Íñigo, construir desde la disrupción
Del otro lado del Atlántico, se ha venido gestando un fenómeno al que yo llamaría un experimento exitoso, surgido de una escición del movimiento político con un amplio respaldo social denominado “Podemos”, expresión que irrumpió en el bipartidismo español y que encabezaran hace algunos años Pablo Iglesias e Iñigo Errejón, éste último quien luego de diferencias irreconciliables con Iglesias decidió, -junto con otros notables-, abandonar “Podemos” y conformar una alternativa distinta que al paso de los meses ha resultado exitosa y que en España se conoce hoy como “Más País”.
Esa opción fue construida desde una agenda local que ha logrado obtener la simpatia de un electorado sin militancia al que me atrevo a calificar como intermedio, me refiero a ese electorado, que no le entusiasmaron nunca los incendiarios discursos del radicalismo de izquierda, ni mucho menos le apetece la oferta retrógrada de la derecha española, de modo que, “Más País” ha logrado en poco tiempo colocar una agenda sí progresista pero también posible de gobierno, apostándole más a una política de cercanía “face to face” con la gente de las metrópolis, de las urbes, de las capitales, recuperando la antigua fórmula empleada en las polis griegas, donde el político era un integrante más de la Ciudad y no un personaje distante e inalcanzable.
Esta política, totalmente contraria a la de las masas, ha dado buen resultado, un ejemplo de ello lo encontramos en Madrid, pues en esa gran Metropolí un amplio sector de la población, no se sentía representada por los partidos políticos tradicionales, pero tampoco por los partidos emergentes; ese electorado, el español, guarda enormes similitudes con el votante de las zonas urbanas en latinoamerica, -incluidas las mexicanas-, que es un electorado muy crítico y que dificilmente es seducido por dádivas o canciones tarareadas, por lo que generalmente se abstenía de participar, tal como suele ocurrir en nuestro país.
Sin embargo, el planteamiento expuesto por Iñigo Errejón desde “Más País”, ha sido el de la política útil, esa que es parte de la solución y no del problema, por lo que hizo que más de uno volteara a ver su agenda que no sólo es progresista sino que es posible, pues justo plantea un cambio a la inversa de la política tradicional, pues pretende -y lo ha logrado de a poco-, insertar el gusto en participar al habitante urbano, esa persona residente de las megalópolis, que permanecía apático simplemente porque ninguno le convencía.
De modo que, esta idea construida desde espacios universitarios, académicos y otros tantos de reflexión neo tertulianos, como los cafés literarios que funcionan ahora como auténticas redes sociales in touch y son, muy probablemente el futuro del presente de la política en zonas urbanas. Íñigo quien, -por supuesto también tiene sus adversarios-, representa para muchos el joven intelectual, que un día decidió dejar de teorizar desde las aulas en la enseñanza de la ciencia política, para salir -literal- a cambiar el mundo, quienes le seguimos desde México nos parece que en efecto, desde las mesas de café las cosas no cambian mucho, y en países como el nuestro menos.
Así, la experiencia española de la aventura emprendida por Íñigo es una invitación a pensar distinto, desde luego no a conformar más partidos bajo el modelo tradicional agotado, sino a replantear si nos atrevemos a deconstruir de fondo y de una vez por todas nuestro ya desgastado sistema político, para comenzar a generar de a poco otras y nuevas formas de expresión política, esas que le siguen faltando a México, más amigables, más cercanas, coincidentes en agendas humanistas comunes -v.g. Agenda 2030, que coloquen a la persona en el centro de las políticas públicas. Seguramente el camino será largo, pero ya lo dijo con atino la joven activista sueca Greta Thunberg, ante la emergencia climática que padecemos: “El cambio vendrá de las calles, de nosotros”.
Y me parece -salvo su mejor opinión estimado lector-, que nada de lo que ocurre a nuestro alrededor (drogas, crimen organizado, feminicidios, pobreza extrema, calentamiento global), nada de eso nos debería ser indiferente, de hacerlo, corremos el riesgo de perder para siempre el futuro y ese, no nos pertenece, el futuro es de nuestros hijos y de las generaciones venideras, de modo que, estamos obligados a intentarlo.
Excelente lunes.
Los sigo leyendo en este correo:
jorgeandres7826@hotmail.com.
no te pierdas estas noticias




