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Más allá de la edad de la inocencia

Por Alfonso Lastras Martínez

Octubre 30, 2022 03:00 a.m.

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Una crónica europea de la Alta Edad Media habla de la aparición en el año 774 de un “crucifijo rojo” en el cielo después del atardecer. Si bien no es claro qué fue lo que originó este fenómeno, algunos expertos aventuran que pudo tratarse de resplandores ocasionados por el ingreso de partículas de alta energía provenientes del espacio a la atmósfera terrestre. Esto último está apoyado por estudios que midieron las concentraciones de carbono-14 en árboles milenarios que indican que en los años 774-775 hubo un aumento súbito en la intensidad de las radiaciones de alta energía que ingresaron a la atmósfera terrestre. 

Con respecto a esto último, habría que recordar que nuestro planeta está continuamente bombardeado por radiaciones de alta energía provenientes del Sol y de fuentes fuera del sistema solar. Dichas radiaciones se absorben en las partes altas de la atmósfera y, entre otros productos secundarios, generan isótopos de carbono-14 que eventualmente se incorporan a la biosfera y son absorbidos por las plantas. De este modo, la concentración de dichos isótopos en los anillos de crecimiento de un árbol -que se sabe crecen anualmente y cuyo estudio es el objetivo de la dendrocronología-, nos indicará la intensidad de las radiaciones de alta energía que arribaron a nuestro planeta desde el espacio a lo largo de la vida del árbol. 

Así, mediante la medición de la concentración de carbono-14 en árboles de cedro japonés fue posible determinar que en los años 774-775 ocurrió un incremento súbito de 1.2 por ciento en los niveles de radiación de alta energía que arribaron a nuestro planeta, que es el más grande que se ha dado en los últimos 11,000 años. De manera adicional, ha habido en este periodo otros eventos similares, aunque de menor magnitud. Todos estos eventos son conocidos como eventos Miyake, por el investigador que los descubrió.

Dado que un evento como el ocurrido en 774-775 tendría un efecto catastrófico sobre los sistemas de comunicación y sistemas eléctricos en general de nuestro planeta, es de gran interés tratar de entender las causas de los incrementos súbitos en los niveles de radiación provenientes del espacio para tratar de anticiparlos. En este sentido, la hipótesis más extendida es que han sido debidos a incrementos súbitos en la actividad solar. No obstante, se ha considerado también que fueron debidos a incrementos en los niveles de rayos cósmicos generados más allá del sistema solar. Un artículo publicado en la revista Proceedings of the Royal Society busca arrojar luz al respecto. Dicho artículo fue publicado por un grupo de investigadores y lleva como primer autor a Quingyuan Zhan, de la Universidad de Queensland, en Australia.

En su investigación Quingyuan e investigadores, modelizaron el ciclo del carbono en un periodo de 10,000 años e incorporaron los datos dendrocronológicos publicados acerca de seis eventos Miyake ocurridos en los últimos 9,000 años, incluyendo el evento de los años 774-775. No encuentran una correlación entre tales eventos y los ciclos de la actividad solar que apoye la hipótesis más aceptada y dejan abierta la posibilidad de que estén relacionados con incrementos súbitos en la intensidad de los rayos cósmicos.  En circunstancia, consideran que son necesarias más investigaciones para llegar a una conclusión sólida.

Cuando los europeos de la Alta Edad Media observaron en el cielo lo que les parecía era un crucifijo rojo, estaban muy lejos de entender la naturaleza del fenómeno que estaban atestiguando. Habría que recordar que en 774 -apenas seis años después de que Carlomagno, el llamado Padre de Europa medieval, se convirtiera en rey de los francos-, Europa estaba todavía lejos de la revolución científica de los siglos XVI y XVII encabezada por Galileo Galilei e Isaac Newton. Y todavía más lejos de los siglos XIX y XX que vieron la luz de los modernos sistemas de comunicaciones que serían devastados por otro evento Miyake.

Así, si en 774 el incremento en las radiaciones cósmicas no tuvo en apariencia mayores consecuencias para el mundo -Dios habría protegido la inocencia-, hoy en día lo pondría, de manera paradójica, cabeza abajo. por nuestra absoluta dependencia con respecto a redes de Internet, satélites de comunicaciones y líneas eléctricas de transmisión de potencia. Producto de nuestra pérdida de inocencia.