Igualdad Diferente
Desde aquí, desde una silla, desde el corazón, la tribuna, el escritorio, la milpa, el mostrador, la cama de hospital, el confesionario, la pista, la carretera y el volante, todos compartimos este territorio. Nacimos, blancos, prietos, colorados, albinos o amarillosos –tengo una amiga que es verde-, nadie escogió la cuna, y desde ahí cada uno hizo lo que pudo, lo que eligió, lo que le permitieron o lo que se permitió hasta labrarse una vida. Cada uno a su manera, cada uno con su esfuerzo y sus limitantes: cuna de oro o de palo arrancamos todos en la vida sin escoger ni intervenir hasta muy entrados los años, unos por supuesto desde antes de tener uso de razón. Somos resultado de padres que se esforzaron, otros que no tanto, otros que encontraron atajos, y muchos que no encontraron oportunidades. De cada una de esas cunas de privilegios y carencias se desarrollaron seres humanos con mayor o menor tesón, pero la cuna no fue el determinante que muchos pretextaron para no lograr sus metas y sus sueños. Así lo veo.
Sin embargo, hoy nos han metido en la cabeza una división de víctimas y victimarios, blancos y prietos, chairos y fifis ¿cómo que a quién en su sano juicio se le ocurre la confrontación como vehículo que permita la unidad para sacar adelante al país y a sus ciudadanos. Hoy desde mi visión, el poder del Estado Mexicano está en manos de un personaje que se considera elegido para una misión humanitaria, que le confiere el poder de señalar, juzgar, eliminar, destruir y poner el riesgo el Estado de Derecho que las democracias en todas las latitudes habitadas de este planeta. Un personaje que después de salir de un remolino en el que creyó poder perder la vida mientras chapoteaba en un playón de su estado natal, considero que su salvación obedecía a estar destinado para "salvar" a los mexicanos de "una tiranía" de la que él más tarde ayudó a fortalecer y crecer, hasta que los dividendos fueron más atractivos en otros partidos, con otros aliados y a través de la manipulación y utilización de los que menos tienen y de los que más votos obtienen aprovechando su poca formación y su analfabetismo.
Este señor busca un bien común pero no para emparejar a mejor sino al contrario. Nos quiere a todos en una pobreza igualitaria que limite las rebeliones ante sus arrebatos y su visión de país con reminiscencias de los años 60 o 70 cuando el PRI se consolidaba como la dictadura perfecta y de la cual formaba parte en sus juventudes.
Hoy no hay quien lo ponga en su lugar, quien lo haga entrar en consciencia, quien le muestre sus declaraciones de otras épocas, pero también aquellas antes y en los primeros años de su sexenio desastroso.
De haber continuidad de proyecto –de 5to patio- nuestras aspiraciones, sí ésas que el señor tacha de erróneas y negativas, verán muy lejos su realización. Tendremos un país que para comer deba sacar cupones porque la riqueza está yendo a parar a las manos de los nuevos oligarcas disfrazados de socialistas –humanistas, que con el mayor cinismo acusan a los de enfrente de sus propias tropelías, abusos, fraudes y desfalcos.
No nací en cuna de palo ni tampoco de oro, pero si quiero que las minorías marginadas accedan a mejores niveles de vida, de educación y de todos los servicios que el Estado tienen la obligación de otorgar. Quiero que deje de haber confrontaciones maquiavélicamente creadas por las diferencias de código postal, color de piel, o alma mater. Los mexicanos somos seres humanos que requerimos de casa, vestido y sustento como plataforma de desarrollo. El Estado tiene la obligación -como en Dinamarca-, de proveer de todo ello con los recursos de las contribuciones que obtiene del "pueblo malo". Si acaba con este sector me pregunto de dónde surgirán las fuentes de empleo, las inversiones y todo lo demás que mueve la economía ¿será que las fuerzas armadas se convertirán en los nuevos patrones, el nepotismo familiar los nuevos corporativos?
Sí vamos hacia la transformación, pero no como el 53% de los mexicanos que votaron por él imaginaron. La bonanza solo vendrá para los primeros círculos de esta nueva -pero gastada- clase política que tiene como motor principal. El resentimiento, la revancha y la venganza. Y de esas motivaciones nada positivo es posible imaginar.
Sí señor, seremos todos igual de pobres, igual de jodidos: la diferencia estará tan solo en aquello quienes conforman el nuevo orden que se está forjando. Eso, si todos lo permitimos.




