“La enseñanza que deja huella no es la que se hace de cabeza a cabeza, sino de corazón a corazón”. Howard G. Hendricks
A mi primo
Israel Alva Moreno
Hoy es un buen momento para darnos cuenta sobre lo que es realmente importante y esencial: la educación de calidad e integral transmitida por vocación y con pasión.
Ahora estamos inmersos en una época de varias crisis: de liderazgo, valores, sanitaria, económica… y educativa. Quizás muchos de nosotros podemos percatarnos de aquellos bienes materiales que adquirimos compulsivamente sin ser necesarias. Únicamente lo hicimos en su momento para llevar vacíos, olvidándonos de lo básico: cultivar la mente y el espíritu.
Abandonamos a nuestros hijos en su educación y formación integral. Respecto a la formación intelectual y académica, desafortunadamente la delegamos totalmente a un sistema educativo anacrónico y desfasado a la época en la que vivimos de grandes avances tecnológicos y uso masivo de las Tecnologías de la Información y el Conocimiento (TIC´s). Estos días de encierro por la pandemia sanitaria, este sistema muestra muchas de sus deficiencias y carencias que, al menos en el discurso, creíamos superadas.
Los retos que vive el sector de la educación pública y privada en nuestro país frente a la emergencia sanitaria que estamos enfrentando, son enormes.
A su vez, la situación actual de las instituciones educativas y los desafíos para cumplir con las clases y materias de los estudiantes son también mayúsculos e inéditos, de tal manera que ahora el reto primario en este ámbito es considerar la posibilidad de culminar el actual ciclo escolar, y el necesario replanteamiento de las estrategias a seguir ante el futuro incierto que supone reactivar la actividad académica. Aquí es donde el rol de la familia será fundamental.
Es importante que la familia se asuma como el núcleo principal de formación, y será aún más importante estar al pendiente de los acuerdos que se tomen en el seno de las diversas instituciones y autoridades educativas para regresar a la actividad académica bajo una nueva realidad que aún desconocemos como se presentará.
La academia difícilmente podrá impartirse, al menos de manera presencial tal y como se venía haciendo con normalidad hasta antes de la pandemia. Hoy estamos en una época inédita para replantear la manera en que educamos a quienes en un futuro tomarán las riendas de nuestra sociedad. Habrá que considerar la incorporación de más actores y elementos en la formación y educación de nuestros hijos.
Es momento de pensar de manera audaz y decidida, romper paradigmas y darnos cuenta que la educación y formación de quienes nos sucedan, se considere al menos como una de sus premisas, abordarla desde una concepción más universal, humanista e integral, como pieza fundamental para definir el porvenir de nuestras sociedades.
Finalmente, ahora es un buen momento para retomar la soberanía sobre nuestros hijos, y asumamos (como debió haber sido siempre) la gran responsabilidad que consiste el educar y transferir conocimiento.
Seamos responsables de nuestra existencia para luego educar a quienes nos sucedan, y hagamos que asuman su existencia con responsabilidad.
Este es el gran reto al que nos enfrentamos, ya que, en este momento, que se sepa, no existe ningún planteamiento (y mucho menos alguna política pública), donde al menos en el ámbito nacional, esté sobre la mesa algún tipo de debate sobre este tema capital y trascendental.
jmanuelrmoreno@yahoo.es

