México y la COP28
La Conferencia de las Partes (COP28), programada para celebrarse en Dubai del 30 de noviembre al 12 de diciembre de 2023, representa un evento crucial en la historia de la lucha contra el cambio climático. Convocando a líderes y delegados de 197 países, esta conferencia ofrece una oportunidad inigualable para revisar, reforzar y redefinir los compromisos globales en la batalla contra el calentamiento global. Los pilares fundamentales de la agenda de COP28 abarcan: acelerar la transición energética hacia fuentes renovables, resolver los desafíos financieros relacionados con el clima, mejorar la calidad de vida y proteger la naturaleza, y fomentar la inclusión y justicia social en las políticas climáticas.
En un momento crítico, con niveles de gases de efecto invernadero alcanzando cifras récord, y los actuales compromisos nacionales insuficientes para las reducciones de emisiones necesarias para 2030, COP28 se presenta como un momento decisivo. Esta cumbre será el escenario del primer “Global Stocktake”, un análisis exhaustivo del progreso global hacia los objetivos del Acuerdo de París, y un punto crucial para ajustar la implementación de los compromisos asumidos bajo la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (UNFCCC) y el Protocolo de Kioto.
La participación de México en la COP28 es de suma importancia. El país se halla en una encrucijada, balanceando la promesa de impulsar sus capacidades en energías renovables y el desafío de sus políticas energéticas actuales. México ha anunciado metas ambiciosas, como duplicar su capacidad de energía renovable para 2030 y lograr un 50% en ventas de vehículos eléctricos. Sin embargo, estas metas contrastan con una realidad política compleja, dominada por una preferencia hacia los combustibles fósiles y una disminución en el impulso de políticas climáticas proactivas.
La actualización de la Contribución Determinada a Nivel Nacional (NDC) de México en 2022 ha sido un paso atrás, permitiendo mayores niveles de emisiones comparado con los objetivos de 2016. Este hecho no solo contradice los compromisos del Acuerdo de París, sino que también desafía la legislación climática propia de México. Es imperativo que México aproveche la COP28 para demostrar un firme compromiso con la sostenibilidad, equilibrando intereses económicos inmediatos con responsabilidades globales y ambientales. Esto requiere un enfoque más integrado que combine la reducción de la dependencia de los combustibles fósiles, la inversión en tecnologías limpias y eficientes, y el fortalecimiento de un marco legislativo ambiental robusto.
La posición de México en la COP28 es especialmente significativa. Como una nación en desarrollo con una economía emergente, México enfrenta desafíos únicos. Su estrategia en la COP28 no solo influirá en sus propias políticas climáticas, sino que también tendrá un impacto en la región latinoamericana y más allá. México tiene la oportunidad de liderar con el ejemplo, demostrando que es posible y necesario un equilibrio entre el desarrollo económico y la protección ambiental. Este liderazgo puede inspirar a otras naciones en circunstancias similares a adoptar enfoques más ambiciosos y sostenibles.
En conclusión, la COP28 representa un momento decisivo no solo para México, sino para el mundo entero. Las decisiones y compromisos que se adopten en esta cumbre serán fundamentales para determinar el curso futuro de nuestro planeta. La capacidad de las naciones para abordar con éxito los desafíos presentados y aprovechar las oportunidades que surjan en la COP28 será un testamento a su compromiso con un futuro más limpio y sostenible. Para México, este es un llamado a asumir un papel proactivo en la lucha contra el cambio climático, buscando un equilibrio entre el crecimiento económico y la sostenibilidad ambiental.
Delírium trémens.- Debemos tener en San Luis Potosí impuestos verdes, pero la iniciativa presentada por el gobernador carece de una fundamentación sólida en ciencia y en hechos concretos, revelando una vez más una política impulsiva más cercana a un capricho por la jardinería que a un compromiso genuino con la ecología.
La ausencia de una agenda verde coherente y sostenida durante más de dos años, la falta de un inventario detallado de los conflictos ambientales, y la carencia de estaciones para el monitoreo de la calidad del aire, junto con una normatividad desarticulada, son indicadores de una gestión ambiental deficiente.
En este contexto, la implementación de un nuevo impuesto ambiental parece más una estrategia para legitimar prácticas cuestionables de la Secretaría de Ecología y Gestión Ambiental (SEGAM), conocida por su tendencia a la extorsión de empresas bajo la amenaza de clausura, que un esfuerzo genuino para combatir la grave contaminación que nos asfixia.
Esta medida, lejos de ser una solución, contribuye en perpetuar una ‘herencia maldita ecológica’ que ha caracterizado a la administración actual, marcada por doce años más dos de negligencia y desprecio hacia el medio ambiente.
Es imperativo replantear la política ambiental desde sus cimientos, con un enfoque que priorice la sustentabilidad, la ciencia y el bienestar colectivo, sobre los intereses políticos y económicos a corto plazo.
@luisglozano



