Ganar sin Aplastar
A propósito de la culminación ayer de los Juegos Olímpicos de Paris 2024, donde una vez más el mundo fue testigo del espíritu deportivo de una sana y fraternal competencia entre los mejores atletas del planeta, observamos una constante en los deportistas quienes subían al podio a recibir el bronce, la plata o el anhelado oro, pero también en quienes se quedaron en las posiciones donde no se obtenían medallas, esa constante fueron los evidentes gestos de humildad, que hizo a los grandes más grandes en sus victorias, frente a quienes compitieron como adversarios deportivos y por supuesto, el reconocimiento de los vencidos frente a los campeones, sabedores de que en el olimpismo como en la vida hay revanchas. Observar esa fraternal conducta en una actividad tan humana como lo es el deporte de alta competencia, nos invita a reflexionar sobre las razones del porque no podemos trasladar esos gestos de nobleza en otra competencia humana: la política, y particularmente la mexicana. Es claro que el pasado 2 de julio la ciudadanía sufragista de manera contundente votó mayoritariamente a favor de la candidata Claudia, que en poco más de un mes se convertirá en la primer mujer Presidenta de los Estados Unidos Mexicanos. Ahora bien, en la elección para conformar el Congreso de la Unión, que representa al Poder Legislativo de diseño bicameral con 500 diputados y 128 senadores, el mandato fue evidentemente más atenuado, es decir, si bien hasta el día de hoy es posible afirmar que las expresiones políticas cercanas al oficialismo obtuvieron la mayoría de la votación, existe una discordancia que hoy está en manos de la autoridad electoral, que consiste en una hipótesis denominada “sobre representación”, que, en términos sencillos implica que esa expresión política mayoritaria derivado de una interpretación constitucional, podría quedarse por la vía plurinominal con un cercano 70% de la totalidad de escaños cuando menos en la Cámara de Diputados, criterio del que disiente la oposición pues considera que, las razones históricas del constituyente permanente para impulsar las diputaciones plurinominales fue precisamente eso, evitar que una misma expresión política obtuviera tal cantidad de escaños que hiciera prácticamente testimonial la vida parlamentaria desde la oposición, considerando que una mayoría calificada es una aplanadora capaz de transitar reformas, sin necesidad alguna generar acuerdos o ceder en sus posturas, sabedores de que, con sus votos pueden pasar casi cualquier reforma legal. Es cierto y no se niega que hubieron dos mandatos en las urnas, uno indiscutible en la elección presidencial, pero el otro, si bien fue un triunfo para el oficialismo, no fue tan avasallador como se pretende traducir bajo el criterio de otorgar más curules, desconociendo el espíritu de aquel constituyente, -por cierto, conquista histórica de los que antes fueron oposición y hoy son gobierno- que abrió las puertas a la pluralidad democrática en la vida parlamentaria. Por eso inicié estas líneas citando el deportivismo que prevaleció entre vencedores y vencidos en las olimpiadas, porque en toda actividad humana se debe ser grande en la derrota pero más aún en la victoria, dentro del oficialismo hay mentes muy sapientes que saben, bien que lo saben, porque pelearon por ello, saben que lo que aquí afirmo es verdad, que en un parlamento nunca se debe buscar aplastar a quien piensa distinto, esa es la riqueza de la democracia y más en la vida parlamentaria, nadie desconoce que ganaron, pero ganar nunca y menos hoy debe significa aplastar. Por la memoria de aquellos que incluso ofrendaron sus vidas por tener democracia en este bendito país: “No a la sobre representación”. Los sigo leyendo en el correo: jorgeandres7826@hotmail.com.




