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Indulgencia gallardista

Por Óscar G. Chávez

Octubre 26, 2024 03:00 a.m.

A

No se necesita ser perito en ingeniería, arquitectura, electricidad o urbanismo para llegar a la conclusión que ninguna de las obras públicas emprendidas en lo que va de la administración de Ricardo Gallardo cumplen con los estándares mínimos de calidad. Las carencias que presentan cualquiera de ellas son notorias a simple vista. 

Cualquier repaso de obras y los listados de  sus defectos salen sobrando, enunciar cualquiera  en que se piense conlleva defectos, todos de alcances mayores que lo mismo pueden ir desde la pintura y el cableado eléctrico e iluminación, hasta las mínimas medidas de seguridad a los usuarios o las fallas estructurales. Eso sin pensar en lo innecesario y absurdo de algunas de ellas como lo fueron las costosas e insulsas estructuras de acceso a los parques Tangamanga  o los tendederos de quinto patio considerados como soportes de puente. 

Parece más bien que de lo que se trata es de favorecer obra que posibilite agradecidos moches y desviación de recursos; aparentar que algo se hizo, inaugurar lo inconcluso con la obligada cauda de aplaudidores para los obligatorios audiovisuales que se difundirán en cortos o en homenajes al ego (con sus respectivas luces, confeti y aplausos) y, después encomendarlas a la mano de Dios, ésa que nunca alcanza a socorrer a las víctimas de la irresponsabilidad y apatía gubernamentales. De  sanciones ni pensarlas, al día de hoy ninguna observación se ha realizado sobre alguna; la indulgencia gallardista las ampara. 

Un ejemplo, más por lo cercano que por lo controversial de la propia obra, es de nueva cuenta el del centro de espectáculos charros (en la amplitud de adjetivo), donde en esta semana un hombre, al parecer trabajador de seguridad, perdió la vida y dejando de lado el hermetismo oficial o el amarillismo de algunos medios, se concluye que el deceso fue consecuencia de las malas condiciones de la obra recientemente entregada, inaugurada y estrenada. Un capricho más de los muchos que suman en la lista del gobernador. 

Con la muerte llegó el silencio oficial, poco se difundió la noticia y la fiscal Manuela Cázares, ahora en su papel de maquillista oficial, evitó tocar el tema; de la secretaria de Obras Públicas ni qué decir, su desinterés y reserva son similares al tamaño de su abyección. Nada tampoco se dijo en palacio de gobierno (como que en esta ocasión no se pudo culpar al de enfrente) y es explicable, todavía está fresca la humillación generada por el apabullante ridículo que el gobernador protagonizó en el torneo charro, en el que de nada le sirvió ser la imagen oficial del cartel. Duro golpe para su ego.

Es casi seguro que su inusual ausencia de reflectores, mismos que busca dirigir a los boletos regalados para el concierto de Luis Miguel, sea el haberse hecho pública la verdadera finalidad de su viaje al mundo islámico, donde ni promocionó mezcal ni logró traer inversiones (acaso hubiera sido un buena propuesta un maquiladora de turbantes), sino se dedicó a recorrer criaderos de caballos y de los que adquirió al menos uno (acaso el mismo que por diferencias del idioma, no alcanzó a comprender las ordenes de su jinete). 

El video que circula, en el que se vé al gobernador apapachando al caballo que lo deslumbra (y cómo no, si está acostumbrado a tratar con puro onagro) es irrefutable, tanto como el manifiesto desinterés de su esposa en el asunto de los equinos, diametralmente opuesto a su inmersión en el mundo que para ella representa su teléfono celular. Y seguro así legisla.

El único que da la cara, y lástima que no tenga otra, es el sobrado y cada vez más relegado secretario general de Gobierno, a quien es obvio que la materia gris no le fue generosa, al descalificar a la presidenta estatal de Morena. Más allá de lo dicho burlonamente, parece que no se da cuenta que al ser hermana querida de quien es, se está poniendo a las patadas con Sansón y el día menos pensado tanto a él como a su jefe, les darán una buenas en el rabo, y de las que duelen. Entonces no habrá indulgencia.