Lecciones no aprendidas
La pandemia, generada por el Covid-19, fue un fenómeno de salud y social altamente complejo que pudo generar aprendizajes que contribuyeran a generar una conciencia colectiva sobre los problemas públicos; puso en evidencia lo que estábamos haciendo mal como sociedad, pero sus lecciones no las hemos asimilado, al contario se han reafirmado las prácticas y formas de pensar que han dominado en los últimos años en la ciencia, las actividades económicas, la salud y la gestión de los asuntos públicos.
En primer lugar, está el origen del virus; al inicio de la pandemia se planteó que surgió en la especie animal, con lo cual existía la posibilidad de poner en evidencia los límites que tiene la actividad humana y su impacto en la naturaleza; sin embargo, políticos y algunos medios de comunicación rechazaron este planteamiento, evadiendo con ello, la responsabilidad que tienen las actividades industriales en la destrucción y apropiación de los recursos naturales, las cuales, sin lugar a dudas, generaron las condiciones para que surjan virus como el Covid-19.
En segundo lugar, la sociedad fue testigo de que los sistemas de salud están en ruinas; la tendencia en los últimos años fue su privatización, en donde la atención médica depende de quienes tienen los recursos para pagar los servicios médicos, es decir, la salud como una mercancía y no como un derecho; sin embargo, en plena pandemia aun quienes contaban con seguro de gastos médicos mayores no fueron atendidos; a pesar de ello, los problemas de salud pública no están en la agenda pública y menos en la agenda gubernamental.
En tercer lugar, el “quédate en casa”, solo fue para reducidos sectores sociales que contaban con los recursos económicos para satisfacer sus necesidades; mientras millones de personas siguieron trabajando porque viven al día; obreros, campesinos, médicos, personal de salud, de transporte, electricidad y agua fueron quienes nos mantuvieron vivos, pero son el sector social menos valorado, discriminado y excluido. La pandemia no transformó nuestra forma de pensar en términos de inclusión social.
En cuarto lugar, la concentración de la riqueza se incrementó de manera considerable. La industria farmacéutica y de ventas en línea aumentaron sus ganancias, como nunca en la época contemporánea; en cambio, los pequeños negocios entraron en crisis y en su mayoría desaparecieron, dejaron sin empleo a millones de personas; pero ni los políticos, ni los medios de comunicación han puesto en la agenda pública la crisis por la que atraviesan estos actores de la economía, su prioridad ha sido las fallas del gobierno.
En tiempos de incertidumbre y crisis, como la generada por la pandemia, lo esperado para salvar vidas, era que las farmacéuticas aplicaran pruebas gratis y liberaran sus patentes de vacunas, pero no fue así, al contario, las clases medias y altas encontraron en los medios de comunicación y redes sociales un medio de expresión para demandar la liberación de las vacunas y poderlas comprar, es decir, se fortaleció la idea que la salud es una mercancía y no un bien público que llega a todos los sectores sin excluir a nadie.
Por su parte, la ciencia advirtió que los diabéticos y los obesos tenían más riesgos de contraer una enfermedad grave, con altas posibilidades de morir, pero el debate público adjudico el número de muertos a la Secretaría de Salud; quienes han asumido esta postura son los mismos que se han opuesto al etiquetado a las bebidas azucaradas y comida chatarra, con el único argumento de la libre empresa y protección del empleo, dejando de lado la salud de la población, no les importa que las personas en el largo plazo mueran por el consumo de estos productos.
Durante la pandemia, la sociedad escucho expresiones enloquecidas: el “virus no existe”, “el virus es un invento del gobierno”, “no me vacuno por me van a poner un microchip”, “las vacunas rusas y chinas no sirven”, “el alto nivel de mortalidad es culpa del gobierno”, fue un debate que no genero conciencia social sobre los problemas públicos, sino un enfrentamiento de actores políticos que encontraron como canal de comunicación a los medios de comunicación y las redes sociales.
En síntesis, no aprendimos que la destrucción de la naturaleza por actividades industriales ha producido enfermedades como la pandemia; la salud pública es un derecho y no una mercancía para quienes pueden pagarla; las y los trabajadores son el sector social más importante para la vida de las personas y la ciencia no es una opinión sino una afirmación probada y replicada empíricamente, que genera información para tomar decisiones de manera racional. Próxima colaboración: 20 de abril de 2022.
@jszslp
no te pierdas estas noticias




