Hágase la luz…
Mientras el estado y su capital sufrían violentos y sanguinarios embates de la delincuencia organizada, el gobernador pretendía, embelesado, encender fallidamente la enorme y sintética representación de un pino navideño, mientras el alcalde se esmeraba como anfitrión de un encuentro deportivo de policías y bomberos de diversas partes del país. Circo que siempre funciona como catártica vía de escape.
Por desgracia, aunque se diga que juntos hacen buena mancuerna –y no me refiero a los personajes– el circo siempre nos cuesta el pan; de momento resultará difícil saber cuál fue el costo del referido árbol navideño colocado en la plaza Los Fundadores, pero seguro es que no será bajo el monto. Mejor hubiera sido una tamaliza masiva, ya con el atole de champurrina el covid se siente menos.
Chirimías y atabales precedieron el anuncio de “el árbol navideño más grande de Latinoamérica” que generó muchas expectativas, tantas que sobrecalentaron el cableado eléctrico que iluminaría la horrenda sucesión de estructuras verdes y doradas que dan forma al prisma cónico que, nos dijeron, hay que entender como un árbol.
Acertado resultó que el Ayuntamiento no se ocupara de su mantenimiento ya que seguramente lo hubiera talado de manera brutal, así como acostumbran con los verdaderos su infame dirección de Ecología; aunque a similitud de algún puente construido por Leopoldo Stevens, colapsó en su estructura pocas horas después del fracasado encendido.
Burlas y rechiflas esa noche y un justificado pavor de los espectadores ante la posible caída de la punta el día después. Doble y humillante ridículo, aunque más ridículas fueron las declaraciones de la secretaria de agriCultura, quien en un magistral alarde discursivo acotó que la inclinación de la estructura arbórea, ocurrió porque “los fierros no tienen palabra de honor.”
Menos mal que el comentario, que por su compleja comicidad hubiera sido la envida de cualquier comediante, no fue formulado durante el sexenio de Fernando Toranzo quien por un detalle menor como fue el desprendimiento de unas letras durante la develación de una la placa de plástico alusiva al Camino Real de Tierra Adentro, rabioso destituyó a su secretario de Cultura quien, prudente en todo momento, no hizo comentario alguno.
Es cierto, al menos las dos administraciones pasadas no destacaron en absoluto en materia cultural, por tanto no son referente alguno, pero difícil resulta comprender que, a diferencia de pasadas administraciones, ésta no ponga en práctica antes de cualquier evento la tricotomía ensayo-error-acierto. Hasta en cualquier hogar en el que se enciende el arbolito se hacen varias pruebas previas al encendido definitivo, pero aquí la cosa fue, es y será, el dar pronta salida a las ocurrencias –pasadas, presentes y futuras– convertidas en promesas.
No es complicado imaginar la magnitud de la ira del gobernador, y no debemos sorprendernos si nos enteramos que no durmió esa noche ni almorzó a la mañana siguiente, pero hay razones para suponer que esto será pasajero y quizá reciba la Navidad con mayor felicidad que Ebenezer Scrooge redimido.
Me explico: sólidos elementos existen para suponer que en los próximos días, quizá a más tardar el 15, derivado de las observaciones de la Auditoría Superior del Estado (ASE) a la Cuenta Pública 2020, serán presentadas denuncias penales contra al menos cuatro extitulares de secretarías, en vista de estar más que acreditados el daño y quebranto al erario.
Quizá ocurrirá el milagro reivindicador y no precisamente guadalupano; Gallardo tiene ya en sus manos, luego de las designaciones de Edith Muñoz y José Luis Ruiz Contreras, el manejo de la ASE y la Fiscalía, dependencias que son las encargadas (si hay voluntad, porque elementos los tienen) de promover y sancionar las faltas administrativas de los exfuncionarios. Aquí, a diferencia del árbol navideño, el control es pleno.
Gracias por la lectura. Aunque la recomendación eclesiástica es no ir de rodillas a nuestra basílica de Guadalupe, quizá convendría que algunos exfuncionarios y una exdiputada lo hicieran, nunca está por demás la intercesión celestial.



