Óscar G. Chávez
Dentro de las novelas prohijadas por la revolución mexicana, el potosino Antonio Castro Leal (1896-1981) supo hacer una buena –aunque cuestionable– selección de obras. Aguilar fue la casa editorial que llevó a la imprenta la compilación prologada por el potosino. La obra apareció en 1958; primorosa edición, encuadernada en piel, en los que hojas de papel biblia recogían: Los de abajo, Los caciques, Las moscas, El águila y la serpiente, La sombra del caudillo, Ulises Criollo, La revancha, Cartucho, Las manos de mamá, Apuntes de un lugareño, Desbandada, Campamento, Tierra, Mi general, La tropa vieja, Frontera junto al mar, En la rosa de los vientos, ¡Vámonos con Pancho Villa!, Se llevaron el cañón para Bachimba, El resplandor, La escondida.
Como potosino que soy –y por encima de mi escaso conocimiento en materia literaria– mi interés se centra en La revancha, de Agustín Vera Vallejo (1889-1946) salvaterrense avecindado en San Luis Potosí, ciudad en la que cursó la carrera de abogado y desarrolló su profesión. Dejó también unos apuntes de historia sobre Guatzindeo Salvatierra, y Tradiciones potosinas, hoy joya de bibliófilos.
Al margen de las sentidas descripciones costumbristas, La revancha poco aporta en materia literaria; considero que más influyó en Castro Leal la amistad con el autor y la nostalgia por el terruño, que la calidad de la obra.
Queda atrás la anterior mención. Dentro de la misma compilación de novela sobre la revolución, destaca La sombra del caudillo, que debemos a la excelente prosa de Martín Luis Guzmán (1887-1976), donde narra los convulsos procesos sucesorios y electorales de 1927. Álvaro Obregón, Plutarco Elías Calles, Joaquín Amaro, Francisco Serrano, Arnulfo Gómez, protagonistas cuyos disfrazados nombres, dan lugar a la obra que encuentra su momento álgido en la matanza de Huitzilac.
La novela con todo y sus asegunes pudo circular en México –dicen que gracias a la intercesión del canciller y bibliófilo Genaro Estrada–; no tuvo igual suerte la película homónima producida en 1959 por Julio Bracho y estrenada el 17 de junio de 1960, en el cine Versalles.
Tocó a otro potosino, Jorge Ferretis, director de Cinematografía, revocar la autorización e impedir la exhibición de la cinta; luego fueron requisadas todas las copias y destruidas por orden presidencial, debido a las molestias generadas en el ambiente castrense.
A la cerrazón lópezmateista se contrapuso la apertura –o cinismo– salinista, y a principio de la década de los noventa, la película (gracias a una copia salida del país para su exhibición en el festival Karlovy Vary, en Checoslovaquia) fue proyectada en la Cineteca Nacional.
* * *
Viene a la memoria, gracias a la oportuna mención que un amigo –ilustre togado de raigambre jesuítica– hiciera sobre el guacamole hace unos días, un fragmento del capítulo IV, titulado El brindis:
– iVaya un guacamole bueno! –dijo una voz.
A lo cual contestó lbáñez, sin saber exactamente quién había hablado.
-¿Le gusta, amigo? Pues ya lo ve usted: este guacamole es el mismo que están comiendo allá, en sus tacos de barbacoa, los compañeros que dejamos hace rato en el jardín…
-¿Quién se atreverá ahora a decir que nosotros no sentimos a fondo la Revolución? ¿Estaríamos comiendo aquí, tan contentos, sin haber asistido enantes al convite del pueblo?…
Pero Olivier… soltó a quemarropa palabras… que sonaron más bien a reto o insulto.
-Catarino -dijo-, no seas farsante…
-¿Farsante yo, Olivier?…
-Sí, tú: farsante. Porque lo que estás diciendo es mentira y tú sabes que es mentira.
-Yo no he dicho ninguna mentira, Olivier. Te aseguro que el guacamole que se puso en los tacos que están comiendo nuestros compañeros del jardín es igual a este que aquí comemos nosotros.
-El guacamole será igual -afirmó Olivier, implacable-; no lo discuto. Pero la mentira consiste en que llamas “compañeros” a los pobres indios de la manifestación y en que dices que nosotros no disfrutaríamos de este banquete si antes no los hubiéramos visto comer a ellos. Si son nuestros compañeros, ¿por qué a ellos les das huesos y tortillas martajadas, dejando, además, que eso lo coman sentados en el suelo, mientras a nosotros nos tratas regiamente?
Aquí no pasamos de treinta; allá son más de mil. Sin embargo, estoy seguro de que la comida nuestra va a costarte lo doble o lo triple de lo que pagarás por la mísera barbacoa de los que vinieron a gritar tus vivas y tus mueras…
Catarino habló:
-Señores… ciudadanos…
-Aquí mi amigo Emilio Olivier, que es buen revolucionario, como todos ustedes…
-… buen revolucionario, digo, más que antes haya sido catrín, me dijo la semana pasada que habíamos de sacar candidato a mi general Hilario Jiménez… Muy bien… Luego, hace dos días, me dijo que ya no, que ahora el candidato había de ser el ciudadano general Ignacio Aguirre… Muy bien… Y yo, compañeros, les pregunto a ustedes, como revolucionarios conscientes y honrados: al chaquetear de ese modo mi amigo Olivier, ¿no da pruebas de que si yo soy farsante, como él me decía hace un rato… él, quiero decirlo, es más farsante que yo?…
* * *
La dirigencia estatal del PAN supo repartir entre sus allegados todo tipo de candidaturas para la próxima contienda. Mientras la unción unipersonal los deleita, la democracia partidista es un ejercicio que al parecer los indigesta. Las decisiones claves vienen de lo alto.
Estas decisiones quién no acaba asimilarlas, porque le implica digerir el rechazo sufrido, es el senador Octavio Pedroza, perenne lactante de la enorme ubre del erario; ahora su suplente Óscar García Nava, impugna la designación de plurinominales. Alguien debería explicarle al senador, aunque seguro lo sabe, que en políticas no hay lealtades, pero las traiciones se pagan a un alto costo.
Y como si no tuvieran ya con divisiones y numeritos, la dirigencia panista insiste en restarse afectos; se suman al clamor popular de la investiguen a Mariano Niño. Años atrás hubieran señalado –los políticos de verdad– que contaba con todo el respaldo del partido, sin que obstara eso para la investigación, y en su momento se pronunciarían. Hoy, sin más –quizá por la temporada– piden su crucifixión.
Mientras tanto, queda demostrado que Xavier Nava estaba destinado por naturaleza a ser el candidato del PAN; es simple: aunque MORENA hubiera sido su catapulta idónea, y posiblemente le hubieran permitido llegar a la alcaldía el apellido y el efecto AMLO, su padre y su tío Salvador nunca le habrían permitido irse a MORENA. Él mismo guarda ciertos rencores al tabasqueño López, porque éste le denegó la candidatura del PRD en Chiapas en 2006 a Emilio Zebadúa, con quien Xavier trabajó muy de cerca de 2000 a 2006. De cualquier forma, el niño bien nunca aprendió a digerir el guacamole, para qué pactar con una izquierda de pelados.
En este sentido es conveniente aclarar que aunque en últimos semanas se ha pretendido vincular a Nava con el oficial mayor de Rosario Robles; sin embargo, tanto él como su padre se deslindaron de Zebadúa hace algunos años, al abandonar el consejo editorial de la revista AZ, que el perredista dirigía.
Otros con los que para vergüenzas no paramos, son nuestros diputados: unos chapulinean; otros sin tener consciencia de su conducta esquizoide dan rienda suelta a su desequilibrado afán protagónico. Así Tekmol –futuro alcalde– al tiempo que utiliza la tribuna para difamar, dice sentirse solo, enfrenta demandas, organiza manifestaciones contra la autoridad municipal, y llama maricones a aquellos que no lo apoyan. Alguno de sus asesores debería recordarle que dicen que detrás de cada homofóbico hay una loca reprimida.
En el mismo vodevil legislativo también hay quienes disfrutan de hacerse los desentendidos: fingen no saber que hay en torno al desafuero a los magistrados electorales. Así, aunque el proceso de desafuero inició el 14 de septiembre de 2017, antes de la reforma que suprimió el fuero, los legisladores optaron por no iniciar juicio contra los magistrados; insisten en que la Fiscalía del Estado tiene expeditas facultades para proceder.
Seguro piensan que los potosinos estamos a su nivel e ignoramos las corruptas componendas a las que han llegado en lo obscurito con un magistrado electoral, el de la doble k. El mismo que pasa charola obligatoria y quincena tras quincena, entre los trabajadores del Tribunal.
Al alcalde por su parte, nada lo inmuta, porque nadie lo increpa y nada lo obstaculiza, ni en su tránsito vial. Circula un video en el que se observa que al más puro estilo de Arturo el negro Durazo Moreno –aquel temido todo poderoso jefe de la policía capitalina– le cierran calles y preparan cortes de circulación para que –como jeque petrolero– circule sin molestia alguna en su Mercedes Benz negro por las calles de la ciudad, acompañado siempre de un vistoso dispositivo de seguridad. Decía el manco de Celaya que según el tamaño del arma es el tamaño del miedo.
Y, si todo sigue como hasta ahora, en que a pesar de los ataques y el desgaste mediático, don Ricardo –gracias a su propio apuntalamiento y a los arreglos nocturnos con el gober– continúa como la carta fuerte para la alcaldía y para la gubernatura; nos esperan otros nueve años de numeritos similares. Ni el obispo Montes de Oca, ni el profesor Jonguitud, ni el rajá Marcelo, así se las gastaban; pero a nuestro alcalde le gusta demostrar que digiere el aguacate con todo y hueso.
Se ha servido el guacamole; la farsa inicia.
* * *
Va una muy sentida felicitación a esa mujer y científica excepcional que es la doctora Beatriz Velásquez Castillo, por la más que merecida Medalla al mérito universitario Ildefonso Díaz de León, que el pasado jueves ocho de marzo le otorgó la UASLP. ¡En hora buena maestra!
***
Dicen los que saben, y los que no, repiten: que hoy es sábado social; disfrútenlo pero no se excedan.
Dentro de las novelas prohijadas por la revolución mexicana, el potosino Antonio Castro Leal (1896-1981) supo hacer una buena –aunque cuestionable– selección de obras. Aguilar fue la casa editorial que llevó a la imprenta la compilación prologada por el potosino. La obra apareció en 1958; primorosa edición, encuadernada en piel, en los que hojas de papel biblia recogían: Los de abajo, Los caciques, Las moscas, El águila y la serpiente, La sombra del caudillo, Ulises Criollo, La revancha, Cartucho, Las manos de mamá, Apuntes de un lugareño, Desbandada, Campamento, Tierra, Mi general, La tropa vieja, Frontera junto al mar, En la rosa de los vientos, ¡Vámonos con Pancho Villa!, Se llevaron el cañón para Bachimba, El resplandor, La escondida.
Como potosino que soy –y por encima de mi escaso conocimiento en materia literaria– mi interés se centra en La revancha, de Agustín Vera Vallejo (1889-1946) salvaterrense avecindado en San Luis Potosí, ciudad en la que cursó la carrera de abogado y desarrolló su profesión. Dejó también unos apuntes de historia sobre Guatzindeo Salvatierra, y Tradiciones potosinas, hoy joya de bibliófilos.
Al margen de las sentidas descripciones costumbristas, La revancha poco aporta en materia literaria; considero que más influyó en Castro Leal la amistad con el autor y la nostalgia por el terruño, que la calidad de la obra.
Queda atrás la anterior mención. Dentro de la misma compilación de novela sobre la revolución, destaca La sombra del caudillo, que debemos a la excelente prosa de Martín Luis Guzmán (1887-1976), donde narra los convulsos procesos sucesorios y electorales de 1927. Álvaro Obregón, Plutarco Elías Calles, Joaquín Amaro, Francisco Serrano, Arnulfo Gómez, protagonistas cuyos disfrazados nombres, dan lugar a la obra que encuentra su momento álgido en la matanza de Huitzilac.
La novela con todo y sus asegunes pudo circular en México –dicen que gracias a la intercesión del canciller y bibliófilo Genaro Estrada–; no tuvo igual suerte la película homónima producida en 1959 por Julio Bracho y estrenada el 17 de junio de 1960, en el cine Versalles.
Tocó a otro potosino, Jorge Ferretis, director de Cinematografía, revocar la autorización e impedir la exhibición de la cinta; luego fueron requisadas todas las copias y destruidas por orden presidencial, debido a las molestias generadas en el ambiente castrense.
A la cerrazón lópezmateista se contrapuso la apertura –o cinismo– salinista, y a principio de la década de los noventa, la película (gracias a una copia salida del país para su exhibición en el festival Karlovy Vary, en Checoslovaquia) fue proyectada en la Cineteca Nacional.
* * *
Viene a la memoria, gracias a la oportuna mención que un amigo –ilustre togado de raigambre jesuítica– hiciera sobre el guacamole hace unos días, un fragmento del capítulo IV, titulado El brindis:
– iVaya un guacamole bueno! –dijo una voz.
A lo cual contestó lbáñez, sin saber exactamente quién había hablado.
-¿Le gusta, amigo? Pues ya lo ve usted: este guacamole es el mismo que están comiendo allá, en sus tacos de barbacoa, los compañeros que dejamos hace rato en el jardín…
-¿Quién se atreverá ahora a decir que nosotros no sentimos a fondo la Revolución? ¿Estaríamos comiendo aquí, tan contentos, sin haber asistido enantes al convite del pueblo?…
Pero Olivier… soltó a quemarropa palabras… que sonaron más bien a reto o insulto.
-Catarino -dijo-, no seas farsante…
-¿Farsante yo, Olivier?…
-Sí, tú: farsante. Porque lo que estás diciendo es mentira y tú sabes que es mentira.
-Yo no he dicho ninguna mentira, Olivier. Te aseguro que el guacamole que se puso en los tacos que están comiendo nuestros compañeros del jardín es igual a este que aquí comemos nosotros.
-El guacamole será igual -afirmó Olivier, implacable-; no lo discuto. Pero la mentira consiste en que llamas “compañeros” a los pobres indios de la manifestación y en que dices que nosotros no disfrutaríamos de este banquete si antes no los hubiéramos visto comer a ellos. Si son nuestros compañeros, ¿por qué a ellos les das huesos y tortillas martajadas, dejando, además, que eso lo coman sentados en el suelo, mientras a nosotros nos tratas regiamente?
Aquí no pasamos de treinta; allá son más de mil. Sin embargo, estoy seguro de que la comida nuestra va a costarte lo doble o lo triple de lo que pagarás por la mísera barbacoa de los que vinieron a gritar tus vivas y tus mueras…
Catarino habló:
-Señores… ciudadanos…
-Aquí mi amigo Emilio Olivier, que es buen revolucionario, como todos ustedes…
-… buen revolucionario, digo, más que antes haya sido catrín, me dijo la semana pasada que habíamos de sacar candidato a mi general Hilario Jiménez… Muy bien… Luego, hace dos días, me dijo que ya no, que ahora el candidato había de ser el ciudadano general Ignacio Aguirre… Muy bien… Y yo, compañeros, les pregunto a ustedes, como revolucionarios conscientes y honrados: al chaquetear de ese modo mi amigo Olivier, ¿no da pruebas de que si yo soy farsante, como él me decía hace un rato… él, quiero decirlo, es más farsante que yo?…
* * *
La dirigencia estatal del PAN supo repartir entre sus allegados todo tipo de candidaturas para la próxima contienda. Mientras la unción unipersonal los deleita, la democracia partidista es un ejercicio que al parecer los indigesta. Las decisiones claves vienen de lo alto.
Estas decisiones quién no acaba asimilarlas, porque le implica digerir el rechazo sufrido, es el senador Octavio Pedroza, perenne lactante de la enorme ubre del erario; ahora su suplente Óscar García Nava, impugna la designación de plurinominales. Alguien debería explicarle al senador, aunque seguro lo sabe, que en políticas no hay lealtades, pero las traiciones se pagan a un alto costo.
Y como si no tuvieran ya con divisiones y numeritos, la dirigencia panista insiste en restarse afectos; se suman al clamor popular de la investiguen a Mariano Niño. Años atrás hubieran señalado –los políticos de verdad– que contaba con todo el respaldo del partido, sin que obstara eso para la investigación, y en su momento se pronunciarían. Hoy, sin más –quizá por la temporada– piden su crucifixión.
Mientras tanto, queda demostrado que Xavier Nava estaba destinado por naturaleza a ser el candidato del PAN; es simple: aunque MORENA hubiera sido su catapulta idónea, y posiblemente le hubieran permitido llegar a la alcaldía el apellido y el efecto AMLO, su padre y su tío Salvador nunca le habrían permitido irse a MORENA. Él mismo guarda ciertos rencores al tabasqueño López, porque éste le denegó la candidatura del PRD en Chiapas en 2006 a Emilio Zebadúa, con quien Xavier trabajó muy de cerca de 2000 a 2006. De cualquier forma, el niño bien nunca aprendió a digerir el guacamole, para qué pactar con una izquierda de pelados.
En este sentido es conveniente aclarar que aunque en últimos semanas se ha pretendido vincular a Nava con el oficial mayor de Rosario Robles; sin embargo, tanto él como su padre se deslindaron de Zebadúa hace algunos años, al abandonar el consejo editorial de la revista AZ, que el perredista dirigía.
Otros con los que para vergüenzas no paramos, son nuestros diputados: unos chapulinean; otros sin tener consciencia de su conducta esquizoide dan rienda suelta a su desequilibrado afán protagónico. Así Tekmol –futuro alcalde– al tiempo que utiliza la tribuna para difamar, dice sentirse solo, enfrenta demandas, organiza manifestaciones contra la autoridad municipal, y llama maricones a aquellos que no lo apoyan. Alguno de sus asesores debería recordarle que dicen que detrás de cada homofóbico hay una loca reprimida.
En el mismo vodevil legislativo también hay quienes disfrutan de hacerse los desentendidos: fingen no saber que hay en torno al desafuero a los magistrados electorales. Así, aunque el proceso de desafuero inició el 14 de septiembre de 2017, antes de la reforma que suprimió el fuero, los legisladores optaron por no iniciar juicio contra los magistrados; insisten en que la Fiscalía del Estado tiene expeditas facultades para proceder.
Seguro piensan que los potosinos estamos a su nivel e ignoramos las corruptas componendas a las que han llegado en lo obscurito con un magistrado electoral, el de la doble k. El mismo que pasa charola obligatoria y quincena tras quincena, entre los trabajadores del Tribunal.
Al alcalde por su parte, nada lo inmuta, porque nadie lo increpa y nada lo obstaculiza, ni en su tránsito vial. Circula un video en el que se observa que al más puro estilo de Arturo el negro Durazo Moreno –aquel temido todo poderoso jefe de la policía capitalina– le cierran calles y preparan cortes de circulación para que –como jeque petrolero– circule sin molestia alguna en su Mercedes Benz negro por las calles de la ciudad, acompañado siempre de un vistoso dispositivo de seguridad. Decía el manco de Celaya que según el tamaño del arma es el tamaño del miedo.
Y, si todo sigue como hasta ahora, en que a pesar de los ataques y el desgaste mediático, don Ricardo –gracias a su propio apuntalamiento y a los arreglos nocturnos con el gober– continúa como la carta fuerte para la alcaldía y para la gubernatura; nos esperan otros nueve años de numeritos similares. Ni el obispo Montes de Oca, ni el profesor Jonguitud, ni el rajá Marcelo, así se las gastaban; pero a nuestro alcalde le gusta demostrar que digiere el aguacate con todo y hueso.
Se ha servido el guacamole; la farsa inicia.
* * *
Va una muy sentida felicitación a esa mujer y científica excepcional que es la doctora Beatriz Velásquez Castillo, por la más que merecida Medalla al mérito universitario Ildefonso Díaz de León, que el pasado jueves ocho de marzo le otorgó la UASLP. ¡En hora buena maestra!
***
Dicen los que saben, y los que no, repiten: que hoy es sábado social; disfrútenlo pero no se excedan.

