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Familia y escuela Capítulo 85: Lecciones eficaces, pero indeseables

Por Gustavo Ibarra Hurtado

Noviembre 10, 2021 03:00 a.m.

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Somos, queramos o no, asistentes a grandes y explícitas lecciones cotidianas, que nos muestran con lujo de detalles, las formas y medios que tenemos que aprender para ser un ciudadano de nuestros tiempos; las maneras en que debemos comportarnos, las condiciones y sucesos que debemos aceptar como “normales” y, sobre todo, a lograr graduarnos en la materia de indiferencia, con especialidad en indolencia y posgrado en insensibilidad.

Algunos teóricos llaman a lo anterior como efectos de socialización y hegemonía; para Galeano, lo enuncia como “Patas arriba, la escuela del mundo al revés” con lecciones magistrales de impunidad y otras injusticias.

Estas materias, tienen lugar en las escuelas, las casas, la calle, en un transporte público y en general en todos los espacios de interacción social; incluso, debido a los avances en comunicación, los canales de difusión han sido, ya no solamente la radio y la televisión, sino todas las redes sociales y formas virtuales, que de manera creciente e innovadora han estado apareciendo.

Los temas que se enseñan en estas clases, se nos han venido repitiendo cotidianamente hasta el cansancio, con órdenes y ejemplos concretos, demostrando la forma “normal” para convivir en sociedad y ser exitoso: “El camino más corto es el mejor, aunque pisoteemos a otros” “Imponerse “pateando traseros” es una forma necesaria y hasta generadora de respeto” “Algunas profesiones y posgrados, incluso cursados en el extranjero, sirven para encontrar “huecos” en la ley o formas legales, para sacar provecho personal” “Las posiciones de poder político, ya no son para servir a los demás, sino para servirse de ello” y el temario sigue de manera interminable.

La efectividad de este plan de estudios indeseable, radica en mayor medida en sus medios de difusión; por ejemplo, para fomentar conductas y costumbres antisociales, no hay mejor escenario de inicio que los hogares, ahí donde se aprecian espectáculos de violencia, consumo de sustancias legales o no, formas anómalas y corruptas de resolver situaciones y conflictos, alimentación poco saludable y muchos otros contenidos.

La retroalimentación y ampliación de estas actitudes y comportamientos, viene posteriormente, con la aparición del escenario fuera de la casa, en las calles de barrios, colonias y módulos de vivienda, correspondiente a cualquier estrato socioeconómico, en donde se aprecian espectáculos como los asaltos, venta de sustancias nocivas, violencia y agresividad entre automovilistas y personas de a pie, poca o nula solidaridad ante un evento o accidente, y más.

La escuela no está exenta de formar parte de estas lecciones, menciono solo un ejemplo: desde muchos de los hogares y aún muchos profesores fomentan que, para ingresar a un plantel de cualquier nivel educativo, no importa tu cultura, tus valores o incluso tu resultado del examen de admisión, lo “verdaderamente importante” es tener conocidos que laboren en él o tener una “recomendación” de algún personaje importante, que los ingrese sin problema alguno.

Mención aparte merecen los medios de comunicación masiva; su poder y efectividad en este programa de estudios es contundente. Ya mucho resulta el afirmar que son el motor de la sociedad de consumo, ordenando a las generaciones de individuos – alumnos, cómo deben vestirse, los alimentos que deben consumir, la música que deben escuchar; las características, solo positivas, de los candidatos por quiénes hay que votar y un mar de influencias a seguir.

De manera no menos importante en las lecciones no presenciales que dan los medios, se encuentra la denuncia, pero al mismo tiempo, la difusión y hasta en algunos casos la exaltación de la violencia y la delincuencia; basta con ver un par de horas la programación de cualquier cadena televisiva o contenido transmitido en diferentes plataformas por la internet.

Los noticiarios, llenan sus comunicaciones con tragedias, asaltos, ejecuciones y tiroteos entre bandas de delincuentes y fuerzas armadas oficiales; en muchas ocasiones, debido a la gran proliferación de cámaras en celulares y de vigilancia, estas transmisiones son en tiempo real y con una gran nitidez; todo ello, como si fuera una gran pelìcula de acción.

Es comprensible que el comunicar estas noticias son el reflejo fiel de la situación social que viven varios países, incluido México; sin embargo, no dejan de ser lecciones en donde se enseña, por un lado, el perder la capacidad de asombre y acostumbrarse al gran temor y cuidado que se debe tener al asistir a cualquier lugar fuera de casa; por otro lado, mostrar de manera explícita a las personas que emprenden su carrera delincuencial, las ideas novedosas de cómo actuar, el lenguaje y vestuario que pueden utilizar y en algunos casos, los castigos mínimos a los que se pueden hacer acreedores.

Es inaceptable que estas lecciones, hayan “normalizado” ya, entre otras cosas, la reducción a simples números de los miles de nombres, fosas e historias de desaparecidos; así como tomar, cual si fuera una noticia simplona más, a las mujeres que, emulando a las “locas de plaza de mayo”, han salido en su búsqueda.

Para entender estas lecciones indeseables, no se requiere ser experto, ni alumno destacado; tan solo ser habitante de este mundo, de esta sociedad; transeúnte de estas calles citadinas y autopistas cibernéticas.

Por fortuna, existimos todavía los “alumnos rebeldes”, aquellos que no seguimos al pie de la letra las instrucciones para “normalizar” todas las actitudes y conductas mostradas en las clases indeseables, descritas en párrafos anteriores; quienes estamos todavía empeñados en abrir los ojos, los criterios y las mentes de las personas y demostrar que, poniendo nuestro empeño, decisión y valentía, podemos aportar en crear el filtro, que instaurado en alumnos, hijos y en todos aquellos que reciben nuestro mensaje, sirva para tomar decisiones correctas.

Nunca como ahora, La educación integral diversificada tiene sentido; pero, además, con la encomienda de rescatar la capacidad de asombro, fomentar los valores y actitudes que, de manera anárquica, resulten una contracorriente hacia el aceptar como “normales” a los fenómenos de corrupción, impunidad, violencia, delincuencia y desapariciones forzadas.

Ese es nuestro reto, yo lo acepto ¿y tú?

Comentarios: gibarra@uaslp.mx