosos"; la lista de productos es enorme y su creación e imposición con órdenes de compra con excelentes campañas publicitarias, se multiplica todos los días.

Pero ¿que alguien venda poemas, por la calle y de casa en casa?, resulta para muchas personas algo inverosímil, fuera de todo contexto y hasta ocioso e inútil; con toda razón, en su crítica irónica, Pablo Latapí mencionó: ¿Qué aporta un poeta al Producto Nacional Bruto?

¿Pagar por las ideas y pensamientos de otro? ¿considerar que sean redituables laboral y económicamente?

Es claro que las carreras más demandadas en universidades y tecnológicos, son las encaminadas a actividades que tengan implicación directa con el sector industrial de transformación, manufacturas, administración; o en sectores en donde la producción de bienes y servicios destinados hacia el consumo, tengan un flujo y acomodo asegurado.

En cambio, existen estudios superiores, generalmente pertenecientes a las ciencias sociales y humanas que, o bien no se tiene una claridad de su objeto de estudio, es decir, no se sabe a qué se dedica uno de sus egresados; o se tiene muy claro que no existe un campo laboral abierto, desde luego con muy pocas oportunidades de trabajo.

¿A qué se dedica un filósofo, un antropólogo, un historiador o un licenciado en letras? ¿en dónde pueden trabajar? ¿se paga bien por su trabajo o subsisten de miseria?; sin embargo, nadie dudaría de lo que hace y lo que percibe un médico, un abogado, un ingeniero y hasta un político.

Más allá de que existan carreras con alta, baja o nula demanda, resulta fundamental que todas ellas, aún las más "duras", tengan de base o complemento, elementos "blandos"; por ejemplo, el ingeniero civil el cual domina los conocimientos teóricos y técnicos de su disciplina, pero que además sabe de la cultura, filosofía y formas de ver y apreciar la vida del lugar y  las personas en donde realizará su trabajo, para que al momento de hacer  una construcción, imprima y relacione esos conocimientos en cada espacio edificado.

O el médico que conoce, además de su quehacer técnico profesional, de las costumbres y prácticas cotidianas de medicina tradicional de sus pacientes y de la región que habitan; o el abogado que sabe de los usos y costumbres que rigen normativamente a una comunidad.

Hablamos de educación integral diversificada, en donde se le otorga también importancia a elementos que colaboran en la formación de personas y profesionales, desde aspectos totalmente humanos, como los sentimientos, valores, actitudes, creencias, con total apertura de criterio.

A saber, la cultura material es tan importante como la inmaterial; los productos objetivos y tangibles, son tan relevantes como los que no podemos palpar; por lo que, en esta óptica, las ideas, costumbres, proyectos, canciones, poesías y más, cobran tanta importancia como cualquier computadora o pantalla de alta definición.

Desde luego que este equilibrio es un reto para todos aquellos que encabezamos un proceso formativo: los que somos docentes, padres de familia, comunicadores, trabajadores de la salud y en general todos los que, mediante nuestro trabajo, interactuamos directamente con los demás.

"... cuando lo saludé y le pregunté ¿qué se le ofrece?, me respondió de manera muy incierta y con indecisión: vendo poemas; ante el grato asombro que me causó el oír este ofrecimiento, el señor inmediatamente desplegó desde su portafolio un catálogo, cual si fuera un muestrario de productos con los títulos disponibles: de amor, de la madre, de la luna, de las flores y otros; al mismo tiempo, me daba una "prueba" de sus creaciones, diciendo fragmentos de algunos de ellos. 

Le compré tres y de promoción (así me lo ofreció) me dio de regalo el cuarto poema. Lo hice por dos razones: porque dudo que alguien más le haya comprado alguno; pero, además, por haberme enseñado con valentía, que las ideas y pensamientos son tan valiosos como el más actual y necesario de los productos"

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