La caída de Xóchitl
El tiempo de exposición mediática que lleva como virtual abanderada a la Presidencia de la República, por la coalición “Va por México”, no le ha redituado a Xóchitl Gálvez en mejorar su posición en las preferencias ciudadanas medidas por diversas casas encuestadoras. Tan contundente ha sido su rezago, con respecto a las preferencias de la Coordinadora de los Comités de Defensa de la Cuarta Transformación, que no le ha quedado más remedio que reconocer que, en efecto, tiene por lo menos 30 puntos de distancia que, al ritmo que lleva, se ve más que complicado pueda remontar. Su argumento de que aún no inicia propiamente la batalla, es decir, las campañas, no parece una sólida defensa para convencer a sus patrocinadores de que lo mejor, supuestamente, estaría por venir, al grado de que, todavía hace poco, se especulaba con la versión de que podría ser sustituida.
Pero, ya entrados en gastos, se ve difícil que pueda ser sustituida porque, “haiga sido como haiga sido” -citando a un clásico-, pudo concitar la venia de intereses económicos poderosos que, en última y primera instancia, más que los partidos que la promueven, son los que definen el rumbo de ese proyecto de regresión histórica. El problema de Xóchitl es que tiene que nadar con esos “guajes” formales (partidos que buscan, cada cual, su mejor sobrevivencia política) e informales (poderes fácticos que únicamente pretenden volver por sus fueros y privilegios). Metidos en esa dinámica, los variopintos intereses que promueven a Xóchitl han impedido que, hasta el momento, se pueda advertir un proyecto de nación que sea atractivo para la población que, según su visión, estaría desencantada de la Cuarta Transformación.
Hay batallas que se pierden aún antes de iniciar y eso parece, por lo menos, proyectar la virtual abanderada de la coalición opositora “Va por México”. Le hizo un guiño a Marcelo Ebrard, con la peregrina idea de que pudiera sumarse a ese proyecto de la oposición conservadora, pero -como lo planteamos antes en este espacio- era previsible que el ex-canciller no renunciaría a MORENA; en todo caso, Xóchitl exhibió la urgente necesidad de contar con personalidades políticas que pudieran sumarle de verdad… y no restarle, como sucede con personajes tan descalificados y repudiados como Alejandro “Malito” Moreno y Vicente Fox. Por otra parte, su defensa del plagio en su trabajo de tesis profesional ha sido errática, pero más errática ha sido su crítica a la política transformadora del gobierno federal.
Para complicar aún más las cosas a Xóchitl, todo parece indicar que el candidato presidencial de Movimiento Ciudadano será Samuel García, el ya gobernador con licencia de Nuevo León; desde hace rato se tiene claro que la apuesta de Dante Delgado, dirigente de ese partido, será socavar la clientela clase-mediera alta del Partido Acción Nacional, con la intención de desplazarlo como segunda fuerza electoral. Por lo pronto, por lo menos una buena parte de la poderosa iniciativa privada del Noreste de México, tradicionalmente proclive al PAN, podría verse jalonada al rejuego de MC, sin descartar hasta sectores sensatos que vean en la propia propuesta de continuidad de la Cuarta Transformación la de una estabilidad para sus inversiones, habida cuenta de que con el gobierno actual se ha entendido que el desarrollo nacional no es solamente reflejo de los vaivenes en los vínculos con el exterior, sino en la capacidad de generar condiciones endógenas de bienestar para toda la población, cuestión que se ha impulsado sin los sobresaltos (económicos) del pasado. En fin, la caída de Xóchitl parece pronunciada y, en política, diría otro clásico, lo que parece, frecuentemente, es.



