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Familia y escuela Capítulo 88: Coordenadas para educar

Por Gustavo Ibarra Hurtado

Diciembre 01, 2021 03:00 a.m.

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En cualquier lugar, en cualquier tiempo y en cualquier circunstancia, la educación siempre ha estado ahí acompañando todos los procesos sociales, todos los hechos cotidianos y los históricos; atestiguando y guiando el paso de hombres, mujeres y niños por los diferentes espacios culturales y geográficos de la tierra; ayudando en la resolución de los grandes problemas y hasta los más sencillos; en grandes conglomerados y en cada persona en específico.

Cuando la escuela surge oficialmente como tal, ya los procesos educativos tenían una larga trayectoria, corroborando que la educación es un proceso y no un lugar; y que, no está desarrollada únicamente entre maestros y alumnos.

Este gran proceso, no es una acción simple, por más que se efectúe de forma espontánea e improvisada, incluso hasta cuando se planea técnicamente; sobre todo porque entra en juego la complejidad de los sujetos implicados: alumnos, hijos, padres de familia, maestros y más, y que éstos no se encuentran aislados, ni en alguna burbuja que les impida tener, cada uno de ellos, un contexto y condiciones específicas que los determina y que, necesariamente “juegan” e interfieren para su desarrollo y formación.

No cabe duda que educar y formar personas, es en sí un trayecto complejo, que para que se desarrolle y se lleve a cabo, todos los que estamos involucrados debemos tomar en consideración al menos tres coordenadas: el tiempo, el espacio o lugar y la circunstancia.

El tiempo, como primera coordenada, especifica no solo los minutos, horas o años en que alguien es educado en una escuela o familia; sino la “temporalidad”, época o generación sociocultural a la que se pertenece y con la que se interactúa.

Las formas de enseñanza y aprendizaje, los contenidos, las formas laborales y hasta las costumbres y algunos valores y actitudes varían y se modifican, dependiendo de la época en la que se les pretendan transmitir y fomentar.

Resulta evidente cuando un padre o madre de familia, lo mismo que un profesor o profesora se enfrentan a sus hijos o alumnos y existe una barrera en la comunicación al pertenecer a generaciones distintas, unos queriendo que los jóvenes actúen como a los adultos se les enseñó y como a ellos, el sentido común, las reglas sociales y la experiencia les dicta que es “lo mejor” y los otros al sentirse no escuchados e incomprendidos.

La segunda coordenada, es el espacio o lugar en el que se habita y se suceden las experiencias personales; dado que todo conocimiento que no se vincula con la práctica, se puede comprender y acumular, pero al cabo de un tiempo, a veces muy breve, se olvida y quedó desfasado y en desuso.

La educación y formación recibida es diferente, dependiendo del lugar en donde ésta se brinde; llegando incluso, a ser opuesta y hasta contradictoria entre grupos, pueblos y naciones; lugares en donde acciones y conductas son aceptadas son, al mismo tiempo, prohibidas en otros; incluso este fenómeno se aprecia de una familia a otra.

La tercera coordenada es una característica humana, dado que la circunstancia por la que atraviese la persona o grupo social se verá directamente reflejada en las formas en que se reproduzcan y se apropien de costumbres, conductas y conocimientos.

En lo que respecta a grupos sociales, si se encuentran inmersos en situaciones de violencia, desde luego que esa situación enseñaría a sus habitantes a estar alertas en todo momento y a aprender a tomar medidas correspondientes a la defensa o situaciones de cuidado personal; de la misma manera en lugares altamente industrializados o en su opuesto, a lugares marginales, sus pobladores aprenderían a adaptarse en sus comportamientos y procedimientos, al medio en el que se desenvuelven.

En lo individual, es por demás claro que la situación por la que pasa cada persona, influye directamente en la forma en cómo enseña y cómo aprende; incluso, damos por hecho que al enseñar, el hijo o el alumno lo aprende, tan solo porque me escuchó atentamente o porque me respondió perfectamente en un examen. 

Estamos pasando por alto el libre albedrío, como esa cualidad enteramente humana de decidir sobre mi persona; esa situación en donde mi condición particular me lleva definitivamente a no querer enseñar y no querer aprender o, incluso, fingir que enseño y que aprendo.

Afirmaba el filósofo español Ortega y Gasset: “Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo”, en efecto, dependiendo del estado de ánimo de la persona, de su disposición, interés, motivación, autoestima y hasta de los problemas en los que esté envuelto, son aspectos que, aunque ni siquiera lo sepamos o, aún sabiéndolo, no los tomamos en cuenta, pero que siempre están presentes en este proceso educativo y formativo.

En su circunstancia, el alumno se ve obligado a asistir a clases y en esta dinámica forzosa, muchos de ellos encuentran totalmente aburrido el estar sentados oyendo a alguien que les pide, les dicta, les habla, les da a leer libros que por más que tengan dibujos de colores, les resultan totalmente paralelos a su realidad, debido a que al final solo tendrán que repetir fielmente en un examen todo lo que el maestro y ese libro decía, y solo con ello, ser apreciado como “excelente”. 

De igual forma, la circunstancia de estar obligado a escuchar a papás y comportarse tal como ellos lo piden, sin contradecirlos, ni mucho menos cuestionarlos en relación con sus comportamientos cuando tenían tu edad, si fueron perfectos como te lo solicitan o si se equivocaron alguna vez y no lo reconocen ahora de adultos.

En ambos casos, en la escuela y en la familia, la circunstancia de cada hijo y alumno, es decir, sus sentimientos, sus propios problemas, angustias, preocupaciones y miedos, incluso hasta sus aficiones y cosas que les hacen sentirse feliz, todo ello, generalmente es dejado de lado.

Reitero, no es fácil el proceso de formar y educar, pero si se desea hacerlo de una manera pertinente, debemos tomar en consideración y hacer coincidir estas tres coordenadas: el tiempo, espacio y circunstancia.

Comentarios: gibarra@uaslp.mx