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Familia y escuela Capítulo 75: Dualidades y extremos

Por Gustavo Ibarra Hurtado / PULSO

Septiembre 01, 2021 03:00 a.m.

Una de las formas más generalizadas de percibir, analizar y catalogar fenómenos y sucesos naturales, así como acciones y elementos relacionados con las personas, sin duda es la separación lógica y espontánea en dos partes.

De manera natural tenemos la tendencia a comprender situaciones y hechos, percibiéndolos para ello, de manera clara y precisa, como una dualidad que ubica ambas partes de un extremo a otro.

Tenemos por ejemplo la separación del día y la noche, al sol de la luna, el bien del mal, el negro del blanco, lo salado de lo dulce, la mujer del hombre y como resulta obvio, una gran cantidad de ejemplos más; y aunque, en cada uno de ellos existen puntos intermedios, así como más posibilidades y variantes, la tendencia es a polarizarlos.

Por supuesto que para la mayoría de las personas resulta preferible esa forma de separación que da una seguridad en su análisis y comprensión, dejando de lado las variantes que entre extremo y extremo se pueden presentar y que, desde luego lo harían más diverso y maravilloso, pero también con mayor complejidad.

El día, con la claridad y luminosidad que otorga la luz del sol, tradicionalmente se ha concebido como sinónimo de actividad transparente, legal y socialmente aceptada; por su parte a la noche se le han atribuido una carga de características que van desde la oscuridad y sus penumbras, ocultamientos, actividades peligrosas y hasta cuentos de horror y misterio. 

El solo separar así estos dos ciclos diarios, prejuzga y etiqueta negativamente al momento en que, sin haber luz, se otorgan las condiciones adecuadas para el descanso necesario del cuerpo de humanos y muchos animales y plantas; además se deja de lado el reconocer múltiples especies de seres vivos que subsisten en ecosistemas nocturnos; aún más, se omite de apreciar el inigualable e impresionante espectáculo en el cielo con su inmensa belleza reflejada en estrellas, planetas y nuestro satélite natural, en donde dicen que “se refleja la silueta del conejo”; con ello,  se niega además, el momento de los enamorados, casi ubicándolo como algo oscuro y pecaminoso.

En otro ejemplo, son incontables las diferencias que desde mucho tiempo atrás se han establecido históricamente entre personas de raza negra y blanca, teniendo esta última los mayores privilegios, los cuales van desde prejuicios estéticos, intelectuales y hasta morales, otorgando a priori la característica de confianza y honestidad.

Esta polarización, la cual todavía se encuentra presente hasta nuestros días, ha dejado de lado al menos dos cosas: las innegables cualidades que sin duda poseen personas de raza negra; pero además, omite de facto, la gran cantidad de razas y grupos étnicos, que sin ser enteramente negros o blancos, cohabitan el planeta aportando su inmensa riqueza cultural y social.

¿Qué decir de la polarización sexual y de género que se establece tajantemente entre hombre y mujer?

Resulta impresionante la forma de enseñanza que, desde la sociedad en su conjunto, se ha perfilado hacia esta dualidad; para ésta, solo existen esas dos posibilidades: o eres biológicamente hombre o mujer, con los aparatos sexuales y otras características físicas repectivas; incluído, por supuesto, las respectivas costumbres culturales de vestuario, formas y normas de comportamiento y más, que dividen al género masculino del femenino.

En verdad que ha sido en extremo efectiva esta educación sexual polarizada, porque a la fecha todavía existen quienes dejan de lado, no comparten y no aceptan las diferentes tendencias y prácticas sexuales y de género, lo cual por cierto, están en todo su derecho de hacerlo, mientras prevalezca el respeto.

Pero, además, esta efectividad educativa se ve reflejada en el desconocimiento de quienes todavía solo distinguen en los humanos únicamente a dos sexos, desconociendo que física y biológicamente existen cinco, incluso en uno de ellos se manifiestan ambos aparatos sexuales, lo que por cierto, se evidencia de manera natural en algunas plantas y animales.

¡Vaya responsabilidad de la educación! y por supuesto que me refiero a aquella que se da de forma integral diversificada en familias, escuelas, medios de comunicación y en general en todos aquellos espacios en donde se convive, sobre todo porque en cualquiera de sus vertientes, ésta ha tenido la encomienda de combatir la ignorancia y de ser la portadora de progreso y desarrollo para quien la posee; sin embargo, si con ella se gesta una separación y definición tajante, bajo el pretexto de brindar información precisa, comprensible y clara, se está incumpliendo con su propósito.

Estas dualidades y extremos han marcado y estado presentes en las prácticas educativas, bien sea en familias o escuelas, en donde encontramos alumnos, maestros, padres de familia etiquetados polarizadamente en buenos o malos, aprobados o reprobados, destacados o insuficientes; desde luego que estas etiquetas omiten una variedad de conocimientos, valores, actitudes y otras habilidades que, desde los límites establecidos no se hacen visibles.

Entre el blanco y el negro hay una gama inmensa, maravillosa y radiante de colores, que distan mucho de la seguridad y parsimonia que ofrecen los extremos. La educación en la escuela y en la familia tiene la encomienda de mostrarlos.

Comentarios: gibarra@uaslp.mx