Los abusos policiales siguen cobrando vidas
El pasado 3 de agosto José Eduardo Ravelo, joven de 23 años, murió por destrucción orgánica múltiple y politraumatismo derivado de la detención ilegal, violación y tortura de 4 policías municipales de Mérida, Yucatán. Un hecho terrible que lamentablemente no puede considerarse un caso aislado.
En México sobran evidencias de policías, procuradurías, fiscalías y fuerzas armadas que han participado en privaciones ilegales de la libertad, robo de bienes, corrupción, sembrado de evidencia, maltrato, abuso sexual, lesiones dolosas, tortura, desapariciones forzadas y homicidios.
Todo ello en la absoluta impunidad, sin que alguien asuma alguna responsabilidad, sin atender a las víctimas directas e indirectas, sin sanción a los responsables ni reparación del daño, y peor aún, sin que se inicie una transformación institucional que evite la ocurrencia de casos similares en el futuro.
Las víctimas más frecuentes del abuso de los cuerpos de seguridad son los jóvenes, las mujeres, los migrantes, la población indígena, así como los integrantes de los niveles socioeconómicos más desfavorecidos del país.
A lo largo del país la mayor parte de autoridades de seguridad y justicia hacen lo mejor que pueden con lo poco que tienen; trabajan sin la profesionalización, los insumos, la supervisión, la evaluación necesaria para mejorar su desempeño; tampoco cuentan con el trato digno, los horarios de trabajos justos y salarios proporcionales a un empleo de alta peligrosidad para sí mismos y sus seres queridos.
Lo más lamentable es que el problema lejos de reducirse, cada día está peor y es evidente que seguirá empeorando debido a que se deja sin recursos la profesionalización de policías, procuradurías y fiscalías (0 pesos en 2021 para las policías municipales, 30% menos respecto a 2020 para policías estatales y procuradurías; 86% menos para la FGR)
Es urgente se retome un proyecto serio de construcción de las instituciones de seguridad y justicia; se establezcan sistemas de contrapeso, observación y monitoreo de estas; se construyan procesos que incentiven el buen desempeño individual e institucional y se invierta lo que se necesario para que todo ello pueda cristalizarse, si buscamos algún día pacificar al país.
Twitter: @frarivasCoL
(Director general del Observatorio Nacional Ciudadano)




