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Los fuegos del vino

Por Alfredo Oria

Enero 31, 2025 03:00 a.m.

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La relación entre el fuego y los viñedos es cada vez más relevante debido al cambio climático y la creciente frecuencia de incendios forestales. California, por ejemplo, es una de las principales regiones productoras de vino en el mundo, pero sus vergeles se enfrentan a desafíos significativos debido a las llamas y al humo generado por los incendios.

Los incendios forestales han aumentado también en intensidad, lo que pone en riesgo tanto la infraestructura como las cosechas. Aunque las llamas pueden destruir viñedos enteros, uno de los efectos más dañinos es la exposición al humo. Cuando el humo de un incendio se mezcla con las uvas en maduración, puede dejar compuestos volátiles que afectan negativamente su perfil de sabor, conocido como “smoke taint”. Este sabor a quemado o ceniza puede arruinar toda una añada.

Como dijimos, los incendios afectan la infraestructura de los viñedos, como bodegas, sistemas de riego y maquinaria, lo que incrementa los costos de reconstrucción. En algunos casos, los productores deben hacer frente a mayores primas de seguros debido al riesgo, lo que puede generar una carga económica adicional. Los incendios también pueden alterar los ciclos naturales de los viñedos, afectando el proceso de maduración de las uvas, lo que, a su vez, repercute en la calidad del vino y, claro, reducir el vergel a cenizas.

Frente a estos desafíos, muchos viticultores han adoptado estrategias para adaptarse y proteger sus cultivos. Algunos están implementando prácticas agrícolas más resilientes, como la plantación de variedades de uva más resistentes al calor o el uso de cortafuegos alrededor de los viñedos. La cosecha temprana también se ha convertido en una técnica de emergencia para evitar la exposición prolongada al humo. Estas medidas ayudan a reducir el riesgo, pero no eliminan por completo los efectos del fuego.

En la vinificación, los productores también han innovado para contrarrestar el impacto del humo. Técnicas como la fermentación en tanques de acero inoxidable, que permiten un mayor control de la oxidación, y el uso de tecnologías para eliminar los compuestos del humo de las uvas, han sido adoptadas en algunas bodegas. Aunque estas estrategias no garantizan una cosecha perfecta, han permitido a los viticultores mitigar los efectos negativos de esta contaminación.

Los incendios, aunque devastadores, también tienen un vínculo histórico con el paisaje de ciertas zonas vitivinícolas. En algunos ecosistemas, el fuego es un elemento natural que ayuda a renovar los suelos y promover la biodiversidad. Sin embargo, los incendios actuales, exacerbados por la aceleración en el cambio climático, están alterando este equilibrio natural y creando un nuevo desafío para los viñadores.

En conclusión, por un lado, los incendios representan una amenaza creciente para la industria vinícola y, por otro, también han impulsado la innovación en prácticas agrícolas y vinícolas. 

Pero, al final, fuego no hay sólo uno que destruye: es otro el fuego que hace posible la barrica tostando sus duelas, naves marinas del tiempo, moradas de la crianza; es uno distinto el fulgor que nutre las hojas de la vid, que hace hincharse a los racimos con su promesa de azúcar; es otro el calor que chispea en los fogones, guisando, rostizando, dorando las alianzas de ese vino, hijo del sol, criatura de otros fuegos, de esos fuegos que hacen hogar y calientan el alma con sus granates, con sus bermellones y con su sabor exquisto.