Militarizar al país es ¿la 4ª transformación?

Muy meritoria y digna de aplauso, me parece, la actitud de la diputada morenista Tatiana Clouthier que levantó su voz públicamente para expresar su rechazo a la medida de crear una Guardia Nacional para integrarla al mando de la Secretaría de la Defensa, que intenta el presidente AMLO, “porque eso no fue lo que se ofreció ni por lo que votaron los mexicanos”.
En estos tiempos en que lo normal es ver y oír solo complacencia y sumisión frente al presidente por parte de los diputados y senadores morenistas, es muy agradable ver el valor civil y la integridad personal de una diputada de ese partido que le dice NO al presidente, dando razones inteligentes y poderosas: “NO FUE POR LO QUE VOTARON LOS MEXICANOS”. También reconozco la actitud del subsecretario de Derechos Humanos, Migración y Población de la Sría. de Gobernación, Alejandro Encinas, que manifestó que “es totalmente respetable la opinión de Tatiana y debemos acostumbrarnos a que cada quien diga lo que piensa en este país, independientemente de su militancia partidaria o cargo de representación popular que ocupe”, expuso. Añadió Encinas: “Creo que hay mucha gente que coincide con ella”. Y yo también lo creo.
Por nuestra parte decimos que la membresía o militancia en un partido político, cualquiera que sea, no puede ni debe cancelar la voz de la razón y de la conciencia individual de cualquier persona, sea o no parte del partido que se encuentra en el poder en un momento dado. Antes, y muy por encima de una supuesta lealtad al poderoso, está la lealtad a la propia conciencia y a la patria.
La militarización del país que está llevando a cabo AMLO, sin especificar siquiera un tiempo o un término para que los militares vuelvan a los cuarteles, atropellando la Constitución y sin realizar aquí una verdadera consulta a los mexicanos, no como las que le gustan según su personal conveniencia, puede tener consecuencias negativas y no resolver el tremendo drama de la violencia en el país.
Cuando se nos habla a los mexicanos de que el nuevo gobierno federal, el que encabeza López Obrador va a llevar al país hacia lo que él ha llamado “La Cuarta Transformación” también llamada 4T, la verdad es que a mí me parece que hay gato encerrado, hay falta de claridad, hay un posible engaño porque la palabra “transformar” solo significa mudar, cambiar, variar y todo ello puede tener una connotación positiva o negativa. Una transformación puede bien ser benéfica o dañosa, constructiva o destructiva, para bien o para mal. Por ello me niego a asumir a priori, como algo positivo, el hecho de que el nuevo gobierno diga que nos llevará a la cuarta transformación, sin que nos explique el presidente, abierta, clara y verídicamente cómo la define.
Es muy cierto que el país necesita grandes cambios en su sistema político y en sus estructuras de gobierno. Requiere un verdadero combate contra la impunidad-corrupción. Una reducción efectiva de la pobreza y de los grandes abismos entre grupos sociales. Requiere una acción real y eficaz contra la ola de violencia e inseguridad que azota a la sociedad en todos sus niveles, y también un cambio sustancial en la conciencia de la ciudadanía para que comprenda que a este país lo tenemos que cambiar entre todos y que a cada uno nos corresponde parte de la responsabilidad para lograrlo.
Que ya no podemos dejar el destino de los mexicanos en las manos de los políticos únicamente y que a nadie le puede ir bien verdaderamente, si no les va bien a todos los demás. Que tenemos que estar bien atentos y con espíritu crítico para analizar con cuidado y detenimiento, los hechos y las palabras de los que detentan el poder y exigirles rendición de cuentas y rectitud en el desempeño de sus cargos.
Y, el problema que yo veo, es que las medidas que está tomando el gobierno de López Obrador y su mayoría aplastante en el congreso, no necesariamente apuntan a una transformación positiva del país. La militarización total de las instancias de seguridad pública, además de contradecir abiertamente sus promesas de campaña, marcan ya sin duda alguna una intención de concentrar todo el poder en sus manos, además de ser una abierta infracción a la Constitución General de la República que señala claramente que la tarea de la seguridad pública le corresponde a instancias civiles como son los cuerpos de policía en cada entidad federativa y en cada municipio.
Además de que esta medida entraña una grave intromisión en las facultades y responsabilidades de todas las autoridades locales en los estados y municipios del país, la militarización de los servicios de seguridad pública no significa de ninguna manera que sea la solución de la violencia y la inseguridad, sino mas bien lo contrario, porque desde el tiempo en que Felipe Calderón avisó que sacaría al ejército a las calles, solo durante el tiempo en que estados y municipios conformaran nuevos cuerpos policiacos confiables, no se desarticularon las bandas, no se reorganizaron las policías locales, ni fue eficaz el ejército para someter a proceso penal a los peligrosos delincuentes. Mas bien, han proliferado las bandas y su gravísima penetración en los tres niveles de gobierno.
También el decir del presidente, deja muchas dudas por aclarar, cuando afirma que combatirá la corrupción-impunidad, dejando a salvo los grandes latrocinios del sexenio anterior y que no va a tocar siquiera a Peña Nieto y secuaces por hechos tan reprobables y que sin duda pueden ser delito, como los casos de la Estafa del Siglo, Odebrecht y la adquisición de la Casa Blanca de Las Lomas de Chapultepec.
Atenta contra los más elementales principios de justicia y resulta hasta irrisorio, si no fuera trágico, decir que sólo se sancionará la corrupción a partir del nuevo gobierno (borrón y cuenta nueva), dejando impunes los actos perniciosos y viciosos del gobierno anterior. Que no se engañe el presidente: Sin sanciones duras, la corrupción continuará.
Antes de terminar, estimado lector, permítame darle las gracias por su lectura de nuestra colaboración semanal a Pulso, que es libre, voluntaria y honorífica, y desearle una Navidad muy feliz en compañia de todos sus seres queridos y que estos tiempos nuevos, tiempos de cambios, nos impulsen a dar algo de nuestro tiempo y de nuestro esfuerzo para alcanzar el BIEN COMÚN en todo nuestro querido México.