Mandar Obedeciendo

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Un año de gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y trece años en los que ha recorrido todo el territorio nacional; los treinta y dos estados de la unión, los más de dos mil cuatrocientos municipios, y las comunidades y rancherías por donde ha pasado. Si, fueron doce años previos a su asunción al poder ejecutivo y un año ya, como presidente de la república. En esos trece años ha venido escuchando la voz del pueblo, esas voces diversas, que expresan necesidades diferentes. Las voces de las comunidades indígenas, de los trabajadores y los desempleados, la voz de los estudiantes y de los profesores; de los profesionistas y de los pequeños y medianos empresarios; la voz de los artistas y de los intelectuales, así como las múltiples manifestaciones de la sociedad civil. Esas voces que escuchó y sigue escuchando, le dieron el mandato, lo llevaron a ser el “primer mandatario de México”, aceptando, del mandate, –del pueblo--, ser su representante. Ahora el presidente, trata de cumplir con la sabiduría de nuestros pueblos indígenas. Mandar Obedeciendo.

El 1° de diciembre de 2018 se inició un cambio de régimen, un cambio en el modelo económico, un cambio en la forma de hacer política y un cambio en la administración pública. Los cambios siempre tienen resistencias, rompen con los sistemas establecidos y afectan intereses, intereses poderosos, de los que se beneficiaban y obtenían prebendas de los gobiernos neoliberales y de sus cómplices corruptos. Dijo el presidente AMLO en su alocución del primer aniversario en el zócalo de la CDMX, al dirigirse al Pueblo. “El antiguo régimen no acaba de morir, y el nuevo, no acaba de nacer”. Si, se necesita tiempo para la resignación y para la adaptación.

Poco a poco se ha dejado de lado el ejercicio excesivo o injustificado de la autoridad y en algunos casos, el uso irracional de las funciones de dominación sobre las de representación y participación, que caracterizaron el autoritarismo de los gobiernos neoliberales (1982/2018). Ni la alternancia en el poder de las administraciones panistas, que han sido las peores, lograron los cambios que todos esperábamos. Con estas, se acentúo la corrupción y la violencia. La democracia se perdió en la burocracia o, lo que fue peor se sometió a la mercadocracia.

 Fueron treinta y seis años casi perdidos; de nada sirvió que los presidentes asistieran a los grandes foros de Davos, a las reuniones mundiales de los Grupos de los Veinte, o De las siete. Su participación fue en calidad de – oyentes--. Fueron a que les dictaran, qué deberían de hacer con las riquezas: naturales, minerales y energéticas de México, ¿De qué sirvió toda esta faramalla?; solo nos trajeron, más pobreza, más desigualdad y mal reparto del ingreso público. Se prefirió hablar de la modernidad y el progreso e ignorar la desigualdad y el rezago educativo; promoviendo con esto, la inseguridad y la violencia. Los pocos ricos se hicieron más ricos y la gran mayoría de pobres se hicieron más pobres –miserables— Para eso sirvió la presencia de los presidentes en turno, a esos Foros, para que nuestra economía y nuestras finanzas públicas (que siempre, históricamente han sido deficitarias) fueran controladas por las grandes corporaciones internacionales. La economía de mercado se desatendió de los aspectos sociales, su único principio fue –el mayor lucro--.

Fueron años de una pésima administración pública (AP) obesa e ineficiente, que promovió entre el gran capital, las excepciones, las exenciones y las evasiones fiscales, afectando la capacidad distributiva del Estado. Ahora se inicia un cambio en la AP. ¿Cómo? Suponemos que los asesores de presidente AMLO, lo están llevando a que adopte las políticas de la Conferencia Minnowbrook (organización académica de profesantes de la AP) que han modificado las líneas del desenvolvimiento de esta disciplina, en la currícula de estudio y en la praxis; introduciendo la equidad y la justicia social, la revaluación de la ética y el civismo, la responsabilidad pública de los valores sociales, el arte y la cultura. Afirman que es necesario que la AP, desempeñe un papel protagónico en la promoción de las responsabilidades y virtudes cívicas de los funcionarios y profesionales que laboran en el gobierno. Recuperando así, los temas clásicos relativos a la democracia, la teoría política y la filosofía, luego de que fueron relegados por el neoliberalismo. Esto es lo que está haciendo el presidente AMLO.

La voz del pueblo que escucho AMLO, en sus largos y cansados recorridos por el país, no lo puede apartar del compromiso cívico y de los valores comunitarios. Así el presidente ha empezado, con gran ritmo, a atender las necesidades en las comunidades locales. Ahí es donde hay que fortalecer las capacidades económicas, proteger la identidad cultural, respetar los derechos de las etnias y en general los derechos humanos. Primero los Pobres. 

El nuevo régimen tuvo relativa participación en la iniciativa de la ley de ingresos y el presupuesto de egresos para el año 2019. Y las del 2020, es iniciativa total del ejecutivo, que ya aprobó el Poder Legislativo. En estos instrumentos legales, no se contemplan nuevos impuestos, ni incrementos en los porcentajes. El ingreso para solventar los apoyos a adultos mayores, a la niñez y juventud estudiosa, así como, a los jóvenes para que aprendan un oficio; se cubrirán con la recuperación de lo robado por los corruptos, y con la inspección estricta de la autoridad hacendaria, para evitar las excepciones, exenciones y las evasiones fiscales. No habrá ya más consideraciones al gran capital. Los empresarios honestos y patriotas, han entendido esto muy bien y están mostrando una gran colaboración con el nuevo régimen. Lo anterior lo ha planteado el presidente con el afán lograr un crecimiento económico, con un verdadero desarrollo social.

Subsisten los problemas y el más sentido por la sociedad, es la violencia e inseguridad, el presidente AMLO, ha tomado las medidas necesarias para combatir este flagelo, pero seamos razonables, en un año no puede volver la tan deseada Paz Social. Calderón y Peña, no pudieron en doce años. Hay ciertos sectores de la sociedad que no están de acuerdo con las medidas implementadas para llevar a cabo la 4ta. Transformación y lo han venido manifestando a través de las redes sociales y marchas de protesta, que llevan a cabo, con total y absoluta libertad. Estas protestas se dan en la CDMX y en algunas capitales de los estados, es decir, en las zonas urbanas. Por la concurrencia, nos damos cuenta qué, son personas “bonitas”, limpias, bien vestidas y suponemos educadas; que no quieren salir de su burbuja de confort, y nadie intenta sacarlas. Pero poco, muy poco conocen de la realidad económica y social en que viven los más de cincuenta millones de pobres. En un país que sobran los problemas, estos manifestantes lanzan agravios y acusaciones soportadas, suponemos, en su poca información, o creyendo las mentiras que constantemente emiten algunos medios y los que han visto disminuidos sus ingresos, producto de la corrupción e impunidad.

Descalificar una idea porque quien la defiende no cuenta con nuestra simpatía, es absurdo; lo esencial es la idea, no la historia personal de su defensor o detractor. Debemos desterrar de la discusión pública la embestida personal. Entendámoslo, Unámonos por el bien de México. No hay vuelta de hoja, la 4ta. Va y va bien, va empezando, pero va bien. Así lo han entendido algunos poderes de facto como el sector empresarial y las iglesias. Recientemente, el Sr.  Arzobispo de Monterrey, que preside la Conferencia del Episcopado Mexicano, expresó en un programa televisivo. Que la Iglesia ve con simpatía la política social del presidente AMLO, porque coincide con algunos principios que ella postula, como son: el combate a la corrupción, la atención a la juventud y el principal, --la opción por los pobres --. AMLO, Manda Obedeciendo el sentir del Pueblo, que en su gran mayoría lo está apoyando.

Nota: Algunas de las modestas reflexiones expresadas en el presente, tienen su soporte en la lectura de los libros: “El poder y el valor” y “A quién le importa el futuro”; de Luis Villoro y J. Ramón de la Fuente, respectivamente, quienes tratan estos temas magistralmente, atreviéndome a transcribir algunos renglones, sin hacer las citas correspondientes por problema de espacio.

jojih@hotmail.com