Inconsciencia potosina
De nueva cuenta las lluvias evidencian la incapacidad o desinterés de las autoridades estatales y municipales para dar mantenimiento a los espacios tradicionalmente inundables ubicados dentro de la mancha urbana de la capital y los espacios conurbados. No es algo que se vea por primera ocasión ni exclusivo de estas administraciones, también hay que decirlo; cualquiera que lea esto recordará que, al menos desde que tiene memoria, las inundaciones producidas por la lluvia son constantes en diversos puntos.
Las autoridades dirán que esto es generado por la falta de conciencia en la ciudadanía que arroja basura en esos lugares, que al acumularse tapa las bocas de tormenta, alcantarillas, cárcamos, resumideros y cualquier espacio que sirva de desfogue al agua acumulada en esos espacios; normalmente pasos a desnivel que al margen de su mal diseño tienen como áreas de desagüe espacios de lo más reducidos o ilógicos por tener pendiente inversa o carecer de zonas de bombeo y donde ésta llega a existir resulta completamente inservible.
Es decir, hablando bien y pronto, todo esto ocurre porque los potosinos son unos marranos, pero nunca, por cierto, hemos escuchado o leído que la autoridad asuma la parte de culpa que le corresponde. Al atropellado le ocurre por imprudente y por no utilizar el puente o las áreas exclusivamente peatonales (no se menciona lo poco funcional o accesibles que son la mayoría de las veces y de la ausencia de semáforos ni hablar); el agua escasea en el mismo sentido por la responsabilidad total del usuario que la desperdicia (difícilmente se escuchará o leerá que el líquido no llega a los hogares por fugas cada cien metros en la añosa e inservible red o porque el sistema de bombeo de los pozos no funciona).
Pero con todo y los argumentos oficiales la realidad es muy distinta y aquello es consecuencia de que la dirección de aseo público no se ocupa en ningún momento del año de recolectar esa basura, ni la dirección de policía vigila que no se vandalicen o haya robos en las áreas de bombeo, ni la dirección de imagen urbana se ocupa de dar mantenimiento integral y preventivo cuando no llueve a esos espacios (algo similar a los árboles, la poda –léase joda– estos mismos imbéciles la realizan en el momento que no se debe hacer, justo cuando las aves empollan y el sol nos agobia). Lo mejor es esperar a desaguar cuando ya ocurrió la inundación; si es que llueve y si no, pues no.
A propósito, tal y como en la arena gubernamental que se realiza por capricho del gobernador pese las carencias múltiples del estado, el primer alcalde reelecto y más votado en la historia de San Luis prefiere que se decore con murales tenebristas la bajada peatonal en el paso a desnivel de Manuel José Othón a que se dé mantenimiento las bombas extractoras que posibilitan el desagüe. Prioridades de gobierno.
De la misma manera que la problemática urbana en tiempos de lluvias funciona también el discurso hídrico que se maneja y administra según la conveniencia e intereses políticos de los gobernantes. Un día el agua escasea y la infraestructura purificadora y distribuidora ya está en los últimos días de su vida útil (igual que el puente de Universidad al que sólo le quedaba un año de vida), en tanto que al otro abunda; siempre, gracias la visión de alcalde o gobernador, quienes previsoramente y con una visión propia del gran estadista repararon, remplazaron, construyeron, negociaron, pusieron en marcha el ambicioso proyecto que garantizará que de aquí a cien años (o al próximo proceso electoral) la ciudad no sufra desabasto.
Y como ya está garantizado el abastecimiento de agua gracias a las lluvias y a las presas nuevas (¿?) ya es pertinente volver a tratar de desaparecer el Interapas, así ya no habrá psicosis de abastecimiento. Según el servil diputado del oficialismo José Luis Fernández (fiel a su vocación de cadenero y guardabanquetas) es pertinente la desaparición del organismo con o sin el visto bueno de los ayuntamientos municipales que lo integran; y muy posiblemente sea cierto, en tanto algún grupo de ciudadanos no promuevan algún incidente contra la determinación, porque el alcalde de la capital no tiene los tamaños para promover una controversia.
El asunto aunque se suponga en corto va para largo, más con el profundo conocimiento de leyes que tienen nuestros diputados y mientras son tunas o higos chumbos, la ciudadanía y su agua seguiremos como rehenes de esa runfla de ineptos centaveros.
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