Me doy

Miro a mis perros: dormitan, comen. En ocasiones parecen estar soñando, sobretodo cuando emiten sonidos entre queja y algo semejante a su ladrar. También juegan y sonríen cuando salen de paseo; más cuando van en carrera libre.

"La pandemia" ¡qué tema! Ha dado para hablar todos los días y para dejarnos dentro, convirtiéndonos lentamente que todavía no distinguimos. Un jurado declara culpable al policía que terminó con la vida de George Floyd mientras la constitución en este país está extraviada.

Estaremos más vigilados que los reos en sus lcárceles. En algún momento accederán a ese padrón y seguiremos siendo tierra de nadie.

La vida cotidiana podrá ser legalmente "pacheca" gracias a los brillantes representantes del pueblo sentados en su curul doméstico desde donde diseñan futuros ajenos; quizá y habrá que agradecerles pues gracias a la canabis, posiblemente podamos soportar mejor la oleada del nuevo orden que se impone en el sutil discurso de quienes madrugan y disertan frente a cámaras y micrófonos de utilería de circo de quinta.

Hoy más que nunca tienen congruencia las películas como Mad Max, Los juegos del Hambre o Blade Runer: guerras por el agua y su propiedad, androides y megalómanos. Esclavos modernos, carteles sofisticados y mercados de personas para toda variedad de usos. No es el mundo que se prometía en la modernidad ni cuando se terminaron los metalrelatos. En fin.

Habrá que preguntarse para qué hay que prepararse, hoy que las escuelas parecen llegar a su ocaso y cuando algunos líderes desprecian el conocimiento, la historia, la ciencia y la literatura. 

Hoy me doy. El intenso calor de hace dos días secó mi dinámica cerebral y ante los hechos cada día parece que estamos, como hombres supuestamente libres, más acorralados.

Si de verdad alguien tiene una buena idea para salir de esto como país y como especie, se le agradecerá la comparta. Yo hoy, me doy.