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Juventudes el sistema de partidos

Por Marco Iván Vargas Cuéllar / PULSO

Diciembre 02, 2021 03:00 a.m.

El sistema de partidos políticos en México ha cambiado. Han cambiado los institutos, ha cambiado su forma, la manera en que dialogan con la sociedad. La nueva distribución de la fuerza política de los partidos es un claro indicador de estas transformaciones. Quienes ya tenemos algunos años -o décadas- en esto, podemos dar cuenta de ello. Y quienes vienen llegando, concretamente las juventudes, tienen una forma muy distinta de entender al sistema de partidos y de actuar en consecuencia. Gran parte de la transformación de la dinámica de los partidos políticos en México -y en el mundo- tiene que ver con la manera en que esta ciudadanía joven entiende, se involucra, participa y vota. Esto está ocurriendo, ya mismo.

Uno de los resultados claros y plausibles en la consolidación de la democracia electoral tiene que ver con la integridad de las elecciones y la posibilidad real de cualquier partido político puede ganar. Décadas de luchas sociales y reformas políticas tuvieron como resultado la conformación de un juego donde hay reglas claras y existen condiciones para la competencia. Lo que nos ha permitido observar fenómenos como la alternancia y la volatilidad electoral.

Sobre alternancia, usted ya conoce este dato. Uno de los ejemplos más evidentes de la alternancia como una condición de salud del sistema electoral se refiere a los resultados de los comicios para la Presidencia de la República. Desde 1994 se han organizado 5 elecciones, en 4 de ellas se observó un cambio en el partido político ganador. En el caso de las gubernaturas, al inicio de este año solo 6 entidades federativas han sido gobernadas por un solo partido. La alternancia es resultado de una compleja combinación de condiciones políticas y sociales. Cada caso se explica de manera separada. Lo que estamos diciendo aquí es que el terreno de competencia ya garantiza la posibilidad de alternancia. Y no siempre fue así.

Otra cosa distinta es la volatilidad electoral. En términos generales hace referencia a un indicador de comportamiento electoral dentro de una determinada demarcación y permite estimar la cantidad de votantes que modifican su opción de voto de una elección a otra. Cuando hay lealtad o voto duro, la volatilidad es baja y la alternancia es poco probable.

Hace un par de semanas se publicó un estudio interesantísimo titulado “Young trendsetters: How young voters fuel electoral volatility” en el que se analiza la relación que existe entre el voto de personas menores de 24 años con respecto a tres fenómenos: 1) la victoria de los partidos ganadores, 2) sus preferencias ante nuevos partidos -por sobre los partidos tradicionales- y 3) la influencia que pueden tener sobre personas electoras de mayor edad. De manera general el estudio confirma estas tres relaciones: los partidos políticos ganadores reciben apoyos desproporcionados entre las juventudes que votan; los partidos políticos de reciente creación suelen ser más atractivos ante las personas electoras de menor edad y; estas personas jóvenes sí tienen capacidad de incidir en el voto de personas con mayor edad, sobre todo sus familiares.

Más allá de la evidencia matemática que soporta estas afirmaciones, me interesa poner a su consideración algunas interpretaciones sobre estos fenómenos, no con la intención de incentivar el desarrollo de estrategias de mercadotecnia política, sino con el propósito de urgir una reflexión sobre la transformación política desde las juventudes.

El peso electoral de las personas jóvenes es enorme. Las estadísticas del Padrón Electoral publicadas por el INE permiten estimar que casi una tercera parte de la población inscrita en el Padrón tiene menos de 30 años. Esto explica en gran medida por qué hay notorios cambios en los patrones de consumo de información política; es forma, pero también es fondo. Es indudable que las motivaciones y razonamientos que se encuentran detrás del voto de una persona menor a 24 años serán distintas con respecto a alguien de 50 años. Lo que el estudio que mencioné líneas atrás demuestra, es que las victorias políticas y la aparición de nuevos actores en el sistema de partidos se explican en gran medida por la participación electoral de las juventudes.

En todo este escenario me preocupan varias cosas. Existe el riesgo de que los partidos políticos -y las personas que les asesoran- se interesen más en el peso electoral de las juventudes por sobre el potencial de transformación política que pueden lograr. Esta lógica transforma y reduce a las personas para convertirlas en votos para que después ocurra nada. Me preocupa la frivolidad y la aparente esterilidad con la que algunos gobiernos intentan establecer interacciones con las juventudes. Me preocupa la captura y la cooptación de sus liderazgos. Y me preocupa más la notoria desatención que los gobiernos tienen con respecto a las expresiones y necesidades expresadas por las juventudes en espacios formales ya institucionalizados. Me encantaría ver qué van a hacer los gobiernos con las respuestas que se obtuvieron, por ejemplo, de la Consulta Infantil y Juvenil que se realizó el pasado mes de noviembre.

No vaya a ser que se piense que esa consulta -que también cuesta dinero- no tenga utilidad pública. Si nos ponemos serios, estamos hablando de las expresiones de quienes sí han logrado transformar al sistema de partidos en México. De ese tamaño es el compromiso, para quien se interese en hacer bien las cosas. 

Twitter. @marcoivanvargas