Feliz año. Como sea
No vaya usted a creer, lectora, lector querido, que acá a su servilleta la ha invadido el negro pesimismo y que empiezo el año sumergida en una profunda depresión. Yo más bien soy de malos ratos (a veces malos gustos) y desde hace ya mucho que no me creo eso de la dicha eterna, que todo se soluciona echándole ganas y que para ser feliz nomás se necesita que primero uno esté bien.
Lo cierto es que la felicidad viene en dosis a veces más grandes, a veces más chicas. Lo bueno es que la desdicha también. Sí, uno debe poner de su parte para que las cosas resulten, pero es una falacia que nomás con las puras ganas se solucione cualquier problema en esta vida. La verdad es que en innumerables ocasiones habrá un montón de factores externos e incontrolables que inciden en solucionar las situaciones complejas, así que por más ganas que uno le eche, habrá cosas que no van a resolverse. Y, finalmente, uno puede trabajar en sí mismo, comer frutas y verduras, hacer ejercicio, vaya, "estar bien" y todo alrededor puede ser una imagen similar al Upside de Stranger Things o al apocalipsis bíblico, ahí usted escoja.
Si tomamos en cuenta estos tres detalles y sumamos que el año empezó muy movido (literalmente, hubo temblor), amén de que la política internacional no está en su mejor momento y que rumbos más cercanos tampoco andamos muy calmados que digamos, lo cierto es que, como me dijo un amigo, no hay mucho de dónde agarrarse para desear feliz año. Y aún así, lo hacemos.
¿Por qué entonces, deseamos un feliz año? Seguramente porque nos apegamos a ese corte simbólico que hacemos al terminar el año esperando dejar atrás lo difícil y buscamos crear una nueva página en blanco con la esperanza de ser los dueños de la pluma y los redactores de los párrafos. Tal vez sea también porque estamos realizando un reconocimiento a la resiliencia que tuvimos y haciendo acopio de fuerza porque sabemos que necesitaremos más para seguir avanzando. Nos deseamos feliz año para poder decirle a los otros que no están solos, que formamos parte de una cadena comunitaria, que lo que te pasa a ti, también le pasa al otro y al de a lado y que, por tanto, entre todos, podemos sobrellevar el peso entre todos porque nos entendemos.
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He recordado a Ortega y Gasset, que dijo un montón de cosas sabias, pero vienen hoy al cuento una: "La vida es una serie de colisiones con el futuro. No es una suma de todo lo que hemos sido, sino de lo que anhelamos ser". Hoy, lectora lector querido, le deseo que choque constantemente entre lo que es y lo que quiere ser; que se de la oportunidad de sentir el pasado, el presente y el futuro en un mismo instante.
Si usted me lo permite, aquí nos seguiremos encontrando. Le deseo que usted y los suyos pasen un feliz año.
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